Sombras que arden

Capítulo 40 — El Renacer del Linaje.

Los vientos del norte soplaban con una fuerza desconocida. El cielo, cubierto de nubes oscuras, parecía contener la respiración del mundo. En el gran castillo de las Lunas Eternas, Lyra se encontraba en su habitación, rodeada por un resplandor dorado. El parto había comenzado.

Dante, con el rostro tenso pero lleno de amor, sostenía su mano.
—Tranquila, mi amor… estoy contigo, como la primera vez —susurró, acariciando su rostro.

El aire se volvió denso. Las luces de los candelabros parpadearon y el Libro de la Vida, que reposaba en el altar de la sala principal, se abrió por sí solo. Las páginas giraron con rapidez, deteniéndose en una hoja dorada que jamás había aparecido antes. Las palabras se grabaron con fuego:

> “El renacer del linaje está escrito.
De la unión de luz y sombra nacerá la llave del equilibrio.”

En ese mismo instante, Evelyn, Lucian y Lunaria sintieron un temblor en el corazón. Todos corrieron hacia los aposentos de Lyra, cuando un resplandor envolvió la habitación.

Y entonces… un llanto.
Dulce, pero poderoso.
El sonido retumbó en los muros del reino como un canto antiguo.

Lyra sostenía entre sus brazos a una pequeña niña envuelta en un velo plateado. Su piel parecía luminosa, y en su frente brillaba una marca en forma de luna entrelazada con un sol oscuro.

Dante no pudo contener las lágrimas.
—Es… perfecta.

Lyra, agotada pero sonriente, miró la marca.
—La luna y el sol… luz y oscuridad. Ella… es el equilibrio.

Antes de que alguien pudiera responder, una ráfaga de energía atravesó el salón. Los guardias mágicos se tensaron, las antorchas se apagaron, y en medio del resplandor de una grieta celestial… dos figuras emergieron.

Sus pasos eran firmes, su poder, inconfundible.
Eran las mellizas: Selene y Aradia, hijas mayores de Lyra y Dante, que habían partido hacía décadas para forjar su propio reino.

Su entrada hizo temblar las paredes. Llevaban capas de batalla, ojos decididos y el aura de reinas.
—Llegamos justo a tiempo —dijo Selene, mientras el brillo de su magia blanca se mezclaba con la oscuridad de la tormenta.
Aradia levantó la vista hacia su madre, su mirada se suavizó.
—El equilibrio ha nacido, ¿verdad?

Lyra asintió con lágrimas en los ojos.
—Mis niñas… sabía que el destino las traería de vuelta.

Las mellizas se acercaron al bebé, que abrió los ojos por primera vez. Unos ojos dorados y rojos entrelazados, reflejo perfecto de sus padres y de la unión entre todos los linajes.

Selene susurró:
—Este poder… no pertenece solo a este reino.
Aradia añadió:
—La oscuridad se mueve, madre. Algo despierta más allá de los portales antiguos.

Dante miró a su familia reunida y comprendió lo que el destino estaba tejiendo.
—Entonces, nuestras generaciones no solo heredarán paz… sino también la responsabilidad de proteger el nuevo equilibrio.

El consejo de los reinos llegó poco después. Evelyn con sus hijos, Lucian con su esposa demonio y su hija Lunaria, las mellizas de Lyra y Dante —ahora reinas de sus propios dominios—, todos se reunieron bajo una misma promesa: proteger a la recién nacida, la portadora de la unión de todas las especies.

Lyra la sostuvo con fuerza, susurrándole al oído:
—Te llamarás Aurelina, hija del amanecer y el crepúsculo.

El viento se calmó, las nubes se disiparon… pero a lo lejos, más allá de las montañas de fuego, una sombra observaba.
Una voz gutural resonó entre los ecos de la noche:

> “Ha nacido la llave.
Cuando su poder despierte… el sello se romperá.”

Dante entrelazó su mano con la de Lyra, mirándola con la misma devoción del primer día.
—Si el destino quiere ponerla a prueba, tendrá que enfrentarse a toda nuestra sangre.

Lyra sonrió débilmente, acariciando la mejilla del bebé.
—Entonces que el destino se prepare… porque la familia real del equilibrio ha renacido.

Y con eso, las campanas del reino repicaron, anunciando el nacimiento de Aurelina, la hija del sol y la luna, el nuevo amanecer del linaje eterno. 🌙🔥




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