El campamento Blackcrow estaba envuelto en la luz dorada de la tarde, con el murmullo de los árboles meciéndose como un suspiro interminable. Gaby iba unos pasos adelante con Zoey y Amberly, riéndose de cualquier tontería, mientras yo las seguía con la mirada ausente, todavía arrastrando el cansancio de mis pensamientos.
El lugar era amplio, lleno de cabañas de madera y caminos de tierra que olían a pino fresco. Era la primera vez que venía, y aunque intentaba fingir interés, mi mente volvía una y otra vez a ese encuentro con el chico castaño, parecía de mi edad. Sentía mi corazón latir en mi pecho por el simple hecho de verlo, era guapo hay que admitirlo.
Quizás no he convivido mucho con chicos, no, no es eso, a lo largo de mi vida he conocido toda clase de chicos, tanto mayores como menores, en cada reunión que mi padre hacia siempre me presentaba a sus socios e hijos. Un escalofrió recorrió mi cuerpo al pensar que desde siempre mi padre intento venderme al mejor postor.
Sin embargo, de todos ellos, nadie pudo comprenderme mejor que James, quizás él tenía razón, su mirada que siempre me observa, nuestras charlas nocturnas y los relatos que me contaba cuando se dejaba llevar por el momento, su ternura en sus gestos al arroparme en la cama y darme un beso en la frente.
Yo era su excepción, yo era más que su protegida, el me ama, pero algo no lo deja ser libre, no lo deja amarme. O simplemente me quiero aferrar al único amor que conozco, mire el anillo en mi dedo, a pesar de intentar olvidarlo o odiarlo, yo me aferraba a esa nula esperanza, no puedo deshacerme de estos sentimientos de la noche a la mañana, alce la mirada y casi suelto una maldición, porque lo volví a ver, a ese castaño.
Estaba allí, de pie frente a la entrada principal, dando instrucciones a un grupo de chicos que cargaban cajas. Su cabello castaño brillaba bajo el sol, el mismo desorden natural que recordaba. Y esos ojos… negros, profundos, idénticos a los que me habían detenido en seco cuando choqué con él.
Mi corazón dio un vuelco.
Él también me reconoció. Una media sonrisa se dibujó en su rostro, como si hubiera estado esperando este momento. Se acercó con paso seguro, y cuando estuvo frente a nosotras, se presentó con voz serena:
—Bienvenidas al campamento Blackcrow o Camp Blackcrow como quieran llamarlo. Soy Jared Wood, el dueño de este lugar.
La palabra dueño me golpeó con una fuerza extraña, no era un simple desconocido en la calle ni mucho menos no era una coincidencia pasajera. Era alguien que, por destino o casualidad, volvió a cruzarse conmigo.
¿Estaré salada?
—Jad, espero que el lugar que me prometiste sea perfecto. —Gaby dijo con voz cantarina haciendo sonreír a Jared.
—Todo está en orden señorita Cooper. —le contesto con una sonrisa de lado, luego voltio a verme y me quede tiesa en mi lugar. —Nos vimos hace un momento, ¿cierto? —añadió mirándome directamente, como si hubiera querido confirmar que yo también lo había notado.
No supe qué responder. Sentí la mirada curiosa de Gaby sobre mí, y las risitas de Zoey y Amberly que ya habían notado algo. Mi mundo interior se sacudió otra vez. Porque, aunque mi corazón seguía siendo de James, aunque todavía dolía su indiferencia, esa chispa inesperada con Jared me obligaba a preguntarme… si tal vez el destino intentaba mostrarme otro camino.
—Sí… nos vimos hace rato —dije al fin, apenas con un hilo de voz.
Jared sonrió de lado, como si le divirtiera mi torpeza.
—Lo sabía —respondió con una naturalidad desarmante—. No es fácil olvidar a alguien que tropieza contigo como si estuviera en otro planeta.
Gaby soltó una carcajada suave, y mis hermanas se miraron entre ellas con complicidad. Yo, en cambio, sentí cómo las mejillas se me encendían.
—Lo siento otra vez por eso… —balbuceé, bajando la mirada.
Pero Jared no dejó que me escondiera. Inclinó apenas la cabeza para alcanzar mis ojos.
—No te disculpes. Si no hubiera pasado, quizá no te recordaría ahora… y eso sí sería una pérdida.
Me quedé inmóvil. Sus palabras eran directas, sin rodeos, como una flecha que no buscaba sutilezas. Y aunque intenté convencerme de que no significaban nada, mi corazón se agitó con fuerza, confundiendo aún más mis certezas.
—Bueno, espero que disfruten del campamento —añadió, pero su atención estaba puesta en mí, no en Gaby ni en mis hermanas.
—Si necesitas algo, lo que sea, puedes venir a buscarme. Estaré cerca.
Ese estaré cerca me sonó a promesa, a advertencia, a invitación. Y por un instante, mientras mis hermanas tiraban de mí para seguir explorando el lugar, me descubrí deseando que fuera cierto.
James seguía dentro de mí como un peso imposible de arrancar… pero Jared, con su mirada directa y su interés abierto, acababa de encender una chispa que yo no esperaba. Y temí —o quizás anhelé— que esa chispa se convirtiera en fuego.
¿Está mal intentar algo cuando tu corazón se niega a buscar otro amor?
—No sabía que estabas interesada en Jared, Leonie ¿quieres que te lo presente?
—Porque tengo la sensación que esto no saldrá bien—masculla Amber.
Zoey le da un codazo, luego me mira con aire maternal.
—Ignóralas Lenny.
Sonreí con una sonrisa forzada, no quería por el momento intentar algo con ese tal Jared, quizás me desarmo por un momento, pero debo tener la mente en claro. No busco un romance de verano, o simplemente estoy buscando escusas.
Caminamos hacia un sendero, algo apartado del resto, pero según Gaby ese lugar es para nosotras, seguimos hasta que al final del pequeño sendero de tierra, rodeada por altos pinos y el suave murmullo de un arroyo cercano, se alza una cabaña de madera rústica con techo a dos aguas y ventanas enmarcadas con cortinas de lino blanco. La luz dorada del atardecer se cuela entre las hojas, iluminando la fachada con un brillo cálido y acogedor.
Al abrir la puerta de madera -que cruje suavemente como si saludara- el interior de la cabaña revela un ambiente de ensueño. Las paredes están revestidas en madera clara, tratada con barniz natural que realza sus vetas. El suelo está cubierto por alfombras tejidas a mano con motivos bohemios en tonos tierra y rosado suave.