Somnia: Cuando la realidad se quiebra.

La casa de las muñecas...

Antes de que pudiera reaccionar, una flecha cortó el aire y se incrustó en la cabeza del hombre. La sangre me salpicó el rostro y quedé paralizada, incapaz de procesar lo que acababa de ocurrir.

Sentí como el agarre en mi muñeca se aflojó y su cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo, apenas audible entre el estrépito de espadas y gritos. No pude moverme ni actuar, estaba horrorizada por lo que acababa de presenciar frente a mis ojos.

Procesando el hecho de que acababan de matar a un hombre justo delante de mi. “No es lo mismo ver esas escenas en una película que en la vida real” pensé sin aliento hasta que sentí otra mano agarrando mi brazo, sacándome de mi transe. “¿Revivió?” Pensé con terror pero cuando me gire era Lunett, quien empezó a arrastrarme hacia la salida. Me agarre el pecho con el corazón al trote.

Al salir al exterior el aire frío de la noche me hizo temblar ligeramente, despejando un poco mi mente, aunque no del todo realmente. Mientras Lunett y yo corríamos, vi por encima del hombro como unos hombres nos estaban. Lunett se detuvo, se giró hacia ellos y levantó su arco.

—¡Sigue corriendo! ¡Yo me encargo!

Quise protestar, no quería a dejarla así como así, pero la fuerza en la voz de Lunett y el grupo de hombres armados que venian hacia nosotras, me obligó a obedecer.

Entonces corri sin mirar atrás, todo mi cuerpo temblando de miedo y adrenalina. El bosque me recibió con su oscuridad espesa. Las ramas se agitaban como manos que intentaban detener mis pasos y sentía que las sombras se movían con vida propia.

No me detuve, cerrando los ojos mientras corría sin rumbo, con la respiración entrecortada y el corazón golpeando mi pecho a todo velocidad. Cada paso era un milagro de supervivencia. El suelo húmedo resbalaba, haciéndome tambalear de vez en cuando, las raíces se enredaban en mis tobillos, y los sonidos del bosque —crujidos, chillidos lejanos, el ulular de un ave nocturna— se mezclaban con el eco de mis propios jadeos.

“¿Por qué siempre me pasa esto?”. Pense, con frustración y desespero. “¿No puedo tener un día tranquilo? Justo cuando pensaba que todo iba bien ahora pasa esto”

En un momento tropecé con una rama y caí en un ruido seco. El impacto me arrancó el poco aire que me quedaba.

Me recosté contra un tronco cercano, jadeando pesadamente mientras intentaba recuperar el aliento. Me quede sentada, abrazando mis rodillas. El silencio del bosque era inquietante, roto solo por el crujido de hojas bajo mis pies temblorosos. Cerre los ojos por un instante, deseando con todas mis fuerzas despertar de este sueño que ahora más que nunca parecía una pesadilla que por más que intentaba no podía despertar.

En un momento, un zumbido llenó el aire. Primero lejano, luego más fuerte, hasta que se convirtió en un rugido vibrante que me erizó la piel. Levante la vista y lo primero que recibio mi vista, fue una abeja, pero no una abeja cualquiera; está abeja no tenía un tamaño normal, era mucho más grande que cualquiera que haya visto antes, con dientes afilados que brillaban ligeramente bajo la luz tenue de la luna. Sus alas batían con violencia, levantando un polvo y hojas secas.

—¿Qué cosa es... Eso ? —susurré paralizada.

Sin darme tiempo a procesar o a actuar, la abeja se abalanzó sobre mi y senti como me picó en el brazo provocando un ardor inmediato recorriendo todo mi cuerpo, seguido de una parálisis que me dejó completamente inmóvil.

Intente gritar, pero mi voz quedó atrapada en su garganta y ni un solo sonido pudo salir. Mis músculos se endurecieron como piedra, y mis dedos apenas lograban temblar imperceptiblemente.

“¿Así termina mi vida?.” pensé con horror.

Cuando sentía que mis esperanzas de sobrevivir desaparecian y las abejas estaban a punto de cubrirme con completo, aparecieron varios hombres fortachones, que con movimientos rápidos y precisos ahuyentaron a las criaturas con antorchas y golpes.

Los mire con alivio, creyendo que estaba a salvo, pero que rápido confíe en sus acciones.

Ellos se giraron hacia mi y senti como el terror volvía a mi. Sus miradas eran frías, maliciosas. Uno de ellos me cargó, sosteniendome con fuerza, y antes de que pudiera reaccionar, me dejó inconsciente con un golpe seco.

Oscuridad total.

Cuando abri los ojos nuevamente, estaba en una habitación sucia, con paredes húmedas y una cama desvencijada. El olor a moho y sudor impregnaba el aire. Me incorpore lentamente, sintiéndome un poco mareada y con dolor en el cuerpo.

El ambiente era pesado, el ruido, las risas fingidas, el golpe de las botellas y vasos chocando contra las mesas. La música, el olor desagradable del tabaco, el alcohol y el moho adicional, con algo más que no lograba distinguir hizo picar mi nariz. Y supe que probablemente estaba en una especie de habitación en un bar hotel, o al menos eso suponía.

Todo me estaba abrumando, mis sienes palpitaban dolorosamente y el frío de la habitación calaba en mis huesos. Mi pobre cuerpo tiembla sin ser capaz de brindarse calor por si mismo, debido a que lo que vestía no era lo suficientemente abrigado.

Escuche como la puerta se abría, haciéndome ponerme de pie. Alerta a pesar de estar temblando ligeramente.

La luz del exterior me ciega por un momento debido a que la habitación estaba sumida en la oscuridad, excepto por la leve luz de la luna que entraba por la pequeña ventana. Lo que la figura que entró a la habitación aprovecha para tomar mi mentón con fuerza, moviendolo un poco, como si me estuviera examinando.

Reaccione apartandome de este de un empujón que me hace tambalear por mi estado debil. Escucho como una risa baja y ronca de un hombre rebota en las paredes descoloridas y agrietadas de la habitación. Lo miro fijamente sin demostrar que me temblaba hasta el pulso del susto que tenia. Al acostumbrarme a la oscuridad, veo como su sonrisa se ensancha, y por dios santo que nunca me había asustado tanto una sonrisa.



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En el texto hay: aventura fantasia sobrenatural

Editado: 08.03.2026

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