Somos una mentira

25. La desaparición de Melanie Schekeryk

El regreso a casa fue silencioso. Mis hermanas dormían en el auto, exhaustas después de tantos días de juegos y aventuras, y Gaby tarareaba algo distraída mientras conducía. Yo miraba por la ventana, estirándome un poco, tratando de asimilar todo lo que había vivido en el campamento, la libertad recién conquistada, la despedida de Jared, y ese vacío persistente que todavía llevaba dentro.

Agradezco a Jared que nos prestó un carro, siempre y cuando se lo dejáramos en un lugar, supongo que en su residencia. Gaby se hará cargo de eso, mientras tanto me sentía en paz conmigo misma, todavía estoy sanando, pero esta vez no dejare que nadie pisotee mis sentimientos.

Me recargue en el asiento, buscando acomodarme, pero el timbre de mi teléfono rompió la calma. Miré la pantalla, y el aire se me fue de golpe.

Hospital de Health Bellevue

Mis manos temblaban cuando contesté con el corazón acelerado, porque nada bueno sale cuando el hospital llama.

—¿Hola?

La voz al otro lado era rápida, nerviosa.

—¿Señorita Schekeryk? Habla de parte del hospital Health Bellevue donde su madre estaba ingresada. Lamentamos informarle que… su madre ha desaparecido.

—¿Cómo que desapareció? —Era mi imaginación o que ha dicho la recepcionista, esto debe ser una broma, me incorporé de golpe, sintiendo que el mundo giraba bajo mis pies— ¡Ella estaba bajo cuidado médico! ¿Cómo puede simplemente desaparecer?

La mujer del otro lado dudó un instante, como si no quisiera darme detalles.

—No sabemos cómo salió de la habitación. Revisamos las cámaras de seguridad, pero hay un lapso sin grabaciones, estamos buscando dentro y fuera del hospital, pero hasta ahora no hemos encontrado rastro.

Me llevé la mano a la boca, incapaz de procesar lo que escuchaba. Mi madre, que se estaba recuperando de su coma, de sus pesadillas, ella que estaba vulnerable, ella que se sentía… sola.

No, ella no pudo a ver desaparecido así porque si, algo debe haber pasado.

—¿Y la policía? —pregunté, la voz quebrada.

—Ya hemos dado aviso, pero necesitamos que venga cuanto antes para ayudarnos con la información.

La llamada terminó y yo me quedé mirando la pantalla, con el teléfono temblando en mis manos.

Gaby me miró por el retrovisor, preocupada.

—¿Qué pasó? Estás pálida.

Tragué saliva, intentando recuperar la voz.

—Mi mamá… desapareció del hospital.

Las risas y la calma del viaje se disolvieron de inmediato, todo el interior se volvió silencioso, pude sentir la mano de Zoey sosteniéndome el brazo, en mi interior, un miedo helado me envolvió, tan fuerte que por un momento me costó respirar. Apenas había comenzado a sentirme libre… y ahora el mundo me arrancaba de nuevo hacia otra batalla inesperada.

Acaso es esto llamado la calma antes de la tormenta, estábamos bien antes y ahora…Me abrace a mi hermana que intentaba controlar el temblor que mi cuerpo emitía.

Y llegar al hospital se sintió como si fuera un gran recorrido, ya dentro el hospital estaba iluminado con un blanco demasiado frío. No corrí, pero cada paso se sintió como una carrera contra un tiempo invisible, mis hermanas y Gaby se quedaron en la sala de espera, aunque sus rostros asustados me siguieron como fantasmas.

Quería que mis hermanas me acompañaran, pero según el hospital solo la persona que firmo los papeles de la paciente tiene derecho a saber lo que pasa. Quería maldecir al sistema por eso, pero ahora, es más importante mi madre.

En cuanto crucé el pasillo principal, me encontré con un caos controlado, enfermeras hablando entre sí en voz baja, un policía tomando notas, un médico con el ceño fruncido revisando un expediente. Todo el mundo parecía ocupado, y a la vez, nadie parecía tener respuestas.

—Disculpe, soy la hija de Melanie Schekeryk—mi voz salió temblorosa cuando detuve a un doctor, casi un susurro.

El médico levantó la vista, reconociendo mi nombre al instante, se acercó con expresión grave.

—Gracias por venir tan rápido. Lamentamos mucho la situación, su madre… desapareció de su habitación hace unas horas.

—¿Desapareció? —sentí cómo la rabia se mezclaba con el miedo—. Ella estaba aquí para recuperarse. ¿Cómo puede desaparecer alguien enfermo en un hospital?

El policía se unió a nosotros, su libreta en mano.

—Estamos investigando. Revisamos las cámaras de seguridad, pero curiosamente… hay un lapso de casi veinte minutos en el que no hay grabaciones.

Me quedé helada.

—¿Veinte minutos borrados? Eso no es un error técnico.

El oficial asintió lentamente.

—Pensamos lo mismo. Por eso necesitamos saber si su madre tenía enemigos, alguien que quisiera hacerle daño… o tal vez… —dudó— alguien muy interesado en sacarla de aquí sin dejar rastro.

Tragué saliva porque en mi mente comenzaron a cruzarse nombres, posibilidades, sospechas. Mi madre no era una mujer cualquiera: había secretos, alianzas que quizás no conocía o siendo más sincera todavía no la conocía, ella apenas estaba empezando a contarnos sobre ella, no entiendo quién podría haberla sacado.

Más si era con su consentimiento o no.

—Ella no se habría ido sola —susurré con firmeza—No en su estado y si se fue… es porque alguien la sacó.

El médico me puso una mano en el hombro.

—Estamos haciendo todo lo posible. La policía ya tiene órdenes de rastreo, y nosotros hemos avisado a todo el personal.

Pero sus palabras no me consolaron, porque lo que yo sentía en el fondo no era simple preocupación, era el presentimiento oscuro de que aquello no había sido un accidente.

Al mirar hacia el pasillo vacío, sentí que un nuevo laberinto acababa de abrirse frente a mí. Y esta vez, no sabía si estaba lista para lo que iba a encontrar.

Sali hasta a la sala de espera, viendo como unas ansiosas Amberly y Zoey me esperaban, no había rastro de Gabriela.

Me acerque a ellas. —Alguien debió haberla sacado de aquí, el oficial reviso las cámaras de seguridad y hay lapso de casi veinte minutos en el que no hay grabaciones. Estoy segura que alguien la saco de aquí, pero no se si esa persona es buena o mala.




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