El sol nacía con un resplandor cálido, distinto a cualquier otro.
En el reino, la paz había echado raíces; los campos florecían, los dragones dormían tranquilos en los riscos, y las brujas enseñaban a los jóvenes a controlar la magia sin miedo.
Era un nuevo mundo… un mundo donde el amor entre especies no era un pecado, sino la mayor bendición.
En la torre principal del castillo, los ecos de la vida resonaron con fuerza.
Evelyn daba a luz, rodeada por su familia.
Lyra sostenía su mano, mientras Dante mantenía la calma, aunque sus ojos mostraban la misma emoción que la primera vez que vio nacer a sus hijos.
Los gemelos mayores, Lucian, Ariel y Celene, aguardaban afuera, con el corazón acelerado.
El aire olía a magia, a fuego y a esperanza.
De pronto, un llanto suave rompió el silencio.
Lyra sonrió entre lágrimas.
—Una niña… —susurró con ternura.
El segundo llanto fue más fuerte, vibrante, seguido de otro igual de poderoso.
—Y dos varones —dijo Dante con una sonrisa orgullosa—. Los tres… están sanos.
Evelyn, agotada pero feliz, recibió a sus hijos en brazos.
La niña tenía los ojos rojos como el fuego del linaje vampírico de su padre, y su piel brillaba con una luz pálida y hermosa.
Los varones, en cambio, irradiaban magia pura: uno dominaba la energía de la tierra y el otro la del aire, incluso antes de abrir los ojos.
Lyra los observó con asombro.
—Una vampira de linaje… y dos brujos excepcionales.
Dante tomó la mano de su hija mayor.
—Tu legado será recordado, Evelyn. Has traído equilibrio a nuestro mundo.
El bautizo se celebró al anochecer, bajo el árbol sagrado que floreció después de la guerra.
Todas las especies asistieron: brujas, vampiros, demonios, ángeles y humanos.
El cielo se iluminó con luces danzantes, y el agua del río reflejaba tonos dorados y plateados.
Lyra llevó en brazos a la niña, mientras Dante sostenía a los varones.
Con una sonrisa, pronunció las palabras antiguas:
> “Que el fuego y la magia sean uno.
Que la unión de su sangre mantenga viva la paz.
Que sus nombres nunca sean olvidados en el canto de los siglos.”
Evelyn y su esposo vampiro se tomaron de las manos, emocionados.
Lucian se acercó a ellos con una sonrisa nerviosa, pero feliz.
—Antes de que termine esta noche —dijo, mirando a todos—, tengo algo que anunciar.
Dante arqueó una ceja, divertido.
—¿Otra noticia, hijo?
Lucian rió, mirando a su prometida demonio, que se ruborizó levemente.
—Sí, padre. Pronto seré padre…
Todos se quedaron en silencio por un instante, hasta que Lyra rompió a reír.
—¡Una nueva vida! ¡Otra nieta!
Las mellizas aplaudieron entre risas, abrazando a su hermano.
El consejo, reunido en paz, celebró aquella nueva era.
La luz de las velas iluminaba los rostros de todos los presentes, reflejando no solo felicidad, sino orgullo por lo que habían logrado juntos.
Esa noche, el castillo entero fue un canto de vida.
Lyra y Dante, observando a su familia reunida, se tomaron de la mano.
—Mira, amor… —susurró ella, con lágrimas de alegría—. Todo lo que sufrimos valió la pena.
Dante la besó suavemente en la frente.
—Sí, Lyra… este es el verdadero final que siempre soñamos: un mundo donde el amor vence a la oscuridad.
Y bajo el manto de estrellas, los llantos de los recién nacidos se mezclaron con las risas de sus padres y hermanos.
El libro de la vida, guardado en el corazón del valle, brilló una última vez, sellando su destino:
> “De su sangre nacerán los guardianes del mañana.
De su amor, el nuevo equilibrio eterno.”