Somos Veneno.

21.

Zed:

Solo puedo ver todo rojo a mi alrededor. Arrojo todo lo que hay sobre la mesa al suelo, causando que las botellas de whisky se hagan pedazos.

Sujeto la mesa y la hago cenizas. Estoy ardiendo, no puedo creer lo que ha sucedido.

Se la han llevado.

Se la llevaron a ese asqueroso lugar que yo no puedo pisar. ¿Cómo se supone que vaya por ella?

— ¡Maldita sea, Victoria! —exclamo golpeando la pared una y otra vez, hasta que mis nudillos sangran y atravieso el yeso.

Ese infeliz de Phanton no nos dijo que tenía un maldito arcángel encerrado en su sótano, ¿cómo pudo hacer eso? Sabiendo que Victoria estaría allí abajo... Sabiendo que nosotros cumplimos el contrato al pie de la letra, nos traicionó.

A mí nadie me traiciona.

Se llevaron a Sanka y todos confían en mí para sacarlos de allá arriba, pero no es tan fácil, al desterrarme, moriré si pongo un pie allí. No puedo hacerlo, no puedo salvarlas.

No quiero desaparecer, esos monstruos no se saldrán con la suya.

—Ay, Zeddy, Zeddy, Zeddy —dice alguien a mis espaldas—, tan iracundo como siempre.

Me giro para ver a Skylar, con su cabello rubio en ondas desarmadas y su esbelto cuerpo vestido con un pantalón suelto y un top negro que me deja ver su estómago. Luce tan despreocupada como de costumbre, sus ojos claros me miran con curiosidad y sus rozados labios se abren en una sonrisa de lado que detiene mi corazón.

—Has vuelto —observo recuperando la calma.

—Sí, bueno, me necesitaban por aquí —dice cruzándose de brazos—. En fin, ¿por qué tan nervioso?

— ¿Por qué? ¡Mi Ancla fue secuestrada por ángeles y la de tu hermano también!

—Detalles, Zeddy, detalles menores. —Hace un ademán con su mano, restándole importancia.

— ¿Que yo desparezca te parece un detalle menor?

—Podemos resolverlo, tranquilo. —Deja caer su mano sobre mi hombro y la aparto como si me doliera.

— ¿Ahora me vienes con eso? Te fuiste, Skylar. Te desvaneciste de la noche a la mañana y sin decir adónde ibas.

— ¿Por qué te lo diría? Si me fui, es porque quería estar sola.

Se deja caer en un sillón color verde oscuro y apoya sus pies en el apoyabrazos del sofá junto a este.

—Te dije que te necesitaba.

—Sí, y dije que necesitaba un cambio de aire.

— ¿Por qué haces eso?

— ¿Disculpa? ¿Qué tú no me lo hiciste siglos atrás? No me vengas con reclamos, Kabock. A diferencia de ti, prefiero vivir la vida que ser niñera.

—Oh, le dejas tu Ancla a tu pobre hermano para que la cuide por ti, qué considerada.

—Eres tan dramático...

— ¿Lo soy?

—Lo eres —musita poniendo su mano en mi mejilla.

—Nos unimos para cuidarnos los unos a los otros, Sky. —Le recuerdo envolviendo mis dedos en un mechón de su dorado cabello.

—Admito que te he extrañado un poco —dice bajando sus manos por mi pecho y coloco las mías en su cintura—, ese fuego que tienes no lo tiene nadie.

—Dime algo que no sepa, cariño.

Hace siglos que Skylar y yo tenemos estas idas y vueltas. Este fuego que se enciende en nosotros cada vez que estamos cerca. No es amor, de eso puedo estar seguro. No soporto cuando desaparece, las humanas no me satisfacen, no como ella.

—Recuperaré a mi cuñadita y a tu Ancla, esas palomas deformes no nos vencerán —susurra en mi oído.

—He estado en abstinencia de ti por mucho tiempo —digo—, eres malvada.

—Bien que te gusta que sea mala. —Sonríe de lado y me besa.

Todo es salvaje, caluroso. Su aroma es tan delicioso.

Sus piernas envuelven mis caderas y la sostengo, mi lengua entra en su boca y se divierte con la suya. La deposito sobre la alfombra, ella arranca mi camiseta y hago lo mismo con su top.

—Sabes, voy a empezar a traer mudas de ropa cada vez que te veo, siempre terminamos destruyendo lo que tenemos encima —dice entre risas.

—Es un buen plan.

Su pantalón termina en algún lugar del cuarto, quién sabe dónde.

— ¿Tatuaje nuevo? —pregunto señalando la rosa en la parte baja de su abdomen.

—Algo así.

Me toma por la nuca para atraerme hacia ella y besarme nuevamente, se deshace de mi pantalón y yo de su ropa interior. Skylar no se compara con ninguna con la que haya estado, su cuerpo es perfecto.

Sus labios son como un calmante, sus brazos una manta que me rodea y calienta, su voz es música en mis oídos y su interior es mi hogar.

Siento que mis frustraciones se desvanecen con cada movimiento, con cada uno de nuestros gemidos y sonrisas. La extrañé tanto...

—Te necesito conmigo —digo en su oído—, debemos estar todos juntos para sobrevivir.

—Bueno, jefe. —Sonríe contra mi boca y sus dedos envuelven mi cabello castaño—. Creo que es hora de que domestique mi caniche.

Todo termina y se siente tan familiar, tan cómodo. Me dejo caer sobre ella, algo cansado de mi vida y rodea mi cintura con sus brazos.

—Escucha, Zeddy. Keyler cometió un grave error —dice y estiro mis brazos para apartarme de su cuerpo y mirarla a los ojos.

— ¿Error?

—Embarazó a la chinita.

— ¡Ese imbécil! —exclamo levantándome y tomando mi ropa—. ¿Por qué lo hizo? ¿Cómo es posible?

—Larga historia... Pero la cosa es que debemos apresurarnos en ir a buscarla —dice levantando su ropa, o lo que queda de ella.

—No es tan fácil... Sino, ya hubiese ido por Victoria.

—Sé que no puedes subir, Kabock, pero eso no impide que yo lo haga.

—Le declaraste la guerra al Cielo, ¿estás loca? —pregunto poniéndome mi boxer y luego mis pantalones.

—Eso no es más que una vieja superstición. —Le resta importancia mientras se acerca a la mochila donde traje lo poco que pude rescatar de mi ropa.

Skylar es una amante de la adrenalina, claro que no le interesa los peligros que la esperan allá arriba.




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