Soy tu Reflejo

22 Aullido

Isaac y Franco aullaron con toda la fuerza que poseían para llamar la atención de su pareja. Franco al parecer logró hacer que Esteban reaccionara, porque parpadeó y sus ojos volvieron a la normalidad, deshaciendo la extraña magia que los tenía atrapado en un trance. Isaac corrió para atrapar a Christopher cuando este cayó desmayado al suelo.

Romina y Erik fueron apresuradamente a revisarlo, mientras Celeste y Luke iban hasta el teniente, medio trasformado, para apaciguar las cosas.

—Llevar a Chris arriba, yo trataré con el policía acá abajo. —Les informó Miriam, por lo que Isaac lo levanto y seguido del doctor, fueron al segundo piso.

Steven, una vez toda la demostración del descontrol de la magia había pasado y sus instintos volvieron a tranquilizarse miró al desastre provocado por los gemelos. Había motas de polvo y grites por las paredes, todas las cosas de vidrio estaban destruidas y las cosas más cercanas a los gemelos estaban derretidos o pulverizados.

— ¿Qué fue eso? —Dijo más para sí mismo que para los presentes en la habitación aunque por sus caras esto nunca había pasado.

—No tenemos la más remota idea—.

Era cierto, Luke había escuchado leyendas sobre los portadores de familiar dragón entre los magos, pero lo que acababa de presenciar ya rayaba lo imposible, incluso si hablaban de magia. Miró a Esteban, que estaba en los brazos de Franco, mirando de la misma manera que los demás lo veían a él.

— ¿Estas bien cariño? —Miriam, como la grandiosa madre que es se acercó también a su hijo, quien la miró un poco asustado.

—Bien, bien—.

Esteban se puso de pie sin ningún problema, miro su pierna rota y apoyó su peso en ella, esperando el dolor o la incomodidad que sentía cada vez que trataba de hacer eso pero no llegó nada. Observó a Franco que estaba a su lado, esperando por si se caía pero no sucedió. No entendía que fue esa retroalimentación mágica, pero sea lo que haya sido lo había curado.

—Tu pierna—.

—Sí, esta como nueva—.

—Buenos primos, esto sí que fue una locura. Casi parecía un episodio de película—. Luke habló fuerte en la sala, para romper la tensión que se formó aunque no sabía el por qué.

—Lo siento, yo no sabía que eso pasaría—. Se disculpó Esteban con el policía.

—Eso me tomó por sorpresa. Suelo recibir a gente en llanto o uno que otro insulto cuando doy esta clase de noticia, nunca algo de este calibre—. Habló, sacándose el polvo de los hombros, para vergüenza de Esteban.

—Para nadie debe ser fácil recibir la noticia de que sus padres fueron asesinados en un atentado. —Franco, como el grandioso amigo que era defendió a su mejor amigo.

— ¿Cómo que atentado? Los tíos ¿Fueron asesinados? —Luke rugió furioso, un león apareciendo a su alrededor para apaciguarlo.

—La próxima vez vendré con un mago a visitarlos, ninguno de ustedes parece controlar aun su magia—. Se quejó, mientras veía a todos en general.

—Iré a prepararnos un té, oficial. ¿Podría tomar asiento para platicar? Ya vuelvo. —Miriam, tomando de la mano a Celeste y Luke se encaminó a la cocina. El almuerzo podría esperar a que todos estén más relajados.

Esteban se sentó en uno de los sillones que sobrevivió al accidente, Franco a su lado en todo momento.

—Yo… Lo siento. Perdimos el control—. Se disculpó, mirando al teniente Stevens con mucha pena.

—Disculpa aceptadas. No hay falta. Aun son jóvenes y les he difícil controlar su magia. —Eso era cierto, la ciudad tenía un sector de las fuerzas dedicadas especialmente a controlar a adolescentes cuando perdían el control.

Aunque después de ver tal despliegue de poder, Stevens decidió que mantendría un ojo sobre los dos gemelos. Ese poder, si se mal utilizaba o caía en malos pasos sería suficiente para acabar con la ciudad entera y todos en ella. Y ese pensamiento en sí mismo era aterrador, que dos niños tuvieran el poder de destruir la ciudad de Nueva York y dejarla como una llanura como si no fuera la gran cosa era muy alarmante. Tenía que informar de esto a sus superiores, y poner en la mira a ambos hermanos.

Después de enterarse de esa noticia, sabía que Christopher, guiado por el dolor de la perdida buscaría venganza.

Con una bandeja llena de tazas humeantes entraron Miriam, Celeste y Luke, Romina fue a ayudar pero al ver la sala decidieron pasar al comedor y sentarse allí. Las dos mujeres más grandes se encargaron de hablar con el policía sobre cómo se llevaría cabo de ahora en adelante la investigación. Stevens tuvo que informar que nadie de los familiares de los fallecidos McWhithe debería salir del condado, solo por precaución, ya que la policía no creía que Christopher estuviera involucrado pero podría estar en peligro.

Franco se molestó incluso cuando Stevens insinuó que su mejor amigo podría estar involucrado, aunque por la reacción tranquila y desinteresada del policía parecía que este tampoco lo creía. Romina, en cambio, estaba furiosa. Sus mejores amigos habían sido asesinados y ahora el chico al que quería como un sobrino estaba sufriendo a causa de un ser sin corazón.

Miriam trataba de mantener la calma y hacer todas las preguntas correspondientes, no queriendo meterse demasiado en el tema pero queriendo saber la situación en general lo mejor posible. Esteban a su lado escuchaba a su madre hablar pero aún estaba un poco ido.

Luke estaba charlando con celeste, ambos con sus familiares afuera mientras trataban de arreglar la sala de estar.

Cuando Erik volvió a bajar les informó que Christopher estaba durmiendo profundamente e Isaac se quedó con él para cuidarlo. Erik, haciéndose cargo como tutor legal de Christopher platicó con el oficial y les dio el número de todos los presentes para que mantenga en contacto con todos o por si necesitaba rastrearlos. Los adolescentes, reacios al escrutinio, dieron su consentimiento una vez que Romina les explicó que esto era una muestra de buena fe para ayudar a desligar completamente a todos los presentes y a poder monitorearlos si sufrían un atentado o estaban en peligros.




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