Soy un hada

Capitulo siete : celos

El timbre que anunciaba el descanso sonó por todo el colegio y, como de costumbre, los pasillos se llenaron de estudiantes hablando, riendo y corriendo de un salón a otro. Siempre me había gustado ese momento del día. Había algo especial en observar a tantas personas viviendo su rutina sin imaginar que, entre ellas, caminaban hadas capaces de controlar la naturaleza o guardianes que habían atravesado un portal desde otro mundo. A veces me preguntaba qué pensarían si descubrieran la verdad. Probablemente creerían que era una broma... o terminarían huyendo de nosotros. Sonreí para mis adentros mientras guardaba mi cuaderno en el bolso, convencida de que nuestro secreto estaría a salvo un día más.

Bella cerró su libro con cuidado y se levantó del pupitre. Desde que ella y Aiden habían decidido darse una oportunidad, los dos intentaban actuar con total normalidad, aunque les resultaba imposible ocultar la manera en que se buscaban con la mirada. Bastaba un segundo para descubrir que estaban completamente enamorados,Yo no podía evitar sonreír cada vez que los veía así.

Después de todo lo que habían pasado, merecían disfrutar de aquel pequeño momento de felicidad.
—¿Lista para ir a la biblioteca? —preguntó Aiden mientras acomodaba la mochila sobre uno de sus hombros—. La profesora de historia dijo que debíamos consultar unos mapas antiguos y pensé que podríamos terminar el trabajo hoy mismo. Además... todavía quiero aprender cómo funciona ese extraño sistema que tienen ustedes para ordenar los libros.

Bella soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.
—Créeme, ni los mismos bibliotecarios entienden cómo están organizados algunos estantes. Pero no te preocupes, yo te ayudaré a encontrarlos. Si terminamos rápido, después podemos reunirnos con Isy y Eduar en la cafetería antes de que vuelva a sonar el timbre.

Los observé alejarse mientras caminaban uno junto al otro. Aiden seguía maravillándose con las cosas más sencillas del mundo humano, y Bella parecía disfrutar enseñándole cada detalle. Verlos juntos me hacía pensar que quizá el destino, por una vez, había decidido ser amable con alguien.

Eduar apareció a mi lado de repente y pasó un brazo alrededor de mis hombros.
—¿En qué piensas con esa sonrisa? —preguntó con esa voz tranquila que siempre conseguía hacerme sentir en paz—. Llevas varios minutos mirando a Bella y a Aiden como si ya estuvieras imaginando cómo será su boda.

No pude evitar darle un pequeño codazo entre risas.
—¡No exageres! Solo me alegra verlos felices. Además, todavía les falta mucho para pensar en una boda.
Eduar levantó las cejas con una sonrisa divertida.
—Menos mal. Por un momento pensé que ya estabas organizando la lista de invitados. Aunque... si algún día ellos se casan, creo que tú serás la primera en llorar durante la ceremonia.

Rodé los ojos fingiendo indignación.
—Yo nunca lloro.
—Claro que sí —respondió conteniendo una carcajada—. Lloras con las películas románticas, con los libros, con los finales felices... incluso lloraste viendo un cachorro perdido encontrar a su dueño en internet. No puedes engañarme, Isy.

Le saqué la lengua como una niña pequeña y terminé riéndome con él. A veces olvidaba todas las responsabilidades que cargaba sobre mis hombros cuando estaba a su lado. Eduar tenía esa extraña capacidad de hacer que el mundo pareciera más sencillo.
—Voy a la cafetería por algo de comer —dijo mientras tomaba mi mano entre las suyas—. ¿Quieres que te compre un jugo y uno de esos panes de queso que tanto te gustan? Sé que si esperas hasta el almuerzo vas a decir que te mueres de hambre.

Sonreí con ternura.
—Sí, pero primero necesito regresar al salón. Dejé mi cuaderno sobre el pupitre y la profesora de literatura me mata si vuelvo a olvidarlo,Eduar soltó una risa.—Entonces ve por él. Yo te espero en la cafetería. Pero no tardes demasiado... porque si llego antes, me voy a comer también tu pan de queso y después no acepto reclamaciones.

Lo miré fingiendo una expresión de horror.
—¡Ni se te ocurra! Ese pan de queso tiene dueña.
Él acercó su rostro al mío y, aprovechando que casi no había nadie cerca, besó con suavidad mi frente.
—Entonces date prisa, señorita despistada.
Sentí que mis mejillas se calentaban al instante.
—Nos vemos en cinco minutos.
—Aquí te espero.

Lo vi alejarse por el pasillo con las manos en los bolsillos y una sonrisa tranquila dibujada en el rostro. Permanecí unos segundos observándolo hasta que desapareció al doblar la esquina. Sin darme cuenta, suspiré.
—Qué suerte tengo...

Entré rápidamente al salón vacío. Mi cuaderno seguía donde lo había dejado. Lo guardé en la mochila y salí casi corriendo para reunirme con Eduar.
Pero apenas crucé la puerta, mis pasos se detuvieron.
Al otro lado del pasillo estaba Camila.
Su cabello rojo brillaba bajo la luz que entraba por las ventanas. No hablaba con nadie. Ni siquiera parecía darse cuenta del bullicio que había a su alrededor. Sus ojos estaban completamente fijos en Eduar, que caminaba hacia el jardín central del colegio sin notar que alguien lo observaba.

Sentí un nudo en el estómago había algo en aquella mirada que no me gustó en absoluto,No era curiosidad.No era amistad,Era una mirada decidida... como si ya hubiera tomado una decisión.
Sin pensarlo dos veces, comencé a seguirlos a cierta distancia, procurando que ninguno de los dos se diera cuenta de que estaba allí.Y aunque todavía no podía explicarlo...Mi corazón empezó a decirme que algo estaba a punto de ocurrir.




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