La noche en Green Hills era un manto de terciopelo salpicado de diamantes. Lejos del ruido de la casa de los Wachowski, Shadow y María se encontraban en la cima de la colina más alta. Se habían sentado en silencio, dejando que el viento meciera sus púas y que el aroma a pino y tierra húmeda llenara sus sentidos.
Shadow miraba de reojo a María. Ella tenía la vista clavada en el cielo, con una expresión de asombro que le partía el corazón y, al mismo tiempo, se lo curaba.
—Es real, Shadow... —susurró María, rompiendo el silencio—. En la base de GUN, a través de las simulaciones que Rockwell me obligaba a ver, las estrellas parecían frías, como puntos de luz en un monitor. Pero aquí... puedo sentir su calor lejano.
Shadow cerró los ojos y, de inmediato, un recuerdo lo golpeó con la fuerza de un rayo. Se vio a sí mismo en los oscuros pasillos de la base de entrenamiento de GUN, meses antes. Estaba solo, encerrado en una celda de meditación, tratando de recordar la voz de María mientras miraba una pequeña rejilla de ventilación. En aquel entonces, la esperanza era un veneno; ahora, era el aire que respiraba.
—Cincuenta años, María —dijo Shadow, con la voz un poco quebrada—. Pasé cada uno de esos años prometiéndome que, si alguna vez volvía a ver este cielo, sería contigo a mi lado. Rockwell intentó borrarnos, intentó convertir nuestro vínculo en un arma... pero las estrellas no olvidan.
María se acercó y apoyó su cabeza en el hombro de Shadow. Él se tensó por un segundo, desacostumbrado al afecto físico, pero luego se relajó, dejando que la presencia de ella lo anclara al presente.
—Shadow, quiero que veas algo. No lo que Rockwell me obligaba a hacer, sino lo que siento que realmente es este poder.
María se puso de pie. El viento sopló con más fuerza, agitando su pelaje dorado. Cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente. De repente, su cuerpo empezó a emitir un fulgor suave, un amarillo cálido que recordaba a los primeros rayos del sol en verano.
No hubo explosiones, ni ruidos violentos. De sus manos brotaron hilos de luz pura que empezaron a danzar en el aire como si tuvieran vida propia. María movió sus brazos con la gracia de una bailarina, y la luz comenzó a formar figuras: un pájaro, una flor, y finalmente, una réplica exacta de la Colonia Ark flotando sobre la hierba.
—Es Luz Caos —explicó ella, mirando las figuras brillantes—. Rockwell decía que mi luz debía ser un láser que perforara el acero. Pero yo descubrí que si dejo que la energía fluya con mis sentimientos, puede crear. Puede sanar.
Shadow se levantó, fascinado. Extendió su mano y tocó la réplica de luz de la Ark. Al contacto, sintió una oleada de paz que recorrió su sistema nervioso. Sus niveles de Energía Caos, siempre inestables y cargados de agresividad, se sincronizaron con los de María.
—Eres el equilibrio, María —dijo Shadow con asombro—. Mi energía es destrucción y gravedad. La tuya es creación y vida. Juntos... no hay nada en este mundo que pueda detenernos.
Mientras tanto, en el garaje, la luz de las lámparas seguía encendida. Sonic, Tails y Knuckles estaban rodeados de mapas, mochilas y equipo tecnológico.
—Muy bien, equipo —dijo Sonic, guardando un par de anillos de teletransportación en su cinturón—. Shadow y María necesitan este tiempo, pero nosotros tenemos que estar listos. Rockwell no va a dejar que "su propiedad" se pasee por el mundo tan fácilmente.
—He estado rastreando las señales de frecuencia de GUN —intervino Tails, señalando un mapa holográfico—. Se están moviendo hacia las ruinas antiguas de las pirámides en el desierto. Parece que buscan algo llamado "El Altar de los Ancestros".
Knuckles golpeó sus puños, haciendo que las chispas saltaran.
—Ese lugar pertenece a la historia de mi pueblo. Si GUN busca reliquias antiguas para potenciar su tecnología, es una profanación que no permitiré.
Sonic miró por la ventana hacia la colina donde Shadow y María seguían bajo las estrellas. Sentía una inmensa felicidad por su amigo. Sabía lo que era perderlo todo y encontrar una familia, y ver a Shadow finalmente en paz era la mayor victoria que habían tenido hasta ahora.
—Hablaremos con Shadow mañana —concluyó Sonic—. Iremos todos. Esta no es solo la batalla de Shadow; es nuestra aventura. María merece conocer este mundo, y nosotros vamos a ser los mejores guías turísticos que haya tenido jamás.
El capítulo termina con una toma lejana de la colina. En la oscuridad de la noche, se ven dos pequeños puntos de luz: uno rojo y uno dorado, brillando juntos en perfecta armonía, mientras en algún lugar oculto en las sombras, un ojo mecánico de GUN parpadea, enviando la ubicación exacta de los héroes a una Directora Rockwell que ya está preparando su próximo movimiento.
Fin del Capítulo
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Editado: 13.01.2026