El amanecer llegó dorado y tranquilo, como si el mundo respirara en paz después de siglos de guerra. Los campos alrededor del castillo estaban cubiertos de flores luminosas que nacieron del suelo tras la batalla. El aire olía a vida nueva, pero también a un presagio que sólo los más sabios podían sentir.
En la torre más alta, Aurelina observaba el horizonte. Su mirada era serena, pero en el reflejo de sus ojos danzaban los colores del sol y la luna. Había salvado el equilibrio, sí, pero sabía que aquel no era el final… solo el inicio de su destino.
Lyra entró silenciosa, llevando en sus manos una túnica blanca bordada con símbolos de fuego y luna.
—Hoy es el día —dijo con voz suave—. El consejo te espera, hija del sol y la luna.
Aurelina respiró hondo.
—Madre, aún siento sombras moviéndose más allá del bosque. La oscuridad no fue destruida, solo se escondió.
Lyra asintió con gravedad.
—Por eso hoy, formaremos el Consejo de la Luz y las Sombras, para mantener el equilibrio. Nadie puede vencer al caos sola, ni siquiera tú.
En el gran salón se reunieron todos los linajes.
Evelyn, con su porte de reina, llegó junto a sus hijos: los trillizos mayores, ya adultos, y las trillizas jóvenes, que portaban el don de la intuición.
Lucian se presentó con su esposa demonio y su hija Lunaria, que lucía un amuleto forjado del fuego infernal y la luz celestial.
Las mellizas Selene y Aradia aparecieron envueltas en humo y viento, sus ojos brillando con el poder de los elementos.
Y al centro, Lyra y Dante, reyes de la unidad, guiaron a Aurelina hasta el trono de cristal.
Dante habló con solemnidad:
—Hoy el equilibrio tiene un rostro, una voz y un corazón. Pero el equilibrio debe ser protegido… y guiado.
Evelyn dio un paso adelante.
—Propongo que cada reino aporte un guardián para proteger a Aurelina y vigilar las fronteras del mundo mágico.
Lucian apoyó su idea:
—Mis demonios jurarán lealtad a la luz si ella lo pide. Pero debemos prepararnos: los lazos oscuros aún existen.
Entonces, el libro antiguo volvió a abrirse por sí solo. Una página nueva se escribió con letras ardientes:
> “El equilibrio debe sostenerse con la unión de los siete sellos.”
Las mellizas, Evelyn, Lucian, Lyra, Dante y Aurelina miraron la inscripción con asombro.
Aurelina extendió su mano, y una chispa dorada emergió del libro, formando siete símbolos en el aire: fuego, aire, agua, tierra, espíritu, sombra y luz.
—Cada sello debe ser custodiado por uno de nosotros —dijo Aurelina—. Si alguno cae, el equilibrio se romperá.
Selene sonrió con determinación.
—Entonces que empiece nuestro entrenamiento.
Aradia añadió:
—La guerra nos enseñó a sobrevivir… ahora aprenderemos a preservar.
Lyra colocó sus manos sobre los hombros de su hija.
—Tu camino apenas comienza, Aurelina. Eres la hija del sol y la luna, pero también la guardiana del mañana.
Aurelina bajó la cabeza en señal de respeto, mientras una energía cálida la rodeaba. El sol entró por las vidrieras, y por un instante, la luna apareció también en el cielo —ambas unidas, como si el universo reconociera su legado.
Afuera, los campos florecieron aún más, pero en las montañas lejanas, una sombra se agitó en silencio.
De susurros antiguos surgió una voz:
> “Si existe el equilibrio… debo romperlo.”
Y así, mientras el Consejo juraba su lealtad, una nueva amenaza despertaba.
La historia de Aurelina apenas comenzaba. 🌙🔥✨