¿soy una bully?

Capítulo 5: La chica nueva

Evelyn quería disculparse con Nilin. Así que investigó dónde vivía, preguntándole a cada alumno de la escuela y decidió ir a su casa a pedirle perdón.

Al llegar, tocó varias veces el timbre, pero nadie contestaba.

—Tal vez se haya mudado después de lo que le hice, necesito disculparme con ella.

No se oía ningún ruido dentro de la casa, como si nadie viviera ahí.

Nilin estaba escondida entre las sábanas de su cama, no quería atender la puerta.

—Ya no puedo más, solo quiero estar tranquila.

Evelyn observó el cielo nublado, había algunos relámpagos a lo lejos.

—Mejor iré a casa, está por empezar a llover.

Bajó la mirada y comenzó a caminar hacia su casa. Podía sentir las primeras gotitas de lluvia sobre su espalda.

Llegó con la ropa y el cabello mojado. Subió a su habitación y se sentó en un rincón.

Abrazó con fuerza sus rodillas y apoyó la frente sobre ellas.

—¿Por qué me siento tan mal? No debí golpearla, pobre Nilin sufre tanto y yo la golpeé.

Clara tocó la puerta del cuarto de Evelyn. Al notar que ella no contestó, abrió despacito y la vio en aquel rincón.

—¿Evelyn? ¿Estás bien?

Levantó la mirada y dijo:

—No, mamá, hice algo terrible.

—¿Algo terrible? ¿Qué sucedió? —entró y cerró la puerta.

Evelyn volvió a bajar la vista al piso, le avergonzaba mirar a su madre a los ojos.

—No, mamá, golpeé a Nilin.

Clara la observó por un segundo, como si estuviera procesando lo que dijo.

—¿Qué hiciste, qué? —preguntó acercándose, apretando los puños.

—Lo siento, mamá, unas chicas...

—¿Ahora vas a culpar a otras chicas? Fuiste tú quien la golpeó. ¿Si otras chicas te dijeran que te tiraras de un puente, lo harías?

Evelyn comenzó a temblar al oír a su madre enojada.

—Yo solo...

—¡Silencio! No quiero oírte. Mañana mismo le pedirás perdón.

Se acercó a la puerta y dio la vuelta, mirando una vez más a su hija.

—Me avergüenza lo que hiciste.

Evelyn sintió un nudo en la garganta, apenas podía respirar.

Clara, enfurecida, cerró la puerta con fuerza al retirarse, haciendo que se estrellara contra el marco con un ¡portazo!, ensordecedor.

Evelyn hizo un puchero y rompió en llanto. Sintió que la culpa la devoraba por dentro.

Golpeó sus piernas con su puño, cada vez con más fuerza, durante unos segundos.

Se levantó y se acostó en la cama, cubriendo su cabeza con la almohada.

Esa noche casi no pudo dormir nada. Al día siguiente, decidió buscarla en la escuela.

Desesperada, comenzó a revisar el baño. Caminó por el pasillo mirando hacia todos lados, descendió por las escaleras hasta llegar al comedor.

Volvió a subir y preguntó a algunas alumnas que venían bajando, pero nadie sabía dónde estaba. Siguió subiendo y se dirigió al salón, no la veía por ningún lado. Ya no soportaba el peso de la culpa.

—Debo seguir buscándola y pedirle perdón.

De repente, vio a Nilin charlando con una alumna nueva en el pasillo. Se acercó a ella con rapidez y las interrumpió.

—¿Qué quieres? —preguntó Nilin.

—Solo quería dis...

Nilin no dejó que Evelyn se disculpara, sus palabras para ella no valían nada.

—No me interesa lo que quieras decirme, si te sientes miserable, vive con eso.

La alumna nueva observó a Evelyn y dio un paso adelante.

—¿Esta chica te molesta? —preguntó Celeste.

—Olvídala, es una don nadie —dijo, y continuaron caminando.

Evelyn quedó atónita, quería decir algo, pero las palabras no salían. Entendió que no iba a ser fácil disculparse.

«De hecho sí, me siento miserable.»

Se quedó mirando mientras se alejaban, continuando con su charla como si ella no existiera.

Nilin le contó a Celeste todo lo que le habían hecho pasar.

—¿Te gustaría que nos venguemos de lo que te hizo?

—No, claro que no, no soy un monstruo igual que ella.

—Tranquila, no la golpearemos, solo le mostraremos lo que se siente ser el centro de la burla.

—No sé cómo eso podría ayudarme.

—Tal vez así ya no quiera molestarte.

—O buscaría volver a golpearme, siempre se han burlado de mí, incluso me han jalado del cabello, pero jamás me habían golpeado.

Celeste apretó los puños. Cada palabra de Nilin hacía crecer su ira.

—Hiervo de rabia cuando lo dices. Es una maldita abusiva.

—Aunque quiso disculparse...

—Solo lo hace para seguir molestando sin sentirse culpable, sus palabras están vacías.

Nilin se detuvo por un momento.

—No lo había pensado de esa manera.

—Tranquila, le daremos una cucharada de su propia medicina.




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