Sombras en la niebla

Capítulo 6: El Primer Encuentro.

Capítulo 6: El Primer Encuentro

La niebla seguía siendo una presencia omnipresente en Hollow Creek, abrazando el pueblo con una frialdad que calaba hasta los huesos. La sensación de que algo estaba por suceder, algo terrible e inevitable, mantenía a todos en un estado de tensión constante. Las sombras en la niebla ya no eran simples rumores o percepciones fugaces; se habían convertido en una certeza. Y ahora, con el ritual acercándose, la atmósfera era insoportablemente opresiva.

Marta, Tomás y el resto del grupo se habían comprometido a seguir adelante con el ritual que Don Eusebio les había revelado. Pero la verdad era que ninguno de ellos se sentía preparado. Las noches eran cada vez más largas, y la niebla parecía cobrar vida, moviéndose de manera casi consciente, como si estuviera acechando a sus víctimas. Las voces habían vuelto a escucharse con más frecuencia, y algunos decían haber visto figuras más definidas moverse entre las casas.

El día del ritual se acercaba, y con él, una inquietud que ninguno podía sacudirse. Sabían que lo que enfrentaban no era humano. Algo mucho más antiguo y malévolo se escondía en la niebla, y esa noche, tendrían su primer encuentro con la criatura que los había estado observando desde las sombras.

Una Niebla Más Densa

Esa tarde, el grupo se reunió en la casa de Don Eusebio para repasar los preparativos del ritual. Luis, Ana, Marta y Tomás escuchaban con atención mientras el anciano les explicaba los últimos detalles del sacrificio.

"Debe ser en el claro del bosque," dijo Don Eusebio, su voz entrecortada por la edad. "Ese es el único lugar donde las sombras pueden manifestarse completamente. Si lo hacemos aquí, en el pueblo, será inútil."

"Pero, ¿por qué allí?" preguntó Luis, inquieto. "¿No podemos hacerlo más cerca? No sabemos qué nos espera en el bosque."

El anciano sacudió la cabeza con severidad. "Es en el claro donde las sombras son más fuertes. Las leyendas dicen que ese lugar fue utilizado en los antiguos rituales que desataron esta maldición. Debemos enfrentarlas en su propio territorio, o de lo contrario, el ritual no funcionará."

Las palabras del anciano se hundieron en la mente del grupo, pero el miedo no los dejaba pensar con claridad. Marta observaba a sus compañeros en silencio, notando la creciente duda en sus rostros. Sin embargo, no había vuelta atrás. El ritual debía realizarse, o la niebla seguiría reclamando vidas.

La Caminata al Claro

Al caer la tarde, Marta, Tomás, Luis, Ana y Don Eusebio se prepararon para la caminata hacia el claro. Las linternas brillaban tenuemente en la niebla, que se había vuelto más espesa de lo habitual. Cada paso que daban resonaba con un eco fantasmal, como si el suelo mismo absorbiera el sonido, haciendo que el silencio fuera aún más aterrador.

Marta caminaba al frente del grupo, sintiendo cómo el miedo latía en su pecho. Desde que había aceptado ser la voluntaria para el ritual, había tratado de mantenerse fuerte, pero la incertidumbre la desgastaba. ¿Qué encontrarían en el claro? ¿Qué eran realmente las sombras? No había respuestas claras, solo los susurros de las voces que seguían resonando en la niebla, tan cerca como si estuvieran al lado de ellos.

Mientras avanzaban, el bosque se cerraba a su alrededor. Los árboles eran altos y retorcidos, sus ramas se curvaban como si trataran de alcanzarlos. La niebla era tan densa que apenas podían ver a unos metros de distancia, y de vez en cuando, alguno del grupo giraba la cabeza, creyendo haber visto algo moverse entre los árboles.

"Estamos cerca," dijo Don Eusebio en un murmullo. "El claro está justo delante."

Marta miró hacia el frente, pero todo lo que vio fue una extensión gris y vacía. No podía distinguir el claro, pero confiaba en el anciano. Con un nudo en el estómago, siguió caminando.

El Primer Encuentro

Cuando el grupo llegó al borde del claro, la sensación de opresión se volvió casi insoportable. El aire era más frío, y la niebla se movía de una manera que parecía antinatural, girando en remolinos lentos y oscuros. Todos se detuvieron, incapaces de dar un paso más.

"Este es el lugar," dijo Don Eusebio, con una mezcla de solemnidad y temor en su voz. "Aquí es donde haremos el ritual."

Marta dio un paso adelante, pero algo la hizo detenerse en seco. Una sombra se movió en la niebla, deslizándose silenciosamente entre los árboles. No era como las otras sombras que habían visto antes; esta era más grande, más definida. La figura parecía observarlos, esperando, acechando.

"¿Lo ven?" susurró Ana, con la voz temblorosa. "¿Qué es eso?"

Todos miraron en la dirección que señalaba Ana. La figura en la niebla se movía con lentitud, como si estuviera evaluando al grupo, midiendo sus reacciones. De repente, otra sombra apareció a su lado, y luego otra. Eran muchas, rodeándolos, sin acercarse lo suficiente para ser vistas con claridad, pero lo suficientemente cerca para que todos sintieran su presencia.

Luis dio un paso hacia atrás, aterrorizado. "No podemos quedarnos aquí. ¡Tenemos que irnos!"

"Calma," dijo Don Eusebio, aunque su voz temblaba ligeramente. "No nos harán daño... todavía."

Pero antes de que pudiera terminar de hablar, una de las figuras se adelantó. Era más alta que un hombre, pero no tenía una forma clara. Su cuerpo parecía fundirse con la niebla, como si fuera parte de ella, y sin embargo, sus ojos brillaban con un resplandor débil y maligno.

Marta sintió el frío recorrerle la espalda. Sabía, sin necesidad de que nadie lo dijera, que esa cosa era una de las criaturas que la niebla escondía. Y ahora estaba frente a ellos.

"¿Qué... qué es eso?" preguntó Tomás, con la voz apenas audible.



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En el texto hay: novelajuvenil, sobrenatural

Editado: 17.02.2026

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