Sombras. Juramento inquebrantable

Capitulo 1 — Dia de la asignación (parte2)

La multitud tardó unos segundos en reaccionar. Nadie se movió, como si todos esperaran que alguien explicara algo más, pero la instructora ya se había dado vuelta.
Entonces alguien empezó a correr, Y después otro. Y de pronto el patio completo explotó en movimiento.
Todos comenzaron a mirar sus camisetas, intercambiar números, señalar direcciones y salir en distintas direcciones al mismo tiempo.

Recién ahí levanté la vista, pude observar qué más allá del edificio central se extendían las instalaciones de las Sombras. Kilómetros de estructuras conectadas entre sí.
Torres, corredores elevados, edificios bajos, zonas abiertas, edificios modernos mezclados con otros tan antiguos que parecían haber sobrevivido solo por costumbre.
Cada uno tenía una letra enorme marcada en la fachada.
A. C. E. F. H. J. M…
Miré mi camiseta.
J59.
Escuché pasos acercarse antes de oir su voz.
—Dime que te tocó algo cerca porque si tengo que cruzar medio continente contigo me voy a empezar a cobrar el viaje.
Giré la cabeza.
Caleb levantó la camiseta con orgullo dramático.
E14.
Lo miré un segundo.
—Estamos en extremos distintos.
Su sonrisa desapareció exactamente dos segundos.
—Qué falta de respeto organizar pruebas sin pensar en nuestra amistad.
Lo ignoré.
Él siguió caminando a mi lado.
—Aunque pensándolo bien… mejor. Así si fracaso puedo fingir que jamás me viste.
—No creo que fracases.
Me miró levantando una ceja.
—¿Eso fue un cumplido?
—No te emociones. Solo pienso que hablas demasiado para no darte cuenta de cómo funcionan las cosas.—Sonrió.
—Sabía que admirabas mi intelecto.
—No dije eso.
Nos empujamos el hombro una vez. Como siempre y seguimos avanzando hasta donde el camino comenzaba a dividirse.
Ahí nos detuvimos. Caleb empezó a alejarse caminando hacia atrás.
—Nos vemos al final. Y si quedo en Espectros exijo que me hables con respeto.
—Primero llega a tu puerta.
Se giró y levantó una mano sin mirar.
—Fácil. E14. Catorce puertas. Dos minutos.
Lo vi perderse entre la gente.

Catorce puertas...
Volví a mirar mi camiseta. J59. Cincuenta y nueve puertas.
Levanté la vista hacia el edificio J. No parecía tan grande.

Seguí caminando. Los primeros minutos fueron normales, demasiado normales, la multitud se distribuía entre edificios, voces, pasos acelerados y gente comparando números como si descubrir un patrón pudiera ahorrarles tiempo, vi personas corriendo. Otras avanzando rápido pero sin gastar energía, algunos ya parecían arrepentidos. Nada extraño.

Hasta que cruzamos el primer arco, no tenía puertas. No tenía cámaras visibles.
Solo una estructura negra atravesando el camino.
Nadie le prestó atención, y seguimos adelante. Unos minutos después empecé a notar algo raro. Mi respiración seguía bien, pero mis piernas no. Como si hubiera estado caminando mucho más tiempo del real.

Moví los hombros. Nada. Di unos pasos más, y la sensación seguía ahí. A mi alrededor empezaron a bajar el ritmo.
Escuché una voz atrás.
—¿Ya vamos subiendo?
Otra respondió entre risas cortas.
—No… esto está plano.
Alguien más dijo:
—¿Entonces por qué estoy cansado?
Miré alrededor, no era solo yo. Nadie parecía agotado, pero todos parecían más cansados de lo que deberían. De pronto una pantalla se encendió sobre el corredor, sin sonido, solo texto.

CONDICIONES ACTIVAS.
MONITOREO FISIOLÓGICO HABILITADO.
PARTICIPANTES EN RIESGO SERÁN RETIRADOS.

Debajo apareció otra línea.
El esfuerzo percibido no equivale al esfuerzo real.
Fruncí el ceño. Eso no respondió absolutamente nada, seguimos avanzando, algunos dejaron de correr, otros aceleraron como si quisieran ganarle al cansancio. Que error. De la nada uno pasó corriendo a mi lado y dos minutos después estaba apoyado contra una pared respirando demasiado rápido. Un grupo médico apareció casi de inmediato.

No hablaron mucho, Lo escanearon y uno de ellos dijo:
—Retiro preventivo. — El chico abrió los ojos.
—¿Qué? No. Solo necesito descansar.
Nadie respondió.
Intentó ponerse de pie, pero no lo dejaron.
—Todavía puedo seguir.
Una mujer del equipo médico lo miró tranquila.
—No este año.

Se quedó congelado. No parecía asustado, parecía… humillado. —Pero ni siquiera llegué a una prueba. —Ella sostuvo la pantalla un segundo. —Ese era el punto.
Lo acompañaron hacia una salida lateral. No lloró, no discutió, solo caminó mirando al suelo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.