Dmitri
Nunca entendí por qué todos hablaban del Día de asignación como si fuera el final de algo.
Para mí siempre fue el comienzo.
Desde que llegué a Sombras a los ocho años, escuché hablar de este día, y ahora tenía diecinueve años.
No importaba quién fueras, cuánto destacaras o cuánto intentaras aparentar que no te importaba. Cuando llegaba el día, Sombras te asignaba una facción Y desde entonces empezabas a convertirte en agente.
Eso era todo.
O eso pensaba.
Abrí los ojos antes de que sonara la alarma. Me quedé unos segundos mirando el techo, no estaba nervioso. Solo… despierto. Demasiado despierto.
Afuera ya debía haber movimiento. Siempre lo había ese día. Los pasillos llenos, gente adivinando resultados, apuestas absurdas sobre quién terminaría dónde.
Había escuchado las mismas conversaciones todos los años.
—Ese va directo a Espectros. —Ella tiene perfil de Oráculo.
—No hay forma de que termine en Custodios. Era casi una tradición.
Me levanté y salí.
Y efectivamente… el lugar ya estaba despierto. Grupos pequeños hablando risas. Algunos repasando teorías como si todavía pudieran cambiar algo.
Otros diciendo que no les importaba mientras claramente sí les importaba. Me crucé con varias caras conocidas, habíamos entrenado juntos durante años. Hoy algunos dejarían de verse todos los días. Pensarlo era raro, porque hasta ayer éramos solo aspirantes.
Después de hoy…
ya no.
Durante el trayecto al edificio central donde se realizan los anuncios importantes o como ahora las ceremonias de transición, me encontré con varios compañeros y amigos con los que practicabamos a diario. Comenzamos a hablar de como creíamos que nos iría y sí ya teníamos planes para celebrar al final de nuestras pruebas.
—Yo invito las primeras rondas sí quedo como un espectro— Caleb mi mejor amigo, cada vez que podía buscaba una excusa para salir y ligarse con cualquier chica que pillara. Yo me reí y seguimos conversando de cómo ibamos a pasar las pruebas.
Llegamos al edificio centra y ya estaban los líderes de cada facción sentados frente a sus escritorios, las pantallas grandes apostadas a izquierda y derecha, dos por ambos lados. Ya casi la mitad de los que íbamos a dar la prueba este año estaban formados en hileras. Nosotros igual comenzamos a formarnos hasta que entró la última persona.
Una instructora caminó frente a nosotros con una tabla en mano. Y detras de ella cuatro personas pasaron por cada uno de nosotros, colocando un numero en nuestras camisetas y una pulsera en la muñeca derecha.
La instructora nos llevó hasta el patio del edificio central, por un instante me pregunté cómo podía caminar con esos zapatos tan altos. Pero su voz me sacó de mis pensamientos.
—Esta es su primera prueba— miró un segundo a toda la multitud y volvió a posar su vista en esa tabla. — Deben llegar hasta hasta la puerta con el número escrito en su camiseta.
—Se les va a dar un límite de tres horas para llegar a su destino, se les estará monitoreando sus signos por medio de los dispositivos en su muñeca— muchos miramos nuestras muñecas observando la pequeña pulsera que nos colocaron anteriormente.
—Sí hay riesgo de muerte para cualquiera lo sacaremos de ahí, pero tendrán que esperar al próximo año para volver a realizar la prueba.— sentí el sudor frío bajar por mí columna vertebral por primera vez.
—Sin más preámbulos.... — volvió a mirarnos. —Pueden comenzar.... Y recuerden. "Confundir fuerza con poder es olvidar para qué existimos"
Todos gritamos al unisono "Confundir fuerza con poder es olvidar para que existimos"
22 de mayo de 2009 — comienzan las primeras pruebas.