Somos una mentira

24. Entonces fuimos libres

—Clara llevaba tiempo buscando un lugar tranquilo para terminar su tesis. Una amiga le habló de una pequeña casa de campo a las afueras del pueblo: barata, silenciosa y rodeada de bosque. El dueño la alquilaba con gusto, aunque al entregarle las llaves le dijo algo extraño: “Si escucha que alguien le habla en la noche… no responda.” Clara lo tomó como una superstición rural. La primera noche fue normal. El crujido de la madera y el viento contra las ventanas le parecieron sonidos acogedores. Pero a las tres de la mañana, un murmullo la despertó. Era débil, como si viniera de las paredes. No entendía palabras, solo un susurro largo y arrastrado. Se levantó, revisó todas las habitaciones solo para descubrir la nada. —Gaby apago la fogata dándonos un pequeño susto a Zoey, Amber y a mí, ella encendió una linterna alumbrando su rostro

—La segunda noche, el susurro regresó. Esta vez lo escuchó claramente detrás de la puerta de su cuarto. Era una voz grave que repetía “Clara… Clara… ábreme” Aterrada, recordó la advertencia del dueño y no respondió. Pasó el resto de la noche con la luz encendida, temblando. La tercera noche, el susurro cambió de lugar. No estaba en la puerta, ni en las paredes. Venía de debajo de la cama. La voz dijo, con un tono burlón “Ya sé que me oyes…” Clara, paralizada, cerró los ojos y trató de no moverse. Al amanecer, agotada, decidió marcharse. Empacó sus cosas y cuando salió, el dueño la esperaba, como si supiera que se iría. “Duró más que los demás” dijo, mirándola con compasión “Ellos suelen responder la primera noche.” Clara lo miró confundida. “¿Y qué pasa si alguien responde” El hombre guardó silencio, bajó la mirada y finalmente susurró: “Entonces ya no soy yo quien entrega las llaves”

Miré a Gaby con consternación, pues no le entendí muy bien al cuento que ella estaba dando. Se suponía que este día estaremos contando cuentos de terror en la fogata, y lo hicimos detrás de la cabaña, Zoey fue clásica y narro Berenice, de Edgar Allan Poe, Amberly narro una leyenda sobre el hilo rojo y yo narré una leyenda japonesa llamada Tanabata, pero Gaby, en si es interesante pero no se yo sí fui la única que lo entendio.

Lo único que me dio miedo fue cuando apago la fogata, y encendió su cara. Alce mis pulgares dándole un visto bueno, pero ella se estaba riendo, al final decidimos irnos a dormir.

***

Dos días después, Maxwell dio otra entrevista y yo me la pase divirtiéndome en el campamento con Gaby, Zoey y Amber. Iba de camino hacia el comedor a ver que había para cenar, el sol empezó a caer y el cielo se tiñó de tonos naranjas, mi celular vibró en mi bolsillo, lo saqué y al ver el nombre en la pantalla, sentí que el mundo se detenía, era Kate.

Conteste de prisa. —¿Hola?

Su voz sonó diferente, más ligera, como si se hubiera quitado un peso de encima.

—Funcionó. No sé qué hiciste con Maxwell, pero lo que sea que hiciste o hicieron… resultó. Nuestros padres han aceptado, tanto tu y yo somos libres.

Me quedé muda, el corazón a punto de estallar.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que ya no estamos comprometidas, al principio cuando te fuiste papá no dio señales de querer terminar el compromiso, pero eso ayudo a que James no estaba por aquí. Pero Leonie, somos libres—Su risa nerviosa cruzó la línea, vibrante— Les costó admitirlo, pero finalmente cedieron. Me lo dijo mi madre, que puedo escoger ahora a la persona que me guste para poder casarme, ya no habrá más matrimonios arreglado entre nosotras.

El teléfono casi se me resbaló de las manos, cerré los ojos, sintiendo una oleada de alivio recorrerme el cuerpo entero. Maxwell lo había logrado, el plan había funcionado, esta vez por fin estamos libres. No puedo culpar a mi padre, tenía dos hermosas hijas para intercambiar, pero debería saber que nosotras no nos dejaríamos vender, sobre todo yo, la supuesta heredera de los Brandt.

Me quedé mirando el cielo, con lágrimas que esta vez eran de alivio. Por primera vez en mucho tiempo, podía respirar sin culpa, sin un futuro impuesto. Y aunque todavía llevaba conmigo la herida de James, al menos esa jaula se había abierto.

Era libre.

Di un par de saltitos de felicidad y deseé abrazar a alguien.

—Leonieeeee

Pegue un susto, se me había olvidado que estaba conversando con Kate.

—Perdón Kate, que me decías.

—Que si estas con James.

—No estoy con él, ¿Por qué lo dices? —pregunte curiosa.

—Oh, es que el renuncio hace una semana, por eso te preguntaba por si al final ustedes están juntos por fin.

James…renuncio. ¡Hace una semana!

—Yo, no lo sabía Kate.

—Quizás al final tu y el estarán juntos, presiento que muy pronto se encontraran, pero será tu decisión que regrese a tu vida.

Trague pesado. —Lo tendré en cuenta, gracias Kate—susurre.

—Yo confió en su historia de amor Len—solté una risita—iré a divertirme ahora que soy libre.

Rodé los ojos— siempre has sido libre Kate.

—Calla—murmuro enfadada, luego soltó una risa— adiós Len.

—Adiós Kate—colgué el teléfono, sintiendo mi corazón retumbar en mi pecho.

Si James todo este tiempo ha estado intentando volver a mí, ¿sería capaz de darle una oportunidad que vuelva a mi vida? y viendo el sendero iluminado por el sol, supe mi respuesta.

Pasaron los días en el campamento, y decidí enfocarme en lo que realmente necesitaba, en mí. Acompañé a Zoey a montar a caballo, reí con Amberly mientras aprendíamos a hacer fogatas sin quemarnos las manos, y hasta participé con Gaby en un taller de danza improvisada donde terminamos riendo hasta que nos dolió el estómago.

Eran momentos pequeños, pero llenos de verdad, en ellos no era “la hija prometida” ni “la chica que amó a su guardaespaldas”. Era solo yo, solamente yo.

Jared me buscaba a menudo, con esa mirada que no ocultaba nada, sus palabras eran suaves, directas, y cada vez más claras en su interés. Una tarde, mientras me acompañaba de regreso a la cabaña, decidió decirlo sin rodeos.




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