Los créditos finales ya habían inundado la pantalla y las luces tenues aparecieron en el momento en que Jennifer sintió que Jimmy llevaba una mano a su cadera mientras sus labios continuaban moviéndose sobre los suyos. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que él se inclinó hacia ella primero, pero la sala ya había comenzado a vaciarse. Estaba dejándose llevar hasta que el movimiento de las personas que pasaban detrás y delante de sus asientos la hizo detenerse.
Se apartó de él y se enderezó en el asiento.
—Deberíamos irnos ya, ¿no?
Jimmy se quedó mirándola. Una pequeña sonrisa apareció en su cara.
—No sé si me gustó el final —dijo de repente—. Demasiado cursi.
Jennifer se rio suavemente.
—Era una comedia romántica. Tenía que ser cursi.
—Sí, pero…
Él volvió a sonreír y se acercó despacio. Y en cuestión de segundos estaban besándose otra vez. Jennifer pensó, de manera completamente involuntaria, en cómo había terminado aquí, con él último chico que podría haber imaginado. Jimmy ya había tanteado el terreno la noche anterior en el boliche, pero no pensó que pasaría tan rápido, porque apenas llegó a casa, él le envió un mensaje preguntando si estaba libre el sábado en la noche. Pensó mucho antes de responder que sí; no tenía nada qué hacer, pero una cita con él no se le habría ocurrido ni en mil años. Nunca habían sido cercanos y nunca habían salido solos. Y Jimmy jamás le había atraído de esa manera, Pero ahora que él le había provocado curiosidad, ya no estaba tan segura.
Se separaron un momento después. Jennifer se llevó el cabello detrás de la espalda y se quedó mirando a Jimmy, que no parecía tener ninguna prisa por irse.
—Entonces, ¿cena? —preguntó casualmente.
—Ya es algo tarde —respondió Jennifer, poniéndose de pie.
—¿Que, tienes hora de llegada? —sonó incrédulo.
—¿Tú no? Además, todo está cerrado a esta hora.
Jimmy también se levantó.
—Conozco un lugar abierto.
¿Cómo podía decir que no? En el fondo, tampoco quería irse todavía. Sí, tenía hora de llegada, pero no iba a ser una tragedia si la pasaba un poco. Además, en serio se estaba divirtiendo. Increíblemente, Jimmy estaba siendo agradable y bastante decente. No actuaba para nada como el Jimmy de la escuela, el cretino e insoportable. Pasó la mitad de la película haciendo chistes sobre los actores, y la hizo reír tanto que pensó que en algún momento los echarían de la sala.
—Bueno —dijo al fin—, pero nada de comida picante.
Jimmy hizo una pequeña mueca.
—Mmm, está bien. Sin picante, pero… eso es muy cobarde.
—¡Oye! —protestó ella.
Los dos se rieron tontamente. Luego, él se acercó, pero Jennifer se dio la vuelta y lo tomó del brazo para llevarlo hacia la salida.
—¿Quieres que nos encierren toda la noche aquí?
Finalmente, salieron al estacionamiento, donde el aire frio todavía olía a palomitas de mantequilla y asfalto mojado. Caminaron sin prisa, Jennifer junto a él, sin decir una palabra, solo dejando que el silencio fluyera entre los dos como si fuera algo a lo que estuvieran acostumbrados. Y cada segundo que pasaba, se daba cuenta de que el silencio no se sentía incómodo, sino agradable.
El Jeep se había quedado al fondo, entre el muro de concreto y un auto blanco que estaba yéndose. Jimmy sacó las llaves de uno de sus bolsillos y quitó el seguro. Antes de entrar, Jennifer lo miró y se preguntó qué pensaría de ella en ese instante. SI le importaba lo que muchos en la escuela decían o si al igual que ella solo lo ignoraba. Si les había contado a sus amigos que la invitó a salir o sería un secreto. Y el lunes en la escuela, ¿le hablaría como siempre o algo sería diferente?
—¿Tienes frío? —le preguntó—. Tengo una sudadera en el asiento trasero.
Había algo distinto en la voz de Jimmy. Nunca lo había escuchado y no sabía qué era, pero sonaba amable, dulce y atento. Era como si estuviera hablando con otra persona. Hasta llegó a preguntarse si se comportaba así con todas las chicas con las que salía y cómo podía ser el mismo Jimmy de la escuela.
—Estoy bien.
Por un momento ninguno dijo nada más. El motor del auto cobró vida con un rugido, y casi de inmediato, como si los hubiera estado esperando, una melodía de sintetizadores suave y constante llenó el espacio entre los dos. Jimmy tenía la mirada puesta en la palanca, pero sin decidirse todavía a poner el auto en marcha. Y mientras tanto, Jennifer se daba cuenta de que moría por hacerle una pregunta.
—Fue divertido —Jimmy estaba mirándola con una sonrisa de complicidad.
Ella asintió en silencio, sin apartar la mirada. Le devolvió la sonrisa casi sin darse cuenta, como si el gesto hubiera salido en automático y fuera lo más normal del mundo. Tenia una sensación de nervios recorriéndole todo el cuerpo, como una corriente eléctrica desde el cuello hasta las piernas. Pero eran unos nervios extraños. No los que la hacían querer salir corriendo. Eran, más bien, los otros, los que surgían cuando empezaba a intuir que algo —o alguien—podría volverse importante.
Pensó en él. En cómo hablaba y cómo se reía, en los pequeños gestos que ya había empezado a notar involuntariamente. Y sintió, repentinamente, que quería conocer más.
Él se inclinó ligeramente. El movimiento fue lento, casual. Jennifer lo notó cuando ya estaba lo suficientemente cerca para percibir el leve olor de su colonia. El beso comenzó despacio, suave y fácil de responder. Ella apoyó una mano sobre el hombro de Jimmy mientras él acercaba su cuerpo un poco más. Por un momento, el auto pareció contraerse, como si el mundo fuese solo ese espacio, con el radio de fondo y el tablero iluminando sus caras con una tenue luz azul.
La mano de Jimmy apareció en su brazo. Luego, se deslizó hacia su cintura. El beso se prolongó un poco más. Pero la mano de Jimmy siguió moviéndose. Primero, con calma. Después, con más intención, con un movimiento hacia arriba que era lento y constante, y que Jennifer no pudo ignorar. Se separó apenas lo suficientemente para tomar aire.