Someone to you

6. La encontraré a ella

6.

LA ENCONTRÉ A ELLA.

 

Austin.

Me encontraba afuera, tomando inhalaciones para tranquilizarme. Hice estiramientos con mis hombros para dejar el rastro de nerviosismo afuera antes de pasar tras el marco de la puerta.

Aquella mañana me había levantado determinado después de haber comenzado a hacer anotaciones y a tocar un poco la guitarra la noche anterior. Estuve todo el día encerrado después de ella. Coloqué la caja de los gofres en el mueble de la cocina y a lo único que me dediqué fue a escribir palabras y frases sueltas en mi libreta que me venían a la cabeza. Todo mientras me imaginé a la pequeña cartera desconocida. Más tarde llamé a mi madre, —como la había prometido horas antes —pero andaba de todo menos concentrado en sus palabras. Lo único que veía era a ella, y la curiosidad me picaba tanto que quise saber más. Había un atisbo de conexión que no quería dejar pasar.

—¿En qué piensas, hijo? —me preguntó, cuando notó que estaba completamente descentrado—. Te noto distraído.

—Encontré mi inspiración—la aclaré. Abrió los ojos como platos, queriendo que la explicase más sobre ello, pero lo único que consiguió fue: — Y la he vuelto a perder, así que voy a volver a buscarla.

Parpadeó extrañada y no la dejé ni responder ya que había colgado bruscamente. El resto de la tarde pasó en una llovizna de ideas.

Cuando me dije a mí mismo que la encontraría iba muy en serio. Hacía tiempo que no conectaba con alguien de esa forma, y ella me llamaba mucho la atención al igual que noté que ella se lo había pasado bien conmigo.

Podíamos llegar a convertirnos en buenos amigos.

Recordé las iniciales del sitio de correos para el que trabajaba y lo busqué por Internet. Lo localicé a tan solo quince minutos de mi casa, y decidí tomarme la molestia de ir solo. Normalmente solía pedirle al chofer de la empresa de discográfica fuera a por mí cuando se reunían fans locas en la entrada, ya que él me convenía bastante. Pero ahora, lo único que necesitaba era mi coche y buscar mi pieza perdida.

Para mi suerte no había nadie a esa hora afuera y salí con total tranquilidad. Tomé las llaves de mi Mercedes GLA SUV y entré en las carreteras de Los Ángeles. Se encontraban con pocos coches para ser sinceros, teniendo en cuenta que aquel estado predominaba por los peores atascos de la galaxia. Tras unos cuantos minutos en el coche con ‘Talk is cheap’ reproduciéndose por los altavoces, llegué a Boulevard Imagine. Y sí, tengo una especie de vicio con los viejos discos de Miley Cyrus.

¿Son adictivos, okey?

Me miré en el cristal del centro de correos y me fijé en la ropa que lucía en aquel momento. ¿Acaso parecía un famoso cantante con aquello? No, no lo…

—OMG, ¿Eres…?—balbuceó una joven a mi derecha que se había parado en sus pasos antes de que tuviese la oportunidad de abrir la puerta de adentro.

—Sí, soy Dark Vader, que la fuerza te acompañe y te lleve hacia donde fuese que ibas—solté nervioso, su cara quedó pasmada. Me sentí mal por la chica y en seguida me disculpé: —Perdóname, perdóname, perdóname…—susurré—¿Autógrafo?¿Quieres un autógrafo?

Ella asintió, aún boquiabierta. Tomé un rotulador que sacó de su enorme bolso blanco y me lo dio. ¿Qué hacen las mujeres que siempre llevan todo a mano? Tan pronto como lo cogí, abrí la tapa y garabateé mi firma en su brazo. Dejé marcado una firma bastante chapucera y manché la piel morena por el sol de la chica.

La di un beso en la sien y le hice un ademán de que prosiguiese con su camino. La muchacha quedó embobada, pero pudo caminar. Me preocupé de que la entrasen moscas por la boca si iba así todo el camino…

Ya teniendo la vía libre abrí la puerta del sitio y lo primero que vi fue una instalación bastante renovada con colores blancos, grises y amarillo…Como la de la camiseta que llevaba Michaela ayer. El logo estaba en el gran estante que hacía de mesa, separando a la clientela de los trabajadores.

Me acerqué y pronto vi a una mujer tecleando en un ordenador a la vez que iba pesando unos paquetes y adhiriéndole pegatinas en ellos. Pude ver como su cabello azabache caía en un remolino en su cara, tapándola la cara de mi vista. Aún así pude averiguar que era mayor por su piel. También era un poco pálida. Lucía delgada y muy puesta en su trabajo. Vestía la misma camiseta que Michaela llevaba ayer y los pantalones no los pude ver desde mi sitio. Aún así no pude recoger más detalles con certeza debido a que se percató de mi presencia.

Levantó la cabeza y cuando vio la puerta cerrada y yo cerca suya me sonrió amablemente.

—Buenos días, ¿cómo puedo ayudarle? —me saludó agradable. Su sonrisa era de boca cerrada, y sus mejillas poco maquilladas estaban revestidas en un colorete rosáceo. Sus labios estaban resecos y sus ojos oscuros al igual que su pelo lucían con pequeñas arruguitas y ojeras de cansancio.

—Busco a alguien—me expliqué. Comencé a palpar mis manos sudorosas, y no entendía por qué. Alzó una ceja y añadí: —¿Se encuentra Michaela aquí?

—¿Y tú eres…?—quiso saber. Notaba un aura maternal por parte de ella, y no pude más que saber que Michaela no era tan solo una empleada para ella. Lo podía ver en sus ojos.

—Austin…—me presenté, y completé titubeante: —Austin Michaelson.

Abrió la boca y tartamudeó: —¿El cantante?

Sonreí nervioso y afirmé con un movimiento positivo de cabeza.

—¿Porqué buscas a Michaela si se puede saber? —inquirió, intentando suprimir la sonrisa que pude sentir que escondía. Se apoyó en la mesa que nos separaba, dejando sus codos sobre ello a la vez que su semblante mostraba curiosidad.

—Eh…—En verdad no sabía cómo explicar aquello, pero al final me decidí por responder: —Tengo cuentas pendientes con ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.