Somos una mentira

19. El chico del autobús

Solo llevaba una mochila de camping negro donde llevaba lo esencial, ropa adecuada y cuidados de la piel, mire a Gaby que estaba metiendo un montón de cosas, entre ellas juegos de mesa.

Zoey y Amber estaban también metiendo sus cosas.

—Es suficiente con esto. —menciono Amber al ver que Gaby intentaba meter una cobija.

—No me mires a mí, mira a Leonie.

—Yo que.

—No es tan necesario las fundas de dormir, carpa, ventilador, estacas, lona.

—Gabriela, iremos a acampar. Lo que lleva Leonie si es necesario. —dijo Zoey cruzando sus brazos.

Hice un puchero, no llevaba nada extraordinario solo lo esencial como una linterna, brújula, herramienta multiusos, un botiquín de primeros auxilios, medicación personal, jabón de manos y desinfectante de manos, papel higiénico, cepillo de dientes y pasta de dientes, gel de ducha, champú y desodorante, una toalla de secado rápido, un cepillo para el pelo, un espejo de mano, pañuelos y toallitas húmedas para bebés, repelente de insectos, IPhone y cargador, billetera y tarjetas de crédito y mi botella de agua rosa.

No era como Gaby, que no llevaba lo necesario como los colchones o fundas de dormir, una almohada entre otras cosas.

—Chicas, iremos a un campamento en donde nos quedaremos en unas cabañas, no acamparemos en la intemperie.

Amber le parpadeaba un ojo, me preocupe que quiera golpear a mi amiga, aunque ganas no me faltaba de dárselo yo misma.

—Que novedad, debiste de mencionarlo entonces.

—Pensé que les había dicho, Camp Blackcrow tiene muchas cabañas que son muy cómodas en donde podemos estar tranquilas ya que consta de cuatro literas, pero como conozco al dueño nuestra cabaña tendrá camas individuales para que estemos más cómodas.

—Estoy sospechando que ese dueño es tu novio.

Gaby se le subió los colores.

—¡Que no tengo novio! —ella bufo mientras apartaba su flequillo de la cara—mejor estemos preparadas, el autobús saldrá en una hora.

—Bien, entonces tendré que rehacer mi mochila Gaby.

—Solo lleven ropa, y accesorios personales de higiene y cuidado. Lo demás estará en nuestra cabaña.

Me puse manos a la obra y tuve que quitar cosas que según Gaby no son necesarios, observé de reojo como también Zoey y Amberly sacaban también unas cosas y las dejaban en el sillón de mi sala.

Al final todas nos reunimos en mi casa para coordinar nuestra salida al Campamento. Al final opte mejor en llevar una mochila tipo militar, pero en color rosado. Creo que la mayoría se habrá dado cuenta cual es mi color favorito, me recogí el cabello detrás de la oreja y mis ojos recayeron en mi dedo anular izquierdo donde habita todavía el anillo que me regalo James.

—¡Leonie, vámonos!

Me apresuré a salir de mi habitación con la mochila y corrí donde ellas me estaban esperando. Esta vez decidimos ir en taxi hasta el autobús directo a Camp Blackcrow y me sorprendí de ver muchas personas en el lugar -especialmente mujeres- todas haciendo fila en los veinte autobuses de los que pude contar, no sé si habrá más o no.

Mis hermanas siguieron a Gaby que caminaba segura a un autobús, las empecé a seguir también mirando si hay familias o solamente jóvenes.

—No sabemos cómo estará el autobús, pero espero que estemos las cuatro en el mismo lugar, somos dos y dos por lo que no hay problema. —dijo Gaby mirando las personas delante de nosotras.

En la fila donde nos metió Gaby, solo había diez personas y con nosotras cuatro seriamos catorce, Gaby iba adelante, luego estaba yo, atrás de mi estaba Amber y la ultima Zoey. Esperamos hasta que Gaby mostro las entradas que yo pensaba que eran virtuales, la guía nos dejo entrar y Gaby busco un lugar en donde podamos sentarnos y fue en el medio.

Me coloque en el lado de la ventanilla con Amber a mi lado que cerró los ojos dispuesta a dormir, saque mis audífonos y revise mi reproductor de música escogiendo una canción aleatoria para el viaje al campamento.

Pasados unos diez minutos el autobús empezó a moverse, me acomodé en el asiento y cerré los ojos. El cristal de la ventanilla vibraba con cada bache del camino, y mi reflejo se distorsionaba como si ni siquiera yo pudiera sostenerme entera.

Llevaba los audífonos puestos, la música llenaba el espacio en mi cabeza, pero no era suficiente para acallar el murmullo constante de su nombre: James.

Quise ya no pensar en él, me lo juré a mí misma cuando no contestó mis llamadas, cunado decidido no renunciar y volver a mí, Kate me decía que el me amaba, que renuncio. Por eso me volvió a ilusionar con él, pensando que por fin estaremos juntos.

Pero él no volvió.

Afuera las luces de la ciudad se deslizaban rápidas, como si el mundo tuviera prisa en avanzar, y yo no. Yo me quedaba atascada en este sentimiento que nunca aprendí a soltar. Lo amaba. Todavía lo amo, y me duele. Me duele su indiferencia, la frialdad con la que decidió apartarse de mí, como si lo nuestro hubiera sido un error, como si yo hubiera sido solo una sombra pasajera en su vida.

Apoyo la frente contra el vidrio frío, intentando que el contacto me calme. Pienso en cómo me miraba antes, en esa mezcla de cuidado y respeto que me hacía sentir segura. Era mi guardaespaldas, sí… pero para mí fue mucho más. Fue mi refugio, fue mi hogar en un mundo que siempre me resultó extraño dentro de mi propia casa, y ahora es un muro, uno que no sé cómo atravesar.

Me pregunto qué significa el amor en realidad. ¿Es esta constante contradicción? ¿Es querer a alguien, aunque esa persona te niegue una y otra vez? ¿O es aprender a dejarlo ir, aun cuando cada latido insiste en quedarse con él?

La música cambia de canción, pero yo sigo en la misma nota: James. Siempre James.

¿Por qué no puedo olvidarte? Pero me pegunto si es lo que deseo en el fondo de mi roto corazón, olvidarlo. Y mientras el autobús avanza, siento que yo sigo quieta, intentando comprenderme, intentando comprenderlo… intentando comprender este amor que me quema y me congela al mismo tiempo.




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