El olor del óleo todavía flota en el aire, denso y cálido, como si la pintura no hubiera terminado de secarse. Me alejo un par de pasos del caballete, con las manos aún manchadas de pigmentos, y siento que el corazón late distinto, más lento, más pesado.
Admire mi cuadro, aunque no soy muy buena en la pintura. Hay que admitir que logre pintar algo desde el fondo de mi corazón ¿Quién diría que la pintura es más divertido que practicar piano? Aunque me gusta cuando compongo canciones, porque toda mi vida me refugie en la música y el sentimiento que intentaba transmitir.
Ladee la cabeza, el cuadro parecía mirarme, como diciendo que era la mejor creadora. Me reí de mí misma, al principio solo veo los trazos, las capas de color que luché por equilibrar, las correcciones que tapé y las líneas que decidí dejar imperfectas. Pero, poco a poco, ya no reconozco la técnica, observando la figura viva, como si hubiera respirado dentro del lienzo.
Mis ojos siguen la curva de una sombra que me desesperaba y pero al tenerla terminada parece inevitable, como si siempre hubiera estado destinada a caer justo ahí. La luz que quise atrapar me sorprende, porque no sé si la pinté yo o si fue el lienzo el que decidió guardarla.
Cuando Max se puso manos en la obra con el plan, yo decidí meterme a pintar, mis hermanas decidieron conocer el lugar primero, separadas obviamente, según parece que oí que había alguien en el campamento que se le hacia conocido. Supongo que no seré la única que esta en problemas, mientras que Gaby, ella decidió ir a una atracción del campamento, algo como escalar una montaña y tirarse de una cuerda creo.
Paso mis dedos temblorosos por el margen de la pintura, en el taller al final decidí quedarme sola, la mayoría de los que estaban decidieron conocer más el campamento y Jared que estaba detrás mio, fue llamado por unos compañeros, supongo que esta controlando el lugar para que no haya ningún problema.
He estado casi toda la mañana aquí encerrada, pero es raro, porque no es orgullo lo que siento al ver mi pintura, ni siquiera alivio. Es algo más íntimo como una especie de diálogo silencioso con lo que acabo de crear. Sé que ya no me pertenece del todo; que el cuadro, terminado, empieza a ser de quien lo mire.
Me acerco otra vez. La textura bajo mis dedos es áspera en unas partes y suave en otras, como una piel desconocida. Y sonrío, apenas, porque entiendo que todo lo que quería decir está ahí, escondido entre colores, esperando ser descubierto.
—Es hermoso—susurre con una sonrisa sincera.
Al final, puede que tenga un nuevo pasatiempo. Pero tendría que tener un lugar solo para pintar, más viendo el desastre que causa la pintura, mis ropajes y mis manos son conocedores de él.
Saque mi IPhone y le tome una foto, y sin darme cuenta ya la estaba enviando a James. El color se me fue de mi rostro cuando me di cuenta, porque cada vez que hacía algo bien, por muy pequeño que fuera siempre se lo mandaba a él, recibiendo una aprobación.
Mire el chat que nunca archive, y mi corazón se aceleró al ver que lo vio.
Oh, mi…
Espere una respuesta, una reacción, pero nada, aprete el IPhone en mis manos y casi jure que mi corazón de pollito se rompió una vez más.
Joder, porque me esperaba reacción.
Solté un suspiro y lo guarde en mi bolsillo trasero, tome el cuadro y lo deje en el suelo, el sol parecía reflejar en la pintura una sensación melancólica, satisfecha salí del taller directo a la cabaña para darme un buen baño.
Me despoje de toda mi ropa cuando la tina del baño ya estaba medio llena, me sumergí y mis músculos se relajaron, revise mi IPhone en las páginas de noticias, los mensajes de la revista sobre Maxwell seguían circulando entre los adultos del círculo de nuestras familias, puedo ver muchos comentarios de varios socios de mi padre, y cuando pasaba por ahí pude escuchar murmullos, dudas, cuestionamientos de los jóvenes herederos divirtiéndose con esto.
Yo también lo haría si fuera otra persona, pero leyendo el articulo sonreí.
La primera grieta en el muro.
Deje de lado el IPhone y me sumergí en la bañera, descansando mientras reproducía música clásica en el móvil, para después de unos minutos ponerme de pie e ir a cambiarme a un pants negro con una camisa bermellón y miembros me secaba el cabello escuche el IPhone vibrar, rompiendo el silencio en la cabaña.
Dudé en contestar ya que no sabía quién seria, pero al ver el nombre en la pantalla, el aire se me atascó en la garganta: Papá
Deje la toalla de lado y tome el IPhone, barajeando si contestar o no, solté un suspiro y contesté con la voz más firme que pude, aunque mis manos temblaban.
—¿Sí?
La voz de mi padre retumbó al otro lado, cargada de enojo contenido.
—¿Me puedes explicar qué significa esto? —escupió sin preámbulos—. La entrevista de Maxwell, sus declaraciones… ¡Esto parece planeado! ¿Tú sabías algo?
Tragué saliva nerviosa, cosa que ya no debería hacer. El no me hizo caso en la única cosa que le pedí antes de irme a casa.
—Papá, yo…
—No me mientas —interrumpió, con ese tono que me devolvía a la niña asustada que había aprendido a obedecer—. Tú siempre fuiste impredecible. ¿O es que lo has manipulado para sacarte de este compromiso?
Las palabras me atravesaron como cuchillos.
—No estoy manipulando a nadie —logré decir, conteniéndome de insultarlo—Solo… Maxwell y yo no queremos este compromiso, nunca lo quisimos.
Un silencio cargado cayó del otro lado, y luego su voz estalló —¡No tienes idea de lo que está en juego! ¿Crees que esto se trata solo de ti? ¡Son las empresas, la seguridad de la familia, de tu futuro!
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Y mi libertad? ¿Eso no cuenta? —pregunté enfadada— te pedí una cosa que hicieras, de seguro no me has hecho caso y la pobre Kate está atada también— Hubo otro silencio, esta vez más gélido.
—Escúchame bien —dijo con dureza—. Esto no se ha terminado. Ni tú ni Maxwell tienen derecho a arruinar lo que hemos construido. Y si continúas con estas actitudes, no solo habrás perdido un compromiso, habrás perdido mi confianza.