Sombras del pasado

♟Capítulo catorce♟

Alejandro.

Sé que en algún momento tengo que pararme de esta cama, sin embargo, seguía acostado mirando el techo como si pudiera obtener todas las respuestas de el. Odiaba sentirme perdido, pero no es como si el sentimiento fuera desconocido.

Nunca me había sentido alguien en la vida. Sentirse perdido es lo que merezco porque no soy nadie.

Exhalo, quería luchar contra este tipo de pensamientos pero a veces no puedo evitar reconocer la razón que hay en ellos. Todo lo que soy tiene respuesta, algo me decía que es así, pero la respuesta no está ni siquiera cerca de mí.

—Hey, idiota. ¿Planeas quedarte tirado todo el día en la cama?

Ignoro su pregunta y solo giro el rostro al reloj digital a mi derecha, eran cerca de las 1 de la tarde. Hoy, gracias a Dios, no necesito ir al trabajo. Por lo que podía quedarme en cama todo lo que quisiera. E ignorar a Roderic.

—Sí —le digo.

Esperando que se vaya. Pero él era necio desde que lo conozco. Ric seguía viviendo aquí y yo seguía mintiendole a Michelle, lo cual se sentía diferente. Cuando estábamos en la calle le mentía todo el tiempo. Diciendo que sí encontraremos un hogar cuando ni siquiera sabía qué era eso. Que sí tendremos comida cuando no tenía un centavo conmigo. Que no pasaremos frío esa noche sin siquiera saber donde tendríamos que dormir ese día.

Le mentí muchas veces, pero ninguna de esas veces se sentía como esta mentira. Ni como todas las que les dije estando en la cárcel, no obstante, fue lo mejor. No podría decirle a mi pequeña hermana que me golpeaban hasta morir por órdenes del mismo hombre que busca a Ric. No podría arruinarle todo lo que tiene ahora. Y menos en este momento donde solo tenía una preocupación y esa era descubrir quién es y quiéns son nuestros padres.

La mía es impedir que mi antiguo jefe logre dar con nosotros.

—Pues lamento informarte que no será así, tenemos un problema.

Lo próximo que siento es su trasero acaparando parte de la cama, mis ojos siguen fijos en el reloj mientras lo escucho respirar cerca de mí. Y luego algo parecido al sonido que hace el celular cuando escribo. Frunzo las cejas y miro a hacie él, Roderic está prácticamente sentado a mi lado. Su espalda pegada al espaldar de la cama y tiene las piernas estiradas hacia delante. Una computadora encima de ella mientras él tecleaba con rapidez.

—¿Dónde diablo conseguiste eso?

Alzó los hombros sin darle suficiente importancia a mi pregunta.

—En una habitación que huele a acuarelas y pintura sintética -bufa, haciendo una cara de fastidio—. Ni siquiera sabía que te gustaba pintar.

—Eso es porque no me gusta —refunfuño, parándome de la cama—. ¿Puedes irte? Quiero estar solo.

No lo veo mientras me dirijo al baño pero sé que rueda los ojos, cuando vuelvo a él sigue en el mismo lugar con el mismo semblante serio. Yo al menos ya me he cepillado y lavado la cara, solo tenía que cambiar de ropa o darme una ducha.

—Para una persona que ha estado sola toda su vida, pides mucho espacio —susurra.

Toma una de las almohadas que están en el suelo y se la lanzo justo a la cara, no logra esquivar pero tampoco se queda con el golpe y me la lanza. La atrapo antes de que logre siquiera rozarme.

—Siempre has sido un fastidio —le digo, sacándole el dedo del medio.

Una risa pequeña se le escapa y no puedo evitar sonreír, hasta que recuerdo lo que me había dicho anteriormente. Me acerco a él, sentándome en el lado de la cama vacía.

» ¿Qué pasa?

Roderic deja de sonreír lo cual me inquieta, siempre ha sido sonriente pese a la clase de vida que le ha tocado, y su sonrisa era muy contagiosa. Por lo que verlo perderla al querer decirme algo no me gusta para nada porque eso solo significa una cosa. Problemas.

—¿Sabes que el timbre de puerta tiene cámaras?

Asiento lentamente, fingiendo que sí. Ric niega decepcionadamente ante mi duda, pero de igual manera sigue hablando.

» He estado chequeando solo por si las dudas —alza los hombros—. Y nos han estado espiando...

—¿Qué?

Ric me enseña la pantalla y pronto me doy cuenta de que son grabaciones. La primera por los primeros segundos no muestra nada, hasta que un hombre alto y delgado se muestra. Viste sencillo pero si quería no llamar la atención no lo está logrando. Mira hacia la puerta varias veces y luego desaparece.

En otra grabación vuelve a mirar hacia aquí, es como si estuviera buscando algo pero no se arriesga a tocar la puerta.

—¿Quién es ese? —pregunto, intentando buscarlo en mi cabeza—. Nunca lo he visto antes.

—Yo tampoco —asegura Ric, tomando la laptop entre sus manos de nuevo—. No es de su gente, de eso estoy seguro. Lo bueno que puedes investigar a alguien con facilidad hoy en día, y como su cara es clara en los vídeos, solo tomé captura de su rostro y, pues, pude investigar quién es con eso.

Vuelve a mostrarme la laptop, esta vez en una página de Google. La cara del tipo aparece en pantalla y en ella su nombre y lo que hace.

—Investigador privado —murmuro, confundido—. ¿Quién demonios contrataría un investigador privado?

Ric alza los hombros igual de perdido que yo, exhalo sintiendo mi sien latir del estrés. Si el idiota de nuestro ex jefe no fue, entonces quien diablo nos mandó a investigar. Mientras más lo pienso, más me parece ahora lógico todo el tiempo que pasé sintiéndome vigilado. Y cómo no, si estaba siendo seguido por un investigador privado.

—¿Quieres que, no sé, lo invite a tomar café y luego le saco la verdad?

Alzo una ceja, sin dejar de mirarlo.

—Uno, no bebes café. Dos, ya me imagino cómo le sacarás la verdad.

El muy idiota alza los hombros con una sonrisita estúpida en la cara.

—Nada que tú y yo no hayamos hecho antes.

Sus palabras resuenan en mi cabeza por varios segundos e incluso cuando él decide irse diciendo de investigar más, mi mente sigue resonando esa oración. A veces olvido que no solo le hice el trabajo de robar.




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