—El colmo es que juegues conmigo de este modo, con la vida de mi familia—respondí.
—Aquí nadie está jugando. Siempre obtengo lo que quiero y esta vez no será diferente. No perderé todo lo que tengo por tu culpa. —yo me senté pensativa, con duda y miedo. Tenía dos hermanas pequeñas y un bebé en mi vientre, la triste realidad que necesitaba dinero y tranquilidad, dos cosas que si no aceptaba el trato de Alexander no obtendría. Pasé todo el vuelo pensativa mientras mi jefe se limitó a leer un libro durante todo el trayecto, cuando el avión aterrizó me observó tranquilamente.
—Necesito saber si ya tomaste una decisión—pronunció.
—Está bien Alexander, me casaré contigo a cambio de esos cinco millones y de que dejes en paz a mi familia—respondí y él sonrió complacido. Cuando bajé del avión mi madre me estaba esperando allí con mis dos hermanas, una de siete años y la otra de seis, las tres corrieron a abrazarme.
—¿Y él quién es? —preguntó mi hermana más pequeña Jani al ver a Alexander parado detrás de mí, yo no imaginaba que estaba allí, pensé que había seguido su camino pero no era así. Suspiré antes de decir nada.
—Soy Alexander Cooper, su prometido—pronunció extendiendo su brazo para saludar a mi madre—mucho gusto señora, Julieta y yo venimos a invitarlas a la boda—exclamó, mi madre me miró como si se le hubiera aparecido un fantasma, no podía creerlo.
—Julieta por qué no nos dijiste nada, pensé que vendrías sola, que habías renunciado a su trabajo—pronunció.
—Nada de eso, solo mintió un poquito porque quería darles la sorpresa e invitarlas a la boda.
—¿Y él trabajo? ¿No renunciaste verdad? —cuestionó mi madre.
—No para nada. No sería muy juicioso renunciar a un trabajo tan bien remunerado. —hablò Alexander.
—Es lo que le digo, no importa que tan gruñón sea el jefe y amargado cuando la paga es buena—exclamó, Alexander sonrió.
—Julieta no sabía que ya le habías hablado de mí a tu mamá—exclamó con una medio sonrisa en los labios mientras yo carraspeé y tragué en seco abriéndole los ojos enormes a mi mamá.
—No me digas Julieta, él es tu jefe, ¿te casas con tu jefe? —Alexander asintió—lo sabía, siempre supe que te gustaba desde que empezaste a criticarlo—dijo como si él no estuviese ahí haciéndome sentir avergonzada.
—Es muy guapo—dijo mi otra hermanita mientras la más pequeña le chocó el hombro.
—Mejor vayamos a casa—afirmé.
—No se preocupen traigo mi auto—dijo mi madre y eso me preocupó aún más, pues el auto de mi madre era bastante obsoleto y solía descomponerse siempre en medio del camino además de hacer unos ruidos bastante extraños. Ambos caminamos hacia el auto detrás de las niñas y de mu madre.
—No sabía que te gustaba desde antes cariño—pronunció tomando mi mano.
—Esto no es necesario—miré su mano con recelo.
—No lo fuera si mi tío no hubiera mandado a vigilarnos—dijo mirando hacia el lado derecho y pude ver en la distancia como alguien nos fotografiaba, incluso aquí, en otro pueblo su familia tenía gente.
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—Hice tu almuerzo favorito hija—dijo mi madre apenas llegamos. La casa era humilde, tenía dos habitaciones, una sala pequeña—iré a poner la mesa siéntete en casa hijo—exclamó mamá, mis hermanas se quedaron allí a hacernos compañía mientras les mostraba los regalos que traje para ellas. Luego todos nos sentamos a la mesa:
—Espero se queden unos días con nosotros—pronunció mamá.
—Me temo que es imposible—habló Alexander—tenemos programada una ecografía para mañana, debemos ver como va nuestro bebé. —lo miré sorprendida y tragué en seco, no tenía idea de que había planeado una ecografía y mi madre no tenía idea de que yo estaba esperando un bebé, la verdad no había tenido tiempo de contarle o quizás no sabía como hacerlo.
—¿Estás embarazada? —dijo devolviendo al plato la cucharada de comida que iba a llevar a su boca y observándome atentamente.
—Iba a decirte pero...—ella se puso de pie y caminó hacia mí, sentí miedo por un momento pero simplemente me abrazó.
—Estoy tan feliz, un bebé, un heredero —exclamó—es una excelente noticia, y más que no tendrá problemas económicos como nosotros, un bebé nacido en cuna de oro.
—Mamá—la interrumpí, sus opiniones inapropiadas solo reforzaban la idea que Alexander tenía de mí de que era una interesada.
—Así es, el heredero de mi imperio y de todo lo que tengo, sabía que mi familia tieme una enorme empresa de joyas y una mina de diamantes .
—Julieta me ha comentado algo—sonrió y Alexander me miró con cara de quien dice lo sabía y eso me hacía sentir mal conmigo misma pues en ningún momento planeé esto, menos sacarle dinero.
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Ayudaba a mi madre a fregar los platos, mientras tanto conversábamos, ninguna de las dos nos habíamos dado cuenta denque Alexander había llegado hasta la puerta de la cocina y que nos escuchaba.
—Mi niña—me abrazó mi madre y besó mi rostro—cuando prometiste que mejorarías nuestras vidas nunca lo creí, eres tan inteligente.
—Mamá...
—No tienes que decir nada Julieta, no hay que justificarse, desde cuando casarse y darle un hijo a un hombre rico ha sido un delito, sé que lo haces también por nosotras, por mejorarnos la vida—Alexander se volteó y se alejó a la sala reafirmando sus teorías.
—No planeé este embarazo mamá, tampoco planeé seducir a mi jefe, las cosas simplemente sucedieron—pronuncié.
—No te tienes que justificar, soy tu madre, yo no te voy a juzgar, es más si algún día hubiera tenido la oportunidad de casarme con un hombre rico también lo hubiera hecho. ..
—Que no me caso con él por su dinero—agregué y ella me guiñó un ojo, luego se alejó y yo suspiré pensativa, inclusive mi madre creía que había estado en mis planes embarazarme para seducir a mi jefe, ella que me conocía y sabía como era. Al caer la tarde nos despedimos y nos marchamos, Alexander prometió mandar a buscarlas para la boda, durante el viaje de regreso a casa ni siquiera me dirigió la palabra aunque regresamos en un avión privado y luego me llevó en el auto que lo estaba esperando a su casa.
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Editado: 29.01.2026