Sombras en la niebla

Capítulo 18: Pesadillas en la Bruma

Capítulo 18: Pesadillas en la Bruma

La noche cayó sobre Hollow Creek con una rapidez inusual. Parecía que la niebla se había vuelto más espesa tras la ruptura del símbolo en la caverna subterránea, como si las sombras estuvieran esperando ese momento. El aire estaba frío y denso, impregnado de una tensión que ninguno de los protagonistas podía ignorar. Después de lo ocurrido en la caverna, todos sabían que el sacrificio había liberado algo más grande y más peligroso.

Luis, Marta, Ana, Tomás y Don Eusebio regresaron a la casa de la familia de Luis, el único refugio que les quedaba en el pueblo. Aunque la caverna había sellado los secretos del pasado, sabían que las sombras no se habían ido. Si bien ya no estaban atadas al lugar de su creación, ahora se movían con más libertad, acechando en la niebla, y lo peor de todo: en sus sueños.

Esa noche, ninguno de ellos pudo dormir con tranquilidad. Cada vez que cerraban los ojos, las sombras aparecían, infiltrándose en sus mentes y en sus pesadillas.

La Primera Noche de Pesadillas

Luis fue el primero en sucumbir al agotamiento. Se tumbó en su cama, esperando encontrar algo de descanso después de la agotadora jornada en el bosque. Sin embargo, tan pronto como se dejó llevar por el sueño, se encontró en un paisaje familiar, pero distorsionado. Estaba en el mismo bosque que acababan de abandonar, pero la niebla era más espesa, casi impenetrable. Caminaba solo, sus pasos resonando en el vacío.

A medida que avanzaba, notó las sombras. No eran las sombras de árboles o animales. Estas eran figuras humanas, pero deformes, con largos brazos que parecían flotar en el aire y rostros que no tenían ojos, solo profundos huecos oscuros. Sentía cómo lo seguían, susurrando su nombre con voces huecas que lo hacían estremecer.

"¡Luis!" gritaban, en un susurro etéreo que parecía provenir de todas direcciones.

Intentó correr, pero sus piernas no respondían. Estaba atrapado en ese sueño, en esa pesadilla donde las sombras lo rodeaban lentamente, cerrando el círculo a su alrededor.

De repente, una figura más alta que el resto se adelantó. Su rostro era indistinguible, pero Luis podía sentir su presencia maligna. "El pacto no ha terminado," dijo la figura en un tono gélido. "Solo has liberado nuestra ira."

Luis despertó de golpe, su corazón latiendo con fuerza. El sudor le empapaba la frente y su respiración era entrecortada. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en su habitación, pero el terror del sueño aún lo envolvía. Se levantó de la cama y, al abrir la puerta de su habitación, encontró a Ana en el pasillo, temblando.

"¿Tú también lo sentiste?" preguntó ella, su voz débil.

Luis asintió. "Las sombras... están en nuestros sueños."

Las Visiones de Ana

Ana había tenido una pesadilla aún más aterradora. En su sueño, estaba atrapada en el antiguo pueblo de Hollow Creek, pero no en el presente. Estaba en una versión antigua del lugar, rodeada de los aldeanos que había visto en las visiones del pasado. Todos caminaban como si no la vieran, pero susurros llenaban el aire.

Pudo ver a las personas realizando el ritual del sacrificio, pero esta vez, no eran sombras quienes se ofrecían. Eran ellos, los cinco. En el centro de la plaza, en lugar del altar de piedra, había una versión más moderna y escalofriante: ella misma, con los brazos extendidos, estaba siendo preparada para el sacrificio. Sentía el filo de un cuchillo frío presionando su piel, pero no podía moverse.

"Nos liberaste, pero ahora debes pagar el precio," dijo una figura encapuchada que estaba a punto de completar el sacrificio. Justo antes de que el cuchillo la tocara, despertó, con un grito ahogado y su cuerpo temblando.

En ese momento, cuando Ana vio a Luis en el pasillo, entendió que no era solo ella quien estaba siendo afectada. "Esto es peor de lo que pensábamos," dijo Ana, su voz quebrada. "No solo están en la niebla. Nos están atrapando desde dentro."

Las Pesadillas de Tomás y Marta

No pasó mucho tiempo antes de que Tomás y Marta también salieran de sus habitaciones, ambos pálidos y aterrorizados. Habían tenido sus propias versiones de la misma pesadilla, cada uno enfrentando las sombras de maneras diferentes.

Tomás, por su parte, soñó con el sacrificio que habían encontrado en la caverna. En su sueño, él estaba en el lugar de la víctima, atado a la losa de piedra negra mientras las sombras se arremolinaban a su alrededor. Sentía cada corte del ritual como si fuera real, el dolor lo invadía, y una sensación de desesperación lo consumía. Despertó sintiendo el frío de la piedra bajo su espalda y con las palabras del sacrificio aún resonando en sus oídos.

Marta, en cambio, se vio corriendo por el bosque, pero la niebla no la dejaba avanzar. Cada vez que intentaba huir, las sombras la arrastraban de vuelta, susurrando su nombre y haciéndole ver imágenes del pasado de su familia, de cómo el pacto había afectado a su linaje. Despertó llorando, temerosa de lo que podría significar esa conexión para ella.

La Advertencia de Don Eusebio

Don Eusebio, que siempre había mantenido la calma, fue el último en salir de su habitación. Su rostro estaba tenso, y sus ojos, normalmente tranquilos, reflejaban la gravedad de la situación.

"Esto no es una coincidencia," dijo con voz áspera. "Las sombras están intentando desmoralizarnos. Nos están mostrando lo peor de nuestros miedos porque saben que estamos cerca de algo."

Luis lo miró, aún afectado por su propia pesadilla. "¿Pero qué están buscando? ¿Por qué nos torturan así?"

Don Eusebio se acercó a la ventana, mirando la densa niebla que cubría el exterior. "Nos liberaron para que su ira se manifestara plenamente. No pueden salir del todo hasta que completen el ciclo. El pacto aún tiene una conexión con nosotros. Y por eso nos atacan en nuestros sueños. Quieren debilitarnos. Quieren que temamos."



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En el texto hay: novelajuvenil, sobrenatural

Editado: 17.02.2026

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