Sombras que arden

Capítulo 35 — El Eco de la Sombra.

Habían pasado once meses desde la última gran celebración en el reino.
La paz parecía haber regresado, y el aire se llenaba de risas, música y esperanza.
Sin embargo, bajo esa calma, un nuevo peligro aguardaba en silencio.

Ese día, el castillo de Lucian resplandecía.
Se celebraba el bautizo de su hija, una niña única: mitad demonio, mitad vampira, y con un toque de magia de brujo heredado de la mezcla familiar que la precedía.
Su nacimiento había sido recibido como una bendición para todos los reinos.
Lucian la había llamado Lunaria, en honor a la luna que había guiado siempre a su madre, Lyra.

Lyra la sostuvo entre sus brazos con ternura, mientras Dante la observaba con orgullo.
—Es hermosa… tiene tu fuego, Lucian —dijo Lyra con una sonrisa—, y el brillo de las estrellas en los ojos.
Lucian la miró con emoción contenida.
—Y la fuerza de nuestra familia, madre.

La ceremonia se realizó bajo el Árbol de los Elementos, el mismo donde Evelyn había bendecido a sus trillizos meses atrás.
Evelyn y su esposo vampiro llegaron acompañados de sus pequeños, que ya comenzaban a mostrar señales de poderes asombrosos.
Junto a ellos, sus hermanas, las mellizas Celene y Ariel, descendieron de los cielos montadas en dragones plateados, listas para celebrar junto a su familia.

Todo era alegría y unión.
Pero el destino tenía otros planes.

En medio de la música, un mensajero irrumpió en el salón, cubierto de polvo y con la mirada llena de urgencia.
—¡Mi señor, mi reina! —gritó arrodillándose frente a Lucian y Lyra—.
Hay espías del Lado Oscuro en las fronteras. Los vimos cruzar las montañas de fuego.
Un silencio pesado se extendió por el lugar.

Dante se levantó, serio.
—Pensé que ese linaje había desaparecido.
El mensajero negó con la cabeza.
—Regresaron, mi señor. Dicen que sirven a alguien que reclama el trono oscuro perdido… y que busca la sangre de los herederos.

Lyra estrechó el libro de la vida entre sus manos.
—No buscan la guerra —susurró—. Buscan el poder que corre por la sangre de nuestros nietos.

Lucian se adelantó con decisión.
—No permitiré que toquen a mi hija.
Dante lo miró con orgullo.
—No lucharás solo, hijo. Ninguno de nosotros lo hará.

El consejo familiar fue convocado esa misma noche.
Evelyn, su esposo, las mellizas, Lyra y Dante se reunieron en la sala del trono.
La energía era intensa, la magia flotaba en el aire.

Lyra habló con voz firme:
—El enemigo ha vuelto, pero esta vez encontrará un linaje más fuerte que nunca.
Colocó el Libro de la Vida sobre la mesa, y sus páginas brillaron con fuego azul.
Dante levantó su espada y la apoyó junto al libro.
—Entonces que los reinos sepan —dijo con solemnidad—: la familia de la luz no teme a la oscuridad.

De pronto, el viento sopló con fuerza, y una voz profunda se escuchó entre los ecos del salón:

> “La unión será rota.
La sangre de los híbridos será nuestra.
Y el mundo oscuro volverá a despertar.”

Lucian apretó los puños.
—Sobre mi cadáver.
Evelyn tomó la mano de su esposo y miró a sus padres.
—Esta vez, no hay vuelta atrás. Lucharemos por los nuestros.

Las mellizas Celene y Ariel intercambiaron una sonrisa decidida.
—Entonces es hora de volar —dijo Ariel, extendiendo sus alas.
—Y de encender el fuego —añadió Celene, mientras una flama carmesí se encendía en su palma.

Lyra los observó a todos —sus hijos, sus nietos, su legado— y sintió que el ciclo de la historia volvía a repetirse.
—Juntos —susurró—, seremos el escudo del destino.

Al amanecer, bajo la luz plateada de la luna, el ejército familiar se preparó.
Los dragones rugieron, los brujos invocaron sus conjuros, y los vampiros afilaron sus colmillos.
Los niños fueron protegidos bajo el libro sagrado, mientras el resto marchaba hacia la frontera.

En el horizonte, la oscuridad crecía.
El Reino de Lucian estaba a punto de enfrentar su gran prueba, y con él, el destino de toda su familia.

La nueva guerra había comenzado.




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