Somos Este Momento

CAPÍTULO DIEZ

El viernes en la noche, el boliche cobraba vida propia. Una canción indie rock que salía de los altavoces se mezclaba con el golpe seco de las bolas de boliche, el choque rápido y constante del hockey de mesa y el tintineo de las máquinas arcade. Todo estaba en movimiento: luces intermitentes, pantallas encendidas, la gente que iba y venía de la barra de comida rápida, los que esperaban su turno para usar la mesa de billar y el futbolito mientras las burlas y festejos de los demás aparecían y desaparecían cada tanto.

Jennifer estaba en uno de los sillones, sin prestar atención al juego de sus amigos porque se mantenía ocupada borrando fotografías de su teléfono. Después de lo de Alex, no quiso hacerlo de inmediato, así que esperó un poco, solo para estar segura y porque una diminuta parte de ella pensaba que él le volvería a escribir para disculparse. No sabía si lo perdonaría o no, pero en verdad esperaba el mensaje. Sin embargo, ahora que había pasado una semana sin señales de él, comprendió que era el fin y el momento perfecto para borrar todo rastro de él. Empezó por los mensajes que, ahora que los releía, se daba cuenta de que él nunca pareció tan interesado como ella. Luego, su número. Las fotos eran lo último en la lista. Y no era como que fueran muchas, pero estaban ahí, recordándole que existió el “nosotros” alguna vez.

Cuando Aaron convirtió su último lanzamiento en un strike y Jimmy perdió, se dejó caer a su lado, derrotado. Jennifer cubrió el teléfono rápidamente y se recorrió unos pocos centímetros. De repente fue consciente de que era la única chica en el grupo; Stella y Kate no habían vuelto del baño todavía, mientras que Jade, Michelle y Mason llevaban los últimos quince minutos en el área de comida.

—¿Qué haces? —Jimmy la miraba fijamente. Había un brillo juguetón en sus ojos.

—Preguntándole a Stella cuánto más van a tardar.

Despacio, Jimmy colocó el brazo detrás del respaldo de Jennifer.

—¿La última media hora has estado hablando con Stella?

Jennifer sonrió un poco, sintiéndose descubierta. Pero no se mostró nerviosa, no podía hacerlo frente a un chico como él.

—Ajá —dijo a secas, y desvió la vista para buscar a sus amigas.

—Oye —Jimmy volvió a hablarle—, ya no estás saliendo con ese tipo mayor, ¿o sí?

Jennifer lo miró, un tanto irritada, esperando ver cierta burla en su cara. Pero lo que él tenía era, más bien, una extraña expresión que lo hacía ver casi ilusionado. Pero, ¿por qué? ¿Por qué le interesaba ahora? Ni siquiera eran tan buenos amigos; de hecho, solo eran amigos porque tenían amigos en común, pero jamás había sido algo como una amistad sólida.

—No —respondió al fin.

Surgió un silencio incómodo, aunque, Jimmy esbozó una sonrisa, como si acabara de confirmar algo bueno.

—Bien —dijo, dando golpecitos con los dedos al sillón—. Entonces, ¿soltera otra vez?

Jennifer arqueó una ceja. Se removió, incómoda, en el sillón y lo miró directamente a los ojos.

—¿Qué quieres Jimmy?

Él se enderezó y abrió la boca.

—Yo solo…

—¿No es increíble que solo un maldito baño funcione? —interrumpió Stella, sentándose en el sillón de al lado—. Dios, casi veinte minutos esperando.

—¿Y Kate? —preguntó Jennifer.

En ese instante, Aaron se sentó junto a Stella. La rodeó de la cintura y olió su cabello. Comenzó a darle breves besos en la mejilla al mismo tiempo que le susurraba cosas al oído.

—Dijo que iría por algo de tomar —respondió Stella, entre risitas.

Jennifer estaba a punto de levantarse para ir a buscar a sus amigas, pero Jimmy se adelantó. Puso una mano torpe sobre su rodilla y en voz baja le dijo:

—No importa —sonó serio por primera vez—. Luego te digo —se levantó rápidamente y se alejó de ahí, volviendo al juego con Garrett.

Jennifer apoyó la espalda contra el sillón y dejó escapar el aire lentamente. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniéndolo desde el segundo en que él tocó su rodilla. Ahora tenía una sensación extraña en el estómago. Y esas últimas tres palabras resonaban en su cabeza. ¿Qué quería decirle? ¿Qué podría decirle?

Lo miró desde su lugar, consciente de que no debía darle muchas vueltas al asunto. Conocía a Jimmy muy bien. Sabía perfectamente que era el tipo de chico que iba tras todo lo que tuviera pechos y cabello largo. Pero estaba sorprendida porque él siempre había ido tras las chicas de segundo y tercer año. Así que, ¿por qué ahora ella?

Volvió a mirar su teléfono, pero ya no había nada que borrar. La pantalla negra le mostró su propio reflejo, ligeramente distorsionado por las luces del lugar. Jimmy rio a carcajadas al fondo, celebrando algo con Garrett, como si no acabara de dejar algo inconcluso flotando entre ellos.

Quiso ignorarlo. Convencerse de que no importaba, ni valía la pena. Pero cuando levantó la vista, sintió el impulso de buscarlo. Jimmy no estaba jugando. Tenía la bola detenida entre las manos y observaba desde la pista. Sus miradas se cruzaron apenas un segundo. Él sonrió despacio, como si hubiera logrado algo, algo que ella ni siquiera sabía todavía.

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