¿soy una bully?

Capítulo 3: Trabajo en parejas

El trabajo debía hacerse en la biblioteca. Todos los alumnos salieron del salón y se dirigieron allí.
Al llegar, Evelyn se acercó a Nilin, quien ya había encontrado el libro que necesitaban para su trabajo. Pero lo tenía cerrado, mientras aún observaba sus lentes.

—Puedo hacerlo mejor si estás lejos de mí —dijo Nilin.

—Pues no lo haré —tomó una silla y se sentó a su lado—. Debemos hacerlo juntas, te guste o no.

Los labios de Nilin no paraban de temblar, continuaba llorando sin lograr detenerse.
Abrió el libro, y sus lágrimas comenzaron a caer sobre las hojas desgastadas.

—Solo mantente lejos, por favor.

Evelyn quería dejar de sentirse culpable, apoyó su mano sobre el hombro de Nilin, pero ella seguía apartándose.

—Oye, lo siento si se burlan de ti, no es mi culpa.

Observó los lentes rotos y suspiró.

—Tú eres la culpable por ser tan... tú.

—¿Ser yo está mal? —preguntó Nilin.

No sabía qué más decirle, apoyó su cabeza sobre el respaldo de la silla, mirando hacia el techo. Sentía que ya no tenía palabras para solucionar sus errores.

—Solo digo que...

Dejó escapar otro profundo suspiro, y acercó su mano al hombro de Nilin, aunque esta vez se detuvo antes de tocarla.

—Solo hagamos el trabajo que nos dieron, ¿sí?

Nilin se refregaba los ojos y secaba sus lágrimas con un pañuelo.

—No puedo leer sin mis anteojos... ¡Sniff! ¡Sniff!

—Está bien, lo siento, ¿ok? Ya deja de llorar, por favor.

Nilin evitó mirarla dándole la espalda, y empujó con suavidad el libro hacia ella.

—¿Quieres que yo lo lea?

—Tú rompiste mis anteojos, yo no puedo leerlo —dijo con su suave voz.

Evelyn apretó los labios y parpadeó con rapidez por un instante.

—Mantente alejada de los baños.

—¿Qué? —exclamó.

—Solo hazlo, no digas que no te lo advertí.

Evelyn tomó el libro y comenzó a leerlo. Nilin dejó de llorar y, aunque no podía ver mucho sin sus anteojos, participó opinando y mientras Evelyn escribía lo que ella le dictaba.
Nilin le dictaba muy rápido con la intención de molestarla, pero no lo logró, ya que Evelyn admiraba la facilidad que Nilin tenía para entender todo lo que le estaba leyendo.
De esa manera consiguieron terminar el trabajo que les pidieron.
Evelyn le sonrió, admirada por la facilidad con la que resolvía una tarea que a ella le parecía complicada.

—Eres muy inteligente.

La profesora Mónica, que pasaba mesa por mesa revisando los trabajos que iban haciendo, miró su reloj y dijo:

—Pueden entregar sus tareas e ir a sus casas, ya es hora.

Nilin se levantó de la silla, clavó su mirada en los ojos de su compañera como si quisiera decirle algo, pero rápidamente se alejó, entregó el trabajo terminado con sus nombres y salió caminando por la puerta.
Evelyn se estiró sentada en su silla. Al fin podía sentir alivio después de su terrible día.

Rebecca se acercó junto con las demás chicas y dijo:

—¡Oye! Debiste golpearla con esos libros.

Ella continuaba la farsa, ya que quería mantener su grupo de amigas.

—Lo gracioso es que no podía ver nada, debieron oírla —mientras reía falsamente.

—No puedo creer que me lo haya perdido —dijo Cristina.

Fiore seguía con sus hojas, donde anotaba a quién molestaron y lo que le habían hecho junto a la fecha del día.

—Es patética.

Rebecca ya quería irse a su casa, así que saludó una por una con un beso en la mejilla.

—Nos vemos mañana, chicas. Espero que vuelvan con nuevas ideas para molestar a estos cerebritos.

Las clases habían terminado, Evelyn guardó sus cosas y se dirigió a su casa.

—Ay, qué día agotador —dijo al entrar.

Lanzó sus zapatos por cualquier lado, y dejó su bolso colgado en una silla.

—¿Cómo te fue hoy?

—¡Mamá, me asustaste! —con la mano en su pecho.

—Lo siento, hija. Estoy emocionada porque hoy pude volver temprano a casa. ¿Cómo te fue? ¿Hiciste nuevas amigas?

Evelyn sonrió apretando sus puños cerca de su pecho.

—Sí, de hecho está Rebecca, quien me integró a su grupo.

Contaba con sus dedos cada una de sus nuevas amigas.

—Fiore, que es adicta a la moda, deberías ver cómo se viste. Y también están Cristina y Nilin.

—¿Nilin? ¡Wow! Qué nombre tan hermoso.

Refregó sus ojos al darse cuenta de lo que había dicho.

«¿Por qué la mencioné?»

—Ehm, ¡sí! Es muy lindo.

—Tal vez podrías invitarla un día a casa, hija.

—Sí, tal vez lo haga algún día. Iré a mi cuarto, lo siento.

«Mmmh... Parece que le gustó su nueva escuela.»

Evelyn se dirigió a su habitación subiendo las escaleras descalza, necesitaba pensar en todo lo ocurrido.
Entró y puso el pasador, caminó de un lado a otro por un rato, observó los peluches de su estantería y luego se sentó en su cama, cruzada de brazos, mientras hacía rebotar una pierna.

—¿Por qué no me la saco de la cabeza?

Se recostó sobre la cama, mirando cómo el ventilador del techo daba vueltas. Cerró sus ojos por un instante y recordó a Nilin llorando en el baño, cómo se cubría la cara con sus manos creyendo que la golpearía.

—Tranquila... Ella debe estar bien. Me tiene sorprendida lo inteligente que es, estoy segura de que lo superará.

Cuando Nilin regresó a su casa, cerró la puerta con fuerza, entró a su cuarto, y lanzó su bolso contra el ropero.
Se recostó en su cama a llorar abrazando su osito Teddy.

—Odio mi vida. ¿Por qué siempre me hacen sufrir? ¿Es mi culpa de verdad? Te detesto, Evelyn.

Observó su espejo en la pared, se quitó los zapatos empujándolos con sus pies y cerró los ojos por un rato.
Respiró hondo y suspiró hasta que logró tranquilizar su corazón.

—No es mi culpa, es de ella, y debo enfrentarla.




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