—Estaremos casados un año—pronunció—después de ese tiempo te puedes marchar, firmaremos un acuerdo prenupcial de que si nos divorciamos luego de un año de matrimonio te daré cinco millones. —me quedé muda observándolo fijamente.
—Dormiremos en esta habitación juntos no podemos correr riesgos de que mi familia sospeche nada. Yo dormiré en el sofá—Señaló el sofá de su habitación—. Mañana iremos a tu casa por tus cosas. Ponte cómoda—agregó y me senté en la cama, la enorme y esponjosa cama procesando toda esta situación, estaba embarazada de quien menos debía. En ningún momento había hablado de nuestro hijo o de su crianza ni siquiera del bienestar del bebé, únicamente le importaba su reputación, su empresa, estatus y dinero, había comenzado a darme cuenta, tarde, del tipo de persona que era Alexander y de que todo lo malo que había escuchado de él hasta ese momento era absolutamente cierto.
—Yo nunca planeé esto... —pronuncié y él suspiró, enarcó ambas cejas como quien no creyera nada.
—Te entiendo, no tienes que justificarte, yo en tu lugar hubiera hecho lo mismo, quien no quiere escalar fácilmente peldaños en la sociedad—sus palabras eran crudas, duras, sin el menor tipo de empatía. —Te dejaré sola hoy para que pienses en todo y estés tranquila, después de todo estás embarazada—agregó abandonando el lugar. Yo me quedé allí y aunque no me obligaba a quedarme prácticamente no tenía otra salida, por eso no evité derramar unas lágrimas al acostarme. Luego acaricié mi vientre con cariño, fuera como fuera le había pedido a Dios un millón de veces la oportunidad de ser madre y se tenía que ser de este modo así sería. Lo único bueno de todo esto es que luego del año casada con Alexander podrí tomar a mi bebé y irme lo más lejos posible de él, para criar a mi bebé en un lugar tranquilo y sin ningún tipo de necesidad económica porque con la cantidad que había prometido darme podría empezar algún negocio para poder disfrutar mi maternidad tranquilamente.
*************************************
—Esperaba junto a Alexander en la sala de espera del consultorio donde me realizarían la ecografía, moría de ganas de saber como estaba mi bebé. Habían allí varias parejas que esperaban ansiosas por ver por primera vez el desarrollo de sus bebés o por ver si iban a ser niño o niña, Sin embargo entre yo y Alexander el ambiente era algo tenso, él estaba tan amargado como de costumbre sin mostrar la menor emoción. Cuando la enfermera nos llamó ambos fuimos tras ella hasta la sala de ecografías. El doctor que nos esperaba me indicó que me acostara en la camilla y empezó a mover el transductor por mi abdome.
—Aquí está su bebé —dijo mirando la imagen detenidamente —o mejor dicho sus bebés, porque son dos...
—¡¿Dos bebés?! —exclamó Alexander sobresaltado.
—Felicidades, es una doble bendición—sonriò el doctor mientras Alexander y yo nos cruzamos miradas de incertidumbre. Tendríamos dos bebés en un falso matrimonio de conveniencia y no lo niego, sentí miedo, lo que más quería era ser madre pero una duda surgía en mi mente ¿cómo cuidaría yo sola de dos bebés? Sin ayuda de nadie, porque era evidente que Alexander nunca quiso ser padre y que cuando terminara nuestro acuerdo le valdría lo que yo haría a partir de ese momento. Lo observé mientras pasaba la mano preocupo por su cabello. No dijo nada simplemente se quedó mirando la pantalla, observando minuciosamente cada detalle. Aunque me pareció ver un poco de entusiasmo en su rostro en el fondo yo sabía que todo esti era una formalidad y que soli lo hacía para mantenrr su imagen y su lugar en la empresa.
—Lo has visto tendremos dos bebés —exclamó cuando salimos de allí, luego de que el doctor me indicara unas vitaminas y me dijera cuando debía regresar. Me miró y me sonrió tomando mi mano, se acercó a mí cariñosamente para susurrar en mi oído algo que ke regresó a la realidad: nos están fotografiando—agregó y miré a mi alrededor y pude ver un paparazzi con una cámara a cierta distancia de nosotros. Entramos a su auto y yo me quedé pensativa en silencio.
—Dos bebés nunca lo imaginé—murmuré. Él miró la calle, frío, objetivo.
—Nunca pensé siquiera en ser padre—comfesó.
—¿Por qué? Todo el mundo quiere casarse, fotmar una familia...
—No lo sé, nunca lo había pensado—confesó—solo pensaba todo el tiempo en hacer buenos negocios y sacar adelante mi empresa. —me quedé en silencio y condujo el auto.
—Iremos a almorzar a un lujoso restaurante de la ciudad. —interrumpió el incómodo silencio.
—No es necesario, con unas pizzas es más que suficiente.
—No lo entiendes Julieta, todos tienen que vernos, creerse esta farsa, pensar que somos la pareja del año—agregó con la vista fija en la carretera y no dije nada más. Cuando bajamos del auto y entramos a ese restaurante era otro Alexander el que me acompañaba, amoroso, cariñoso, detallista, abrió la puerta del coche, me corrió la silla, me trató com delicadeza y acarició mi barriga en público como si mi embarazo fuera la cosa más anhelada y planeada en su vida, estaba fingiendo, era obvio, pues cuando entramos de nuevo a su auto su rostro volvió a ser el mismo: frío, cruel, calculador. Mi vida ahora dependía de una persona que me amaba en público y me odiaba en privado.
*****************
El tío de Alexander tomaba una copa con su hijo mayor cuando su teléfono sonó, llegaron unas fotos mías y de Alex en el restaurante.
—El cabrón de Alexander está jugando muy bien su papel—exclamó.
—Quizás se ha enamorado de verdad, vi en las noticias que salvó a esa chica... —intervino su hijo.
—No seas tonto, Alexander es tan calculador como tu abuelo, ese bastardo lo único que ama es el dinero—se rió el tío tomando un trago de su copa mientras miraba hacia la piscina.
—El domimgo se casarán, esta mañana me llegó la invitación. —dijo Samuel tomando tranquilamente, era alto, delgado, bien parecido, músculos definidos y el pelo lacio y castaño con los ojos claros característicos de la familia.
#33 en Novela romántica
#9 en Chick lit
jefe y secretaria, embarazo inesperado amor, secretos y amores complicados
Editado: 29.01.2026