Nunca imaginé que volvería a verlo tan pronto.
Después del concierto, intenté seguir con mi vida como si nada hubiera pasado. Al fin y al cabo, Aiden Black era una de las personas más famosas del mundo de las hadas y yo solo era una estudiante que pasaba la mitad de su tiempo en el mundo mortal. Lo más lógico era pensar que nuestros caminos jamás volverían a cruzarse.
Qué equivocada estaba.
Aquella mañana me desperté antes de que sonara el despertador. Afuera, la ciudad comenzaba a llenarse del ruido de los carros, las motocicletas y las personas que salían rumbo al trabajo. Bajé a desayunar con mi familia, intentando actuar con total normalidad, aunque no podía dejar de pensar en el concierto de la noche anterior. Mi madre hablaba sobre algunos asuntos familiares mientras mi hermana se quejaba porque otra vez llegaría tarde al colegio. Yo apenas escuchaba. Tenía la extraña sensación de que algo importante estaba a punto de ocurrir.
Cuando llegué al instituto, Bella ya me esperaba en la entrada principal con una enorme sonrisa y un vaso de chocolate caliente entre las manos.
—¡Buenos días, señorita hada! —susurró apenas estuve lo bastante cerca.
No pude evitar reír.
—Te dije que no me llamaras así en público.
—Lo siento... todavía me cuesta creer que seas un hada de verdad.
Bella enlazó su brazo con el mío mientras caminábamos hacia el salón. Llevaba la misma bufanda morada con pequeños destellos plateados que me había prestado el día anterior. Y, como siempre, aquel inconfundible perfume de vainilla, menta y flores blancas la acompañaba como si fuera parte de ella.
Nunca imaginé que ese aroma estuviera a punto de cambiar nuestras vidas.
A muchos kilómetros de allí, oculto entre los árboles del mundo de las hadas, Aiden permanecía frente al antiguo portal que comunicaba ambos mundos. Era un lugar al que muy pocos tenían acceso, reservado para guardianes, mensajeros y miembros del Consejo. Él sabía perfectamente que no tenía autorización para cruzarlo. Sin embargo, llevaba toda la noche pensando en el mismo perfume, en la misma presencia y en la misma pregunta.
—¿Quién eres? —murmuró.
Respiró profundamente una vez más.
El aroma seguía allí.
Muy débil.
Como si el viento insistiera en llevarlo hacia el mundo mortal.
Sin pensarlo más, apoyó la mano sobre la piedra del portal.
La roca comenzó a emitir un suave resplandor esmeralda.
El agua de la cascada se abrió lentamente.
—Solo será un momento —se dijo a sí mismo.
Y cruzó.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró en medio de un bosque completamente diferente. El aire era más cálido, el sonido de los pájaros era distinto y, a lo lejos, podía escuchar motores y bocinas. Sonrió con curiosidad.
—Así que este es el mundo mortal...
Todo era nuevo para él.
Las calles, los edificios, los semáforos, los autobuses e incluso la ropa que llevaban los humanos. Caminó sin rumbo durante varios minutos intentando no llamar demasiado la atención, hasta que, al doblar una esquina, vio un rostro conocido.
Era ella.
La misma chica del concierto.
Isadora.
Sin pensarlo dos veces, caminó hasta quedar frente a mí.
—Hola.
Levanté la vista y casi dejé caer los libros que llevaba entre las manos.
—¿Tú?
Aiden sonrió con una tranquilidad que parecía desesperantemente natural.
—Supongo que esta no es la mejor manera de presentarme.
Miré rápidamente a mi alrededor.
—¿Qué haces aquí? ¿Estás loco? Si alguien del Consejo descubre que cruzaste al mundo mortal sin permiso...
Él soltó una pequeña risa.
—Entonces agradecería mucho que me ayudaras antes de que eso ocurra.
Lo observé durante unos segundos sin saber si enfadarme o echarme a reír.
—¿Ayudarte a qué?
—Necesito aprender a vivir aquí durante un tiempo.
Abrí los ojos como platos.
—¿Qué?
—Quiero inscribirme en tu colegio.
Sentí que el corazón casi se detenía.
—Eso es una pésima idea.
—Lo sé.
—¿Sabes siquiera cómo funciona una escuela humana?
Negó con la cabeza.
—No.
—¿Tienes documentos?
—No.
—¿Dinero?
—Tampoco.
Suspiré.
—Esto va a ser un desastre...
En ese mismo instante escuché la voz de Bella.
—¡Isyyyy!
Mi mejor amiga cruzó el patio del colegio corriendo hacia nosotros.
Aiden giró la cabeza para mirarla.
Y todo ocurrió en apenas un segundo.
Respiró.
El inconfundible aroma de vainilla, menta y flores blancas llenó el aire.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
Un cosquilleo recorrió su mandíbula.
Sintió cómo sus colmillos de esmeralda intentaban aparecer.
Llevó una mano a la boca de inmediato, ocultándolos antes de que alguien pudiera notarlo.
Bella, completamente ajena a lo que estaba pasando, sonrió con curiosidad.
—¿Quién es él?
Yo no respondí.
Solo miré fijamente la mano que Aiden mantenía sobre su boca.
Había visto ese gesto antes.
Y, de pronto, comprendí que algo no estaba saliendo como debía.
Aiden no podía apartar la mirada de Bella.
Pero yo estaba segura de una cosa.
Él había venido al mundo mortal buscándome a mí.
¿Entonces... por qué la magia acababa de reaccionar ante mi mejor amiga?
Tomé a Aiden del brazo antes de que pudiera responderle a Bella y, con la mejor sonrisa que fui capaz de improvisar, me giré hacia ella.
—Bella, ¿me esperas un momento? Ya vuelvo.
Ella nos observó con curiosidad, alternando la mirada entre Aiden y yo.
—Claro... pero no tardes. La profesora de literatura nos mata si llegamos tarde otra vez.
Asentí rápidamente y, sin darle tiempo a hacer más preguntas, arrastré a Aiden hasta un rincón del patio donde nadie pudiera escucharnos. Había un enorme árbol junto a la cancha de baloncesto que siempre estaba vacío a esa hora. Solo cuando estuve segura de que Bella no podía oírnos lo solté y crucé los brazos.
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Editado: 17.07.2026