El sol se alzó sobre un cielo limpio, sin grietas, sin sombras.
La tierra, que una vez ardió entre guerras, respiraba de nuevo. Los ríos corrían transparentes, los árboles florecían con tonos de oro y amatista, y los dragones surcaban los cielos en calma, protegiendo los límites del mundo que había renacido.
En el centro del valle, donde antes se libró la última guerra, se erguía ahora El Santuario del Equilibrio. Era un templo blanco con raíces vivas que abrazaban el suelo. Allí se reunían todas las especies: brujas, vampiros, demonios, ángeles, dioses y humanos.
Ya no existían fronteras ni tratados. Solo un juramento compartido.
Lyra observaba todo desde un balcón de piedra. El viento jugaba con su cabello, y sus ojos reflejaban el orgullo de una madre que había visto florecer generaciones.
Dante, de pie junto a ella, la rodeó con su brazo.
—Lo logramos, Lyra. Contra todo, lo logramos.
Ella sonrió.
—Fue gracias a todos ellos… y al amor que nunca dejó de existir.
En el santuario, Aurelina guiaba la ceremonia del Pacto de Luz y Sombra, acompañada por sus hermanos, primos e hijos de las mellizas.
Su voz resonó con firmeza:
—Este día marcamos el fin de la oscuridad, no porque la hayamos destruido, sino porque aprendimos a convivir con ella. La luz necesita sombra para brillar, y el amor necesita lucha para nacer.
Los asistentes, seres de todos los reinos, inclinaron la cabeza en respeto.
Selene y su ángel Azael llegaron con su hijo, quien ya mostraba alas de fuego y ojos de esperanza.
Aradia y Eryon trajeron a su hija, rodeada de un aura de los cuatro elementos que danzaban a su alrededor.
Lucian y su esposa demonio se acercaron con Lunaria, ahora joven, fuerte y bella como un eclipse.
Evelyn sostenía a una de sus nietas trillizas mientras los otros ayudaban a reconstruir los portales del mundo.
Los reinos estaban en paz. Pero no era una paz frágil, sino una que había nacido del sacrificio.
Aurelina levantó el Libro de la Vida, que ahora brillaba con todos los colores del amanecer.
—El ciclo se ha cerrado. El equilibrio es eterno mientras el amor permanezca.
Una ola de energía se expandió por los cielos, tocando cada reino, cada criatura, cada corazón. El poder de generaciones pasadas se fusionó con los nuevos guardianes, y una melodía suave —la canción de Lyra y Dante— comenzó a escucharse en el aire.
Dante tomó la mano de Lyra, y ella lo miró con lágrimas en los ojos.
—Nuestro legado vivirá para siempre —susurró.
—Y mientras ellos amen —dijo él—, nosotros nunca desapareceremos.
Entonces, el sol y la luna aparecieron juntos en el cielo, coronando el nuevo mundo.
El Santuario del Equilibrio brilló con una luz divina, sellando para siempre la promesa que generaciones habían defendido con sangre, magia y fe.
Y así nació La Era del Amanecer, donde los hijos del sol y la luna, herederos del amor prohibido que desafió los siglos, se convirtieron en los guardianes de un futuro donde todas las especies —de la sombra y de la luz— vivirían en armonía.
Lyra cerró los ojos, apoyada en el pecho de Dante, y susurró al viento:
—El amor fue la magia más poderosa de todas.
Y el viento respondió con un suspiro cálido, llevándose sus palabras hacia el horizonte eterno. 🌙☀️💫