Somos una mentira

26. El dueño de mi caos

Tres días, habían pasado tres días sin dormir bien, con llamadas constantes a la policía, entrevistas con doctores y enfermeras, y la misma respuesta una y otra vez, no había nada nuevo. El vacío en mi pecho se volvía insoportable, y cada noche me preguntaba si mi madre estaría bien, si aún respiraba, si volvería a verla.

O si ella quiere ser encontrada.

Salí del hospital con una carpeta de papeles que ya no tenían sentido, y decidí caminar un rato para despejar mi cabeza. La ciudad seguía su vida como si nada, indiferente a mi caos, y esa indiferencia me quemaba.

La lluvia caía con furia, como si el cielo también quisiera gritar. Las calles estrechas de la ciudad eran un laberinto borroso, y yo solo caminaba, sin rumbo, sin pensar. O tal vez pensando demasiado.

Huía.

La libertad que tanto había soñado pesaba más de lo que imaginé. Cada paso se sentía vacío, cada respiración me recordaba lo que había dejado atrás.

Doblé una esquina, distraída, y me detuve de golpe.

Parpadeé pensando que esta imaginando, pero no lo estaba, porque lo vi y sentí que el aire se me quedaba atrapado en los pulmones. Ese chico atractivo, tan descarado que parecía hecho a propósito para desarmar a cualquiera, era demasiado guapo, de ese tipo de belleza que duele mirar porque no sabes si admirarla o huir de ella. Llevaba en los hombros esa aura de chico malo, una mezcla peligrosa de arrogancia y libertad que se notaba en la forma en que se movía, como si el mundo entero fuera suyo.

Sus ojos, avellana, brillaban con una intensidad inquietante, cambiando entre la calidez del ámbar y la frialdad del verde según la luz. Era imposible no sentir que te miraban de verdad, que podían atravesarte, desnudar pensamientos que ni tú querías reconocer, su sonrisa, apenas insinuada en un gesto ladeado, no ayudaba: tenía la osadía de quien sabe exactamente el efecto que provoca.

Y yo… yo solo podía escuchar el latido acelerado de mi corazón al darme cuenta de quién era.

Él estaba ahí.

James.

Apoyado en un coche oscuro, con la misma postura serena y segura de siempre, como si el tiempo no lo hubiera tocado. Su mirada, esa mirada que tanto había amado y odiado se alzó hacia mí, clavándose con una intensidad que hizo que mis pasos se congelaran.

El aire se me quedó atrapado en la garganta.

—No… —susurré incapaz de creerlo—Tú…

Él se enderezó lentamente, guardando las manos en los bolsillos de su chaqueta.

—Has cambiado —dijo con esa voz grave, inconfundible, que removió recuerdos que me dolían como cicatrices abiertas—Pero tus ojos siguen siendo los mismos pequeña Lenny. —Sonrió, con esa sonrisa que me descolocaba.

Un millón de emociones me golpearon al mismo tiempo, ira, alivio, dolor, amor, rencor. Lo había imaginado tantas veces, pero jamás pensé que el destino me lo pondría enfrente justo ahora, cuando todo lo demás en mi vida estaba en ruinas.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté con un hilo de voz luchando contra las lágrimas.

James me sostuvo la mirada, implacable y a la vez vulnerable.

—Buscándote.

Katerina tenía razón, el vendría a buscarme e intentar darme explicaciones y…dependía de mi si lo quiero de nuevo en mi vida. Antes lo pensé bien, lo quería conmigo, a mi lado, pero ahora frente a frente, quería irme.

El corazón me traicionó con un latido desbocado, pero mis labios se apretaron, porque también recordaba su indiferencia, su distancia, todo lo que me había roto. Y ahora, en medio de la desaparición de mi madre, su regreso no era una simple coincidencia, esto era una tormenta más que se sumaba a mi caos.

Me quedé ahí, mirándolo, con el corazón golpeando contra mis costillas como si quisiera escapar, tres días sin noticias de mi madre, tres días de angustia, y ahora, como si el destino quisiera jugar conmigo, lo tenía frente a mí al dueño de mi corazón.

—¿Buscándome? —repetí y mi voz sonó quebrada, cargada de incredulidad y rabia contenida—¿Después de todo este tiempo… después de lo que hiciste… ahora dices que me buscabas?

Él no apartó la mirada, aunque un músculo en su mandíbula se tensó.

—No fue tan simple como crees.

Sentí cómo la furia me subía al pecho, quemándome.

—¡Claro que fue simple, James! —di un paso hacia él, con los ojos ardiendo—Yo te amaba, ¿entiendes? Te di mi confianza, mi corazón entero… y tú me disté la espalda. Fingiste que no te importaba ¿Sabes lo que dolió tu indiferencia? ¿Lo que me costó levantarme después de que me dejaste con nada?

Por un instante vi algo romperse en sus ojos, pero lo ocultó de inmediato.

—Era lo que tenía que hacer.

—¡No! —negué con fuerza, la voz quebrándose—Era lo que elegiste hacer, te escondiste detrás de tus excusas y me dejaste a mí con las sobras de lo que sentías… si es que sentías algo.

El silencio se hizo pesado, el ruido de la ciudad se volvió lejano, como si solo existiéramos él y yo en ese instante.

James avanzó apenas un paso, lo suficiente para que su presencia me envolviera.

—No fui indiferente —dijo en un susurro tenso, casi doloroso—Nunca lo fui.

—¿Entonces qué fuiste? —escupí con rabia, aunque mis lágrimas ya brillaban en los ojos—Porque lo único que yo recuerdo es haberme roto por alguien que ni siquiera intentó pelear por mí.

Su respiración se volvió más profunda, y por un segundo, pareció que iba a decir la verdad, a desnudar todo lo que había ocultado. Pero se contuvo, sus labios se apretaron, y esa contención me hirió más que cualquier mentira.

Me giré, con las lágrimas finalmente cayendo.

—Te odié por eso, James… —susurré sin mirarlo—Y lo peor es que todavía no puedo dejar de amarte.

El silencio detrás de mí fue insoportable, no hubo excusas, no hubo manos intentando detenerme. Solo la misma distancia que siempre había puesto entre nosotros.

Y esa distancia volvió a romperme en mil pedazos.

Entonces corrí alejándome de él, quería huir de él, ya no quería tenerlo cerca de mí, no quería volver a caer ante él, pero debía suponer que no era tan rápida como quisiera, ya que entonces, de pronto, una mano me atrapó del brazo con fuerza, obligándome a girar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.