En una pequeña casa en los suburbios vivía una mujer y su hija adolescente.
Clara, una madre trabajadora, se despertaba todos los días a hacer el desayuno de su hija.
—¡Evelyn, a desayunar! —llamó desde la cocina.
Evelyn se arreglaba para ir a su primer día en la preparatoria. Se acercó a la puerta de su cuarto al oír el llamado de su madre y respondió:
—Enseguida voy, mamá.
Se dirigió al espejo de su cuarto, colgado en la pared. Se miró mientras revisaba su peinado, se acomodó un mechón frente a su cara y dio algunas vueltas observando cómo se veía con su vestido.
Probó varios perfumes en sus muñecas hasta encontrar uno que le gustara para ir a la preparatoria. Antes de salir, se volvió a mirar en el reflejo y, convencida, apagó la luz.
Conforme con su look, bajó las escaleras con rapidez hasta la cocina. Al llegar, tapó su nariz al oler lo que su mamá había preparado.
—¡Iuh! ¿Otra vez lo mismo?
—Debes desayunar e ir a la escuela. Si quieres algo diferente, puedes hacerlo tú, ya tienes 17 años.
Revoleando los ojos, se sentó de mal humor, cruzó los brazos y comenzó a balancear su pie frunciendo el ceño.
—Sabes que no me gusta cocinar.
Clara sirvió su desayuno y lo dejó sobre la mesa. Con los puños cerrados sobre su cintura respondió:
—Entonces come en silencio.
—Está bien —dijo Evelyn rezongando.
Clara suspiró moviendo la cabeza, secó su rostro con un pañuelo y observó su reloj.
—¡Qué tarde es!...
Tomó su abrigo y besó la frente de Evelyn.
—Te ves muy bonita, hija. Espero que hagas muchas amigas nuevas. Ya me voy a trabajar, que tengas buena suerte.
—Adiós, mamá.
Su madre no tenía tiempo ni para desayunar con ella.
Evelyn acabó su plato con mala cara, se levantó de su silla, agarró su bolso y se fue.
Era su primer día en la escuela Brave Heart.
Las puertas se hallaban abiertas. Subió la escalera y caminó por un largo pasillo, donde todos los alumnos esperaban el inicio de clases.
A su derecha se encontraba el baño de chicas, seguido del de chicos, una puerta amarilla con un letrero que decía “Dirección” y, del otro lado, todos los salones.
Mirando a su alrededor, notó que los grupos de alumnos ya estaban formados. Muchos se conocían de años anteriores, incluso venían juntos de otros colegios.
Evelyn se sorprendió al ver a tantos alumnos. Le pareció interesante que la escuela no exigiera uniforme escolar. Podía verse todo tipo de vestimenta, siempre dentro de las reglas de la preparatoria.
Una señora de aspecto firme y con cara gruñona caminaba intentando mantener el orden entre el caos que generaban los nuevos alumnos.
—¡Oigan! Dejen de aventar aviones de papel si no quieren ser castigados —gritó la directora Teresa.
—Vaya, qué amargada —susurró Evelyn.
La directora parecía tener un oído biónico, ya que escuchar un comentario entre tanto barullo era casi imposible.
—¿Algo que decir, jovencita?
—¡Ehm! No... —respondió Evelyn, soplando el mechón de su cara.
Una chica con un aspecto rudo que observaba a Evelyn se acercó a ella al notar su actitud con la directora.
—Oye, tú eres Evelyn, ¿verdad?
—¿Cómo lo supiste?
—Estás en mi clase de boxeo. Mi nombre es Rebecca. Debes ser una chica ruda si practicas ese deporte.
—Suelo meterme en problemas —mencionó Evelyn.
Rebecca sonrió y le extendió la mano. Luego de un fuerte apretón, la invitó a conocer a sus compañeras.
Evelyn sacudió su mano al soltarla y la acompañó hasta su grupo de amigas. Cuanto más se acercaba, más lento caminaba y suspiraba. Levantó su mano saludando y lanzó una pequeña sonrisa.
—Chicas, ella es Evelyn.
—Hola, me llamo Fiore. Pareces buena onda.
Evelyn la observó de arriba abajo y pensó que Fiore vestía muy bien. Con una blusa negra escotada con un cierre y pantimedias blancas, era una chica elegante y olía a frutillas. No tenía dudas de que ella era popular.
—Te adaptarás rápido, nena. Por cierto, mi nombre es Cristina.
Ella no era tan elegante como Fiore, más bien era ruda al igual que Rebecca. Incluso vestía similar, con sus muñequeras negras con tachas, una remera roja y una chaqueta de color oscuro.
—Encantada de conocerlas... ¿Qué es esa hoja? ¿Acaso hacen tareas?
—Ay sí, claro, tareas —dijo Fiore riendo—. Eres muy graciosa, pero no. Estamos calificando alumnas. ¿Ves a esa de ahí? —señaló.
Evelyn dirigió su mirada hacia donde Fiore le apuntaba. Una chica que se veía solitaria y muy nerviosa, abrazando un libro, caminaba con lentitud esquivando a la gente mientras la miraban como a un bicho raro.
—¿La del mechón azul?
—Se llama Nilin, meteremos su cabeza en el inodoro esta tarde.
—Eh... ¿Puedo ir con ustedes?
«Si quiero encajar, debo seguirles la corriente aunque esto podría ser demasiado.»
Cristina la miró con seriedad, con una ceja levantada y los brazos cruzados.
—Estás dentro desde que nos presentaron.
Rebecca metió la mano en su bolso y sacó un pintalabios. Le quitó la tapa, lo giró haciendo salir la punta y se lo entregó a Evelyn.
—Sí, tú podrás escribirle una grosería en su rostro, ten esto.
—Es un rojo muy fuerte —mencionó Evelyn.
Nilin caminaba con prisa hacia el salón de clases, acomodando sus lentes con una mano y sosteniendo su libro con la otra.
Al pasar cerca de las chicas, Evelyn le puso el pie, haciéndola tropezar y estrellarse de frente al suelo.
El ruido de los lentes al caer alertó a todos los demás. Los alumnos se burlaron de ella al verla tirada en el piso.
No podía soportar las carcajadas, sus mejillas se enrojecían y sus labios le temblaban.
Se acarició la frente y apartó la mano al instante en que sintió dolor. Luego extendió las manos por el piso buscando sus lentes. Al tocarlos, los tomó y se los puso aunque estaban destruidos. Agarró su libro y se levantó enseguida.
Su ropa había quedado llena de polvo, tragó saliva y huyó lo más rápido que pudo hacia su salón, mientras oía el ensordecedor sonido de las burlas.
Perdedora... Perdedora...
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Editado: 30.07.2026