Isy
A la mañana siguiente desperté mucho antes de que sonara el despertador. Apenas había dormido unas cuantas horas. Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el rostro de Camila iluminado por la luz del portal, el miedo reflejado en sus ojos y el instante en que mi abuela deshizo aquella pequeña flor entre sus dedos para dormirla antes de que pronunciara una sola palabra más. Mi madre había pasado gran parte de la madrugada preparando un antiguo brebaje con la esperanza de borrar los recuerdos de las últimas horas. Según los viejos libros de alquimia, ninguna mente humana podía resistirse a esa mezcla. Sin embargo, cuando Camila despertó en el laboratorio, bebió la poción sin sospechar absolutamente nada... y ocurrió algo que jamás habíamos visto.
El líquido brilló durante unos segundos dentro del pequeño frasco de cristal y luego perdió todo su color, como si la propia magia hubiera desaparecido. Camila abrió los ojos, nos miró con aparente confusión y respondió exactamente lo que esperábamos escuchar. Dijo que no recordaba cómo había llegado allí, que seguramente se había desmayado durante el camino a casa y que el resto de la noche era un enorme vacío. Mi padre respiró aliviado. Mi abuelo también. Pero yo no.
Había algo en su forma de sonreír que no lograba convencerme. Era una sonrisa demasiado perfecta, demasiado tranquila para alguien que supuestamente había despertado en el sótano de una casa que no era la suya. Mientras todos parecían conformes con aquella explicación, yo seguía observándola. En un par de ocasiones noté que sus ojos recorrían discretamente las paredes del laboratorio, los estantes llenos de frascos y las extrañas plantas que mi madre cultivaba para preparar sus remedios. Solo fue un segundo. Después volvió a fingir desconcierto. Nadie pareció notarlo. Nadie... excepto yo.
Durante el desayuno esperé pacientemente a que mi padre y mis abuelos terminaran de hablar. Cuando todos comenzaron a levantarse de la mesa, me acerqué a mi madre, que ya recogía las tazas de chocolate caliente. Miré a mi alrededor para asegurarme de que nadie pudiera escucharnos y bajé la voz.
—Mamá... necesito pedirte un favor muy importante. Sé que todos creen que Camila olvidó lo que ocurrió anoche, pero yo no puedo dejar de pensar en ella. Hay algo que no encaja. La conozco desde hace meses y jamás la había visto actuar de esa manera. Su sonrisa... la forma en que respondió a las preguntas... todo parecía demasiado preparado. Tengo la impresión de que está escondiendo algo y, si estoy en lo cierto, podríamos estar en un peligro mucho mayor del que imaginamos.
Mi madre dejó lentamente la bandeja sobre la mesa y me observó con atención.
—¿Qué estás pensando hacer, ISy? —preguntó con calma, aunque su expresión revelaba que comenzaba a compartir mi preocupación—. No me gusta esa mirada. Es la misma que ponías de pequeña cada vez que ibas a meterte en un problema enorme.
Sonreí con cierta vergüenza.
—Necesito seguirla sin que me vea. Quiero descubrir si realmente olvidó todo... o si solo está fingiendo. ¿Todavía conservas aquella fórmula de invisibilidad de la que me hablabas cuando era niña? La que usaban los exploradores del Reino para pasar desapercibidos entre los humanos.
Mi madre guardó silencio durante unos segundos.
Finalmente suspiró.
—La conservo... pero no me gusta la idea de que la utilices. Esa poción vuelve invisible el cuerpo, no los sonidos ni el olor. Si no eres cuidadosa, cualquiera podría descubrirte. Además, solo funciona durante una hora y después desaparece sin previo aviso. Tendrás que medir muy bien el tiempo.
Asentí sin dudar.
—Lo haré. Solo necesito una oportunidad.
Mi madre terminó aceptando.
Horas más tarde me entregó un pequeño frasco de cristal donde un líquido transparente brillaba con diminutos destellos plateados.
—Bébelo únicamente cuando estés segura de que vas a seguirla. Y prométeme que, si las cosas se complican, regresarás inmediatamente a casa.
—Lo prometo.
Aquella misma tarde, al terminar las clases, vi a Camila salir sola por la puerta principal del colegio. No caminó hacia su casa, como hacía normalmente. En cambio, tomó una calle distinta y comenzó a avanzar con paso rápido, mirando varias veces por encima del hombro para comprobar que nadie la siguiera.
Esperé unos segundos.
Bebí el contenido del frasco.
Un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo.
Levanté las manos frente a mi rostro...
Y desaparecieron.
Respiré hondo.
La poción había funcionado.
Comencé a seguirla manteniendo siempre una distancia prudente. Camila caminó durante casi veinte minutos hasta llegar a la antigua biblioteca municipal. Entró con decisión y se dirigió directamente hacia la sección de historia, mitología y leyendas. Me escondí entre dos grandes estanterías mientras la observaba sacar un libro tras otro. Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando vi los títulos.
"Las hadas en las antiguas leyendas europeas."
"Seres del bosque y guardianes de la naturaleza."
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Editado: 29.07.2026