El rugido del océano era ensordecedor. Las paredes de cristal de la base de GUN crujían bajo la presión de miles de toneladas de agua. Shadow, con las manos temblorosas por el esfuerzo, terminó de destrozar las cadenas de Sonic.
—¡Vamos, azul! ¡No es momento para una siesta! —gritó Shadow, pasando el brazo de un exhausto Sonic sobre sus hombros.
A pocos metros, María se mantenía en pie, respirando con dificultad. El casco de control de Rockwell yacía en el suelo, convertido en chatarra humeante. Sus ojos azules habían recuperado esa chispa de bondad y sabiduría que Shadow recordaba de las estrellas.
—¡Tails! ¡Knuckles! ¡Salgan de ahí ahora! —ordenó Shadow por el comunicador.
—¡Estamos en el hangar! ¡El submarino de Eggman está listo! —respondió Tails entre sonidos de explosiones.
Con un último esfuerzo coordinado, los tres erizos corrieron por los pasillos inundados. Shadow utilizó un Chaos Control de corto alcance para saltar las brechas donde el suelo ya había desaparecido. Lograron entrar en el submarino justo cuando la estructura principal de la base colapsaba sobre sí misma. El Sector Omega de la Directora Rockwell era ahora una tumba de metal en el fondo del mar.
Cuando el submarino emergió a la superficie, cerca de las costas de Green Hills, el equipo pensó que todo había terminado. Pero el radar de Tails empezó a pitar con violencia.
—¡Algo viene de las profundidades! ¡A gran velocidad! —gritó el zorro.
De repente, el agua estalló en mil pedazos. Metal Sonic salió disparado como un proyectil, con sus circuitos soltando chispas pero sus ojos rojos brillando con una orden final de Rockwell: Destrucción total.
El robot se lanzó contra el submarino, obligando a todos a saltar hacia la orilla de una isla cercana. La batalla final comenzó. Sonic, recuperado por el aire fresco, se lanzó en un Homing Attack tras otro, pero la armadura de Metal era casi impenetrable.
—¡Necesitamos combinar las fuerzas! —gritó Knuckles, lanzando un puñetazo que hizo retroceder al robot—. ¡Tails, busca un punto débil!
Tails, usando su tableta, detectó que el núcleo de Metal estaba sobrecalentado por el escape de la base.
—¡Si Shadow y Sonic atacan el núcleo al mismo tiempo con energías opuestas, el sistema colapsará!
Sonic asintió y miró a Shadow.
—¿Listo para un baile, hermano?
Shadow no respondió con palabras, pero su aura roja estalló. María, desde la orilla, extendió sus manos y canalizó su propia luz hacia ellos, potenciando sus velocidades. Sonic y Shadow se convirtieron en un torbellino de color azul y rojo, chocando contra Metal Sonic en un impacto sincronizado. El estallido de energía fue tal que el robot se quedó inerte en el suelo, con sus ojos apagándose lentamente. La tecnología de Rockwell había fallado ante la voluntad de una familia unida.
Días después, la paz volvió a reinar en Green Hills. La Directora Rockwell, tras haber escapado en una cápsula de emergencia, se encontraba en una ubicación desconocida de GUN, observando las ruinas de su plan a través de un monitor. Sus manos se cerraron en puños.
—Creen que han ganado... —susurró con una voz llena de veneno—. Pero la Sombra y la Luz no pueden coexistir para siempre. Volveré, y esta vez, no habrá lugar donde esconderse.
Mientras tanto, en la casa de los Wachowski, el ambiente era muy diferente. María pasaba las horas en el jardín, fascinada por las flores y los pájaros. Shadow no se apartaba de su lado, como un guardián silencioso. Habían tenido momentos a solas donde él le devolvió su bufanda roja, y ella, con lágrimas en los ojos, le prometió que nunca más volverían a separarse.
Esa noche, Maddie preparó un banquete para celebrar. Después de la cena, todos se reunieron en la sala. Sonic, con su característica energía, se puso de pie y levantó su vaso de jugo.
—Quiero decir unas palabras —dijo Sonic, mirando a todos—. Al principio, pensé que Shadow era solo un tipo amargado con un pasado triste. Pero verlo hoy, viendo cómo cuidó de María y cómo arriesgó todo por nosotros... me di cuenta de que Shadow no es la "Forma de Vida Suprema" por sus poderes, sino por su corazón. María, gracias por volver, porque hiciste que nuestro erizo gruñón favorito finalmente sonriera.
Shadow, que estaba sentado junto a María, sintió que el calor le subía a la cara. Intentó ocultar su rostro en el cuello de su bufanda, pero era inútil; estaba completamente rojo de la pena y la vergüenza por el discurso emocional de Sonic.
—Cállate, Sonic... —murmuró Shadow, mirando hacia el suelo mientras Knuckles y Tails se reían por lo bajo.
María miró a Shadow con una ternura infinita. Se acercó lentamente y, ante la mirada de todos, le dio un suave y tierno beso en la mejilla.
Shadow se quedó petrificado, como si le hubieran aplicado un Chaos Control interno. Sus ojos se abrieron de par en par y el silencio reinó en la habitación por un segundo, antes de que Sonic soltara una carcajada de victoria.
—¡Mírenlo! ¡El Erizo Supremo se ha quedado sin palabras! —bromeó Sonic.
Shadow no respondió, pero por primera vez, no estaba enojado. Simplemente cerró los ojos, disfrutando de la calidez en su mejilla y de la presencia de María a su lado. La luz había vuelto a su vida, y esta vez, era para quedarse.
Fin del capítulo.
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Editado: 13.01.2026