Somos Veneno.

20.

Sanka:

Cuando despierto, el frío es tan intenso que siento mis extremidades congeladas a tal punto que apenas puedo moverlas. Las puntas de mis dedos están moradas.

Estoy en una especie de celda, con barrotes plateados y con detalles raros. Me incorporo con algo de esfuerzo y me apoyo contra la pared para abrazar mi vientre con terror. No tengo idea de qué sucederá, esos monstruos me secuestraron.

— ¡¿Hay alguien ahí?! —exclamo con desesperación, no puedo seguir tolerando el frío.

Unos pesados pasos se oyen desde el pasillo y un ángel se para frente a la celda. Es forzudo, luce una armadura dorada, su piel es de un tono pálido y su cabello es blanco, a pesar de su aspecto joven. Sus alas son enormes, a pesar de que no las tiene extendidas. Sus ojos tienen un tono dorado brillante.

—Has despertado, humana —dice cruzándose de brazos.

La puerta se abre por sí sola y me apego lo más que puedo a la pared, como si eso sirviera de algo. Miro el lazo marcado en mi mano y ruego en mi mente porque Keyler se dé prisa.

El ángel me toma del brazo y me levanta, chillo y trato inútilmente de liberarme, pero no tengo la fuerza suficiente.

Estoy muy débil.

— ¿Qué quieren hacerme? —Logro preguntar con voz firme y me mira a los ojos.

—Ambas deben ser purificadas antes de ascender al paraíso con las demás almas. De lo contrario, serán desterradas al infierno —explica mientras me lleva a través del pasillo.

Las celdas están vacías, cosa que me sorprende y aterra a la vez.

— ¿Ascender? ¡¿Qué ganan con asesinarme?! ¡¿Su propósito no es ayudar a los humanos?! —reclamo retorciéndome en sus brazos.

—La muerte es una transición necesaria. Pero no la primera por la que pasarás, así que puedes estar tranquila.

Atravesamos un gran portón con detalles en oro y esmeraldas. Unas escaleras de mármol blanco nos esperan y me arrastra por ellas. En lo único que puedo pensar es en lo que sea que esté en mi vientre.

Ellos saben que estoy embarazada de un híbrido, por eso me llevaron. Estoy segura.

No dejaré que maten a mi hijo, no después de tantas pérdidas.

«Keyler... Apresúrate».

El lazo en mi mano arde con fuerza y muerdo mi lengua para no demostrar mi dolor.

—Es realmente desafortunado lo que les sucedió a ustedes —masculla el monstruo—, terminar siendo esclavo de Phanton y Ancla de esos animales.

—Keyler no es un animal, ustedes lo son, ¿qué te hace pensar que asesinarme solo para perjudicar a mi híbrido no es pecar?

Una amplia sonrisa se forma en su rostro y se detiene para estamparme contra la pared.

— ¿Tienes idea de por qué nos es tan sencillo hacer todo lo que hacemos? —Se acerca a mi oído—, Porque ni siquiera nuestro Señor está del lado de esos monstruos. ¿Por qué querría una especie que ni siquiera quiso crear y que sólo trae destrucción al mundo? Están sucios con sangre infernal. Esa otra forma que tienen es anormal. Ningún demonio puede cambiar así, sosteniendo un aspecto tan humano. Están solos y deben ser exterminados. —Respira en mi cuello—. Si lo piensas, hasta los Nefilim tienen menos caza que ellos. Una cosa es que un ángel de meta con humanos y una muy diferente es que un demonio lo seduzca.

—Ustedes traen destrucción al tratar de asesinarlos —espeto—, no lo lograrán, ¿sabes por qué? Porque ellos tienen todas las ganas de vivir que ustedes ya han perdido con los milenios.

Su fría mano se desliza bajo mi blusa, posándose en mi abdomen y gimo con terror.

— ¿Crees que los engendros que crecen en tu interior merecen algún tipo de salvación? —dice mirándome fijamente—. Vamos, humana, ni siquiera tu cuerpo puede soportar su anatomía.

—Vete al infierno.

—Ya quisieras.

Quita su mano de mí y sigue arrastrándome hasta que llegamos a una habitación donde el blanco lo reina todo. Una camilla de metal me espera y otros dos seres.

El primero tiene un aspecto muy humano y parece de treinta años, trae una bata y un barbijo. Su cabello castaño deja mechones sobre su frente. El segundo tiene un tono de piel demasiado oscura, pero pareciera tener ascendencia caucásica hablando de sus facciones, su cabello es naranja zanahoria y su sonrisa muestra dientes afilados.

El ángel me levanta y me deja sobre la camilla, donde mis manos, pies y cuello son sujetados por alguna fuerza invisible. No puedo moverme.

—Bien, empecemos —dice el de cabello castaño acercándose.

La zanahoria se acerca con unas tijeras para cortar mi ropa y no me inmuto por ese detalle, temo demasiado por lo que intenten hacerme como para preocuparme por estar semidesnuda ante ellos.

— ¿Qué mierda quieren hacerme? —Me retuerzo, pero es inútil.

 

—No puedes ser purificada con esos bebés dentro, ¿no es así?

«¿Esos?»

— ¿S-Son dos? —pregunto sorprendida.

Cuando el ángel dijo "engendros" creí que se refería a los demás que había abortado.

—Tres —informa—, pobre alma en desgracia, lo que ese monstruo te ha hecho es espantoso —dice el de cabello naranja y su voz se oye femenina—. Lilith tiene las custodias de esos bebés, ¿lo sabías?

Una lágrima desciende por mi mejilla, ni siquiera contesto.

— ¿Ves que es un monstruo? —Rasga la herida el ángel—. Te obligó a deshacerte de cada uno de ellos porque no soporta la idea de desaparecer. Es egoísta, sabiendo que pudiste morir con tantos abortos, sabiendo que esas almas vivirían siendo torturadas por esa demonio asquerosa. No le importó nada, Sanka.

—Ya basta —murmuro—, Keyler...

— ¿Siquiera conoces la verdadera naturaleza de tu lazo con esa bestia? —pregunta la de cabello naranja—. Los híbridos tienen diferentes tipos de lazos con las Anclas, varían dependiendo el sujeto. Keyler Sheridan tuvo la mala suerte de cargar con un lazo sentimental.




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