Habían pasado dieciséis años desde el día del bautizo de las mellizas.
El castillo, ahora rodeado por jardines infinitos y torres bañadas por luz celestial, se había convertido en el símbolo de la unión entre todas las especies.
Las mellizas, Ariel y Celene, habían crecido bajo la guía de sus padres, aprendiendo tanto la disciplina como la magia del amor y la empatía.
Ariel, la mayor por minutos, poseía el don de la luz: podía sanar y purificar.
Celene, por su parte, dominaba la magia ancestral, capaz de mover la energía de los elementos y comunicarse con los espíritus.
Eran distintas, pero juntas formaban el equilibrio perfecto, tal como Lyra y Dante lo fueron alguna vez.
Aquella mañana, el libro de la vida volvió a abrirse, esta vez ante ellas.
El brillo dorado inundó la sala del consejo.
Lyra lo observó con el corazón agitado, recordando aquel mismo resplandor cuando Evelyn y Lucian recibieron su llamado.
Las páginas se movieron solas, y una voz antigua resonó:
> “El legado continúa.
Dos guardianas nacerán del alba,
y a ellas se les concederá el poder de restaurar el equilibrio
cuando la sombra amenace con renacer.”
Las mellizas, unidas de la mano, recibieron el poder con humildad y reverencia.
Lyra, con lágrimas en los ojos, las abrazó.
—El destino las ha elegido, como lo hizo con nosotros.
Dante las miró con orgullo.
—Y estaremos a su lado, como siempre.
Mientras el castillo celebraba aquel momento sagrado, una nueva noticia estremeció a todos.
Evelyn, radiante y feliz, llegó con su esposo vampiro y su vientre redondo.
Entre risas y abrazos, reveló la gran noticia ante su familia:
—Tengo seis meses de embarazo… ¡y son trillizos! Una niña y dos varones.
Lyra se llevó las manos al rostro, emocionada.
Dante la sostuvo por la cintura y exclamó con alegría:
—¡El linaje continúa!
Lucian sonrió y abrazó a su hermana con ternura.
—La familia crece, y con ella, la fuerza del reino.
Todo parecía perfecto.
Pero la felicidad siempre trae consigo un eco de advertencia.
Esa misma noche, mientras el cielo se cubría de nubes rojas, el guardián del portal llegó al consejo con malas noticias.
—Señores… —dijo con voz temblorosa—. En el reino de Evelyn, las fronteras están cambiando.
La energía oscura vuelve a moverse… y no proviene de este mundo.
Lyra sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
El libro de la vida, aún abierto, empezó a emitir un resplandor violeta.
Dante desenvainó su espada, la cual vibró en respuesta.
—No puede ser… creímos haber terminado con esto.
El viento sopló fuerte, y una nueva profecía apareció escrita en el aire:
> “Cuando tres almas nuevas vean la luz,
el equilibrio será puesto a prueba.
Solo el amor y la unión de las especies
podrán evitar la última caída.”
Lyra tomó la mano de su esposo.
—Otra guerra… pero esta vez, no lucharemos solos.
Él asintió, mirando a sus hijas y a sus hijos mayores.
—Ahora son ellos quienes deben proteger el futuro.
Evelyn acarició su vientre con una mezcla de miedo y esperanza.
Sabía que esos tres pequeños que llevaba dentro traerían tanto bendición como desafío.
En el horizonte, el cielo se tiñó de púrpura, anunciando que una nueva era estaba por comenzar.
Las mellizas miraron hacia el norte, donde el viento susurraba en lenguas antiguas.
Y así, mientras la familia unida se preparaba para enfrentar lo desconocido, el destino volvió a escribirse…
> “Porque en cada fin, nace un principio.
Y en cada generación, la luz encuentra su camino.”