Las voces comenzaron a cruzarse de un extremo a otro de la estructura.
—¡Tengo A3!
—¡¿Quién necesita E2?!
—¡Acá!
—¡Me falta el frontal de D6!
—¡No escuché! ¡Repítelo!
En cuestión de segundos todo se convirtió en un desorden. Todos intentaban ayudar al mismo tiempo, pero las respuestas se mezclaban entre los gritos. Algunos pedían coordenadas, otros respondían con números, y varios repetían una y otra vez lo mismo intentando hacerse escuchar.
—¡Silencio!
La voz atravesó el caos. No fue un grito desesperado, fue firme. Poco a poco algunas personas dejaron de hablar.
—¡Si todos hablan al mismo tiempo nadie va a entender nada!— El murmullo disminuyó.
—¡Háganlo por turnos! ¡Primero digan la coordenada y después qué vidrio necesitan!
Hubo unos segundos de silencio. Después, las voces comenzaron a ordenarse.
—¡C2! ¡Vidrio derecho!
—¡Cinco!
—¡E4! ¡Frontal!
—¡Uno!
—¡A6! ¡Trasero!
—¡Tres!
Ahora sí.
Las respuestas comenzaron a llegar con rapidez. Cada número encontraba a su dueño y, por primera vez desde que despertamos, la prueba parecía avanzar.
Entonces una voz se alzó entre las demás.—¡Ya lo tengo!—Todos levantamos la vista.
Un pitido agudo resonó por toda la estructura. El techo de una de las cápsulas se dividió lentamente en dos, deslizándose hacia los lados. Sobre nosotros apareció un pasillo elevado que recorría toda la estructura, a ambos lados había barandillas metálicas que protegían el camino.
El chico de la cápsula B5 apoyó ambas manos en el borde de ésta misma y salió de un impulso.
—¡¿Qué hay arriba?!
—¡Busca una salida!
—¡¿Puedes abrir las demás?!
Las preguntas comenzaron a llover desde todas direcciones mientras él comenzaba a avanzar por el pasillo. Bajé la vista casi por reflejo..... B5. La coordenada seguía en mi tablero.
Fruncí el ceño. Yo todavía necesitaba esa cápsula y si yo aún la necesitaba... Era imposible que fuera el único.
Giré de inmediato hacia Kyle.
—¡Kyle!
Apartó la vista del techo y me miró.
Señalé el tablero. —B5 sigue aquí.
Su mirada descendió hasta la coordenada. Permaneció en silencio apenas un instante, después volvió a levantar la vista.. ya lo había entendido. —Cuando tu cápsula se abra, ve directo a B5. Pregunta quién la tiene en su tablero, que te digan qué vidrio les falta y dales esos números. Diles a todos que, aunque sus cápsulas se abran, no salgan hasta haber entregado toda la información que los demás necesiten.
Kyle sostuvo mi mirada un segundo. Después asintió con firmeza.—Entendido.
Giró hacia los demás y levantó la voz. —¡Escuchen! ¡Aunque sus cápsulas se abran, no salgan de inmediato!, ¡Primero entreguen todos los números que les pidan! ¡Si alguien se va antes de tiempo puede dejar a otros atrapados!
—¡Entendido!
—¡De acuerdo!
—¡Primero los números!— Las voces volvieron a recorrer la estructura. Esta vez no eran gritos desesperados, eran instrucciones.
—¡F3! ¡Vidrio izquierdo!
—¡Siete!
—¡A2! ¡Frontal! —¡Uno!
....
Los números comenzaron a viajar de un extremo al otro de la estructura, uno tras otro. De pronto, otro pitido.
Una segunda cápsula se abrió, después una tercera y otra más. Quienes vieron abrirse sus cápsulas no salieron de inmediato. Continuaron respondiendo hasta asegurarse de haber entregado todos los números que los demás necesitaban. Solo entonces subieron al pasillo.
Kyle y yo continuamos gritando los números que nos pedían y faltaban desde nuestras propias cápsulas.
—¡F4! ¡Vidrio derecho!
—¡Dos!
—¡D3! ¡Superior!
—¡Cinco! —B ....
No pasó mucho tiempo antes de que otro sonido metálico resonara sobre nuestras cabezas. Levanté la vista y la cápsula de Kyle acababa de abrirse, él ni siquiera miró hacia el resto del pasillo.
Se sujetó del borde, salió con cuidado y, sin perder un segundo, comenzó a avanzar directamente hacia B5. Al llegar, descendió nuevamente al interior de ésta, apoyó ambas manos sobre uno de los cristales y alzó la voz.