“¿Cómo podría uno empezar a contar su historia desde el principio sin tener que volver a vivir lo que está relatando?
¿Cómo evitar recordar lo que uno quiere olvidar?
¿Pero realmente uno quiere olvidarlo?
Supongo que no.
El cerebro tiene sus propios mecanismos de defensa; bloquea, reprime, oculta aquello que resulta insoportable.
Pero estos recuerdos… no desaparecieron.
Y no es porque no duelan.
Duelen.
Y no es solo por dolor.
Cargan consigo algo más:
momentos que, incluso entre lágrimas, también fueron felices.
Quizá por eso siguen aquí.
Porque no todo en ellos merece ser olvidado”.