Sombras en la niebla

Capítulo 11: Fragmentos del Pasado

Parte 2: La Investigación

Capítulo 11: Fragmentos del Pasado

La atmósfera en Hollow Creek parecía haber cambiado tras la destrucción de la primera ofrenda maldita. La niebla, aunque persistente, parecía menos opresiva, y las sombras, aunque aún presentes, no eran tan activas como antes. Pero el grupo sabía que el peligro no había terminado. Las sombras solo habían retrocedido temporalmente. El verdadero desafío radicaba en encontrar y destruir todas las ofrendas antes de que el pueblo fuera completamente devorado por la oscuridad.

Marta, Luis, Tomás, Ana y Don Eusebio se reunieron en la pequeña sala de la granja, rodeados de los antiguos libros y mapas que habían encontrado en la biblioteca. Aún estaban procesando lo que habían experimentado en el cementerio, pero sabían que era solo el primer paso en un largo camino lleno de incertidumbre.

"Necesitamos más pistas," dijo Marta, repasando las notas que habían tomado sobre el diario de Samuel Holloway. "Si queremos encontrar todas las ofrendas, tenemos que aprender más sobre las leyendas y los rituales que las trajeron aquí."

Don Eusebio asintió, mirando pensativamente los textos antiguos. "Samuel dejó muchas cosas sin explicar. Si bien mencionó algunos de los rituales, parece que él mismo no tenía toda la información. Necesitamos investigar más a fondo sobre las leyendas del pueblo y su relación con las sombras."

"El problema es que mucho de eso se ha perdido con el tiempo," comentó Luis, cruzando los brazos mientras observaba el montón de documentos en la mesa. "¿Cómo vamos a encontrar más información si ni siquiera los ancianos del pueblo conocen estas leyendas?"

"Hay fragmentos del pasado que aún persisten," dijo Don Eusebio, levantando la vista. "Algunos de esos fragmentos se han mantenido ocultos en las tradiciones orales, en los cuentos que los abuelos solían contar a los niños. Historias que quizás ahora se tomen como meros mitos, pero que en realidad podrían contener la clave para desentrañar este misterio."

"¿Y dónde encontramos esos fragmentos?" preguntó Ana, escéptica.

"Con los pocos ancianos que quedan en el pueblo," respondió Marta, decidida. "Personas que hayan vivido lo suficiente como para haber escuchado esas historias cuando aún se contaban."

La Visita al Viejo Miguel

El grupo decidió comenzar su búsqueda con uno de los habitantes más antiguos de Hollow Creek: el viejo Miguel. Vivía en una pequeña casa al borde del pueblo, en las colinas cercanas al bosque, y rara vez interactuaba con los demás aldeanos. Se decía que tenía más de noventa años y que era uno de los últimos que recordaba los tiempos en que las leyendas sobre las sombras aún se mencionaban en las reuniones familiares.

Caminaron hacia su casa al atardecer, con la niebla comenzando a levantarse una vez más. La casa de Miguel era una vieja construcción de madera, inclinada por los años, con el techo cubierto de musgo y las ventanas oscuras. Al acercarse, podían ver que la puerta estaba entreabierta.

"¿Crees que querrá hablar con nosotros?" preguntó Tomás, mirando la casa con desconfianza.

"No tenemos otra opción," respondió Marta, decidida. "Necesitamos respuestas, y Miguel podría ser el único que aún las tiene."

Llamaron a la puerta con suavidad, y tras unos segundos, una voz ronca y áspera les respondió desde adentro.

"¿Quién anda ahí?"

"Somos Marta y Don Eusebio," dijo Marta, levantando la voz para que pudiera oírla mejor. "Venimos en busca de información sobre las viejas leyendas del pueblo."

La puerta se abrió lentamente, revelando a un hombre encorvado por la edad, con el rostro lleno de arrugas y una barba blanca y desaliñada. Los ojos de Miguel, aunque cansados, brillaban con una astucia que denotaba que aún estaba alerta.

"¿Leyendas, dices?" preguntó, mirándolos con desconfianza. "¿Por qué os interesa eso ahora, después de tantos años?"

"Porque las sombras han regresado, y necesitamos saber cómo detenerlas," explicó Marta. "Sabemos que hay rituales y ofrendas malditas involucradas, pero necesitamos más información. Usted es uno de los pocos que aún podría conocer esas historias."

Miguel los miró en silencio durante un largo momento, evaluando la sinceridad en sus rostros. Finalmente, dio un paso atrás y les hizo un gesto para que entraran.

Los Cuentos de la Oscuridad

La casa de Miguel era oscura y estaba desordenada, con montones de papeles viejos, libros polvorientos y objetos extraños esparcidos por todas partes. Una vieja chimenea crepitaba suavemente, proporcionando un calor tenue. El grupo se sentó alrededor de la mesa de la cocina mientras Miguel se movía lentamente hasta sentarse en una silla de madera, frente a ellos.

"Las sombras..." murmuró el anciano mientras miraba hacia el fuego. "Nunca pensé que volvería a escuchar ese nombre."

"¿Sabe algo sobre ellas?" preguntó Don Eusebio, inclinándose hacia adelante con interés.

Miguel asintió lentamente. "Lo que sé no es mucho, pero sí recuerdo los cuentos que mi abuelo solía contarme cuando era niño. Hablaba de los tiempos en que la niebla no era solo un fenómeno natural, sino un presagio de muerte y oscuridad. Decía que las sombras eran algo más que simples criaturas; eran entidades que venían de un lugar más allá de nuestro entendimiento. Fueron traídas aquí por la codicia de los hombres, que querían controlar el poder de la muerte."

"¿Controlar la muerte?" preguntó Ana, confundida.

"Eso decían," continuó Miguel, su voz rasposa y lenta. "Los antiguos habitantes del pueblo descubrieron una forma de comunicarse con lo que había más allá del velo de la muerte. Usaron objetos cargados de energía negativa, objetos que habían sido testigos de tragedias o que pertenecían a personas que murieron en circunstancias violentas. Esos objetos se convirtieron en las ofrendas."



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En el texto hay: novelajuvenil, sobrenatural

Editado: 17.02.2026

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