¿soy una bully?

Capítulo 2: El temor de Nilin

Nilin se giró al oír que la puerta se abría. Al notar que era Evelyn quien había entrado, comenzó a mirar hacia todos lados como si intentara encontrar una salida.

—¿Viniste a burlarte de mí? —preguntó con temor—. Por favor, no me hagas nada.

Evelyn se acercó a ella, notando que sus ojos estaban rojos de tanto haber llorado.
La observó durante unos segundos y bajó la mirada.

—Oye, la profesora me pidió que viniera a buscarte. —Suspiró—. No tengo intención de lastimarte.

Nilin retrocedía con cada paso que ella se le aproximaba.

—No te acerques, te lo ruego, aléjate de mí.

Evelyn, sin hacerle mucho caso, siguió acercándose con lentitud, extendió su mano hacia el rostro de Nilin, pero ella la apartó enseguida.

—Te prometo que no voy a hacerte nada, la profesora me pidió que te buscara —repitió.

Nilin sintió la pared en la espalda, extendió sus manos intentando mantener la distancia, mientras sus lágrimas continuaban recorriendo sus mejillas.

—Eres una mentirosa —gritó y salió corriendo empujando el hombro de Evelyn en el intento de huir.

—Pero yo no...

Evelyn no pudo terminar de hablar... Se quedó muda, se acarició la frente cerrando los ojos y bajando la cabeza.

«Pobre niña, creo que la dejé traumada.»

El fuerte golpe de la puerta había alertado a la directora.
La puerta volvió a rechinar al abrirse mientras se oían los pasos de alguien entrando.

—No es horario de estar en los baños, jovencita —dijo Teresa al entrar—. Vuelve a tu salón, ¡ahora! —señalando el pasillo.

—Está bien —dijo Evelyn y salió caminando, con la cabeza gacha.

«Maldita vieja amargada.»

La culpa la devoró por dentro, pero entendió que no había nada que pudiera hacer en ese momento.
Siguió por el pasillo cuando el sonido de la campana llamó su atención.
Era la hora de merendar en el Gran Comedor. Los alumnos corrían por el pasillo festejando, llevándose puesto a quien se cruzara.
Intentando evitar que la empujaran, bajó la escalera de mármol y se dirigió allí.

Abrió la puerta del comedor y tapó sus oídos al sentir que todos hablaban al mismo tiempo, le pareció algo molesto hasta que se acostumbró a estar ahí dentro.
Se acercó al mostrador donde servían la merienda, eligió tomar chocolate, unas galletas de arroz con mermelada de frutilla y colocó todo en su bandejita.
Miró alrededor buscando dónde ubicarse, pero había mucho movimiento de gente. En una de las mesas estaban sus nuevas amigas haciéndole señas para que merendara con ellas.
Al notar que la estaban llamando, se acercó y se sentó junto a Fiore.

—Seguiste molestándola, ¿verdad? —le preguntó Rebecca—. Debiste ver cómo llegó.

—¿Qué? No, yo...

Fiore se reía sujetándose la panza y golpeando la mesa con la palma.

—Entró llorando y chocó con Cristina.

Cristina, cruzada de brazos, mantenía el ceño fruncido. Se paró y señalándose dijo:

—Seré yo quien la meta al inodoro por eso.

Evelyn pensaba que ya le había hecho suficiente, luego de verla llorando en el baño, no sentía ánimos de seguir burlándose de ella.

—¿Y si molestamos a otra chica? Ella ya está llorando, ¿por qué seguiríamos fastidiándola?

Rebecca pensó por un momento y asintió haciendo muecas.

—Tienes razón, Evie. Me gusta cómo piensas. No deberíamos gastar nuestras energías en una sola chica.

Fiore se limaba las uñas, mientras escuchaba la conversación.

—Es cierto. Hay muchas más por molestar, pero la última palabra la tiene Cristina.

Ella miraba su ropa, intentando quitarle las arrugas que el choque de Nilin le había dejado.

—Olvídenlo. —Golpeó la mesa con las palmas—. La ahogaré en ese inodoro y jalaré de la cadena.

—¡Oigan! ¿Y si le cortamos el cabello? —preguntó Fiore—. ¿Qué opinas, Rebecca?

—Qué gran idea. Imagina que deba venir pelada —respondió riéndose.

Evelyn observaba las mesas hasta encontrar a Nilin, allí estaba ella. Sentada apartada del resto, mirando sus lentes destruidos.
Ni siquiera había tocado su merienda. Solo recorría las grietas de sus anteojos con sus dedos, y de vez en cuando giraba la cabeza para asegurarse de que ninguna de las chicas estuviera cerca de ella.

—Pero...

—¿Qué pasa, Evie? —le preguntó Rebecca—. No me digas que sientes lástima.

—No es eso.

—No la perdonaré por arrugar mi ropa —dijo Cristina—. Debemos castigarla.

Evelyn sabía que no tenía opciones. Así que buscó la manera de que se olvidaran de ella por un tiempo. Era lo único que podía intentar.

—Está bien. Pero, ¿qué tal si guardamos las mejores bromas para cuando ella esté más tranquila?

Las demás se quedaron mirándola esperando que se explicara.

—Si le escondiéramos su bolso ahora mismo, lloraría de todos modos. ¿Por qué gastar una buena broma en este momento?

Cristina respiró hondo y volvió a sentarse. Miró a Nilin, cerró los ojos y dijo:

—Está bien. Aunque la próxima haré que se orine encima.

—¡Iuh! —exclamó Fiore.

Evelyn quería seguirles la corriente, pero la situación ya se salía de control.

«Está bien molestarla, aun así meterle la cabeza en el inodoro ya me supera.»

Después de merendar debían regresar al salón. Salieron del comedor, subieron las escaleras y caminaron por el pasillo hasta llegar.
Cada una volvió a sentarse en el mismo lugar de antes.

—Harán un trabajo en parejas —dijo la profesora Mónica.

Tomó la lista de alumnos, le dio una ojeada y comenzó a formar los grupos al azar.

—Rebecca estará con Fiore.

Rebecca se emocionó al instante.

—¡Sí! Mi gran amiga.

—Cristina con Martina.

—¡Bah! Espero que tu cerebrito sirva de algo —dijo Cristina.

—Evelyn, tú estarás con Nilin.

Evelyn volteó a mirar a Nilin, quien la observó y tragó saliva al oír con quién le había tocado.

—¿Qué? Es increíble —susurró Evelyn.




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