La directora Teresa se sentó en la silla de su escritorio y dijo:
—¡Vamos, Evelyn! Quiero que completes esa frase.
—Lo siento, directora. No lo haré —dijo bajando la mirada.
—Estoy cansada de su insolencia, señorita.
—Oiga, no soy la única que hizo cosas malas.
—¡Lo admites!
Celeste se levantó y señaló a Evelyn para culparla.
—Ella golpeó a Nilin en la cara, directora.
Nilin no quería acusar a Evelyn con la directora.
—Oye, no. ¿Por qué lo dijiste?
Teresa se levantó de su silla con lentitud, mirando a Evelyn.
—¿Es verdad eso?
—Sí, directora, es cierto —afirmó Celeste.
—Silencio. Quiero oírlo de ella.
Evelyn ya no tenía más opción que confesarlo.
—Sí, directora —dijo suspirando.
Teresa volvió a sentarse, tomó un bolígrafo y anotó algo en una planilla.
—Estás suspendida por una semana, y tú también por ser una soplona. Solo buscas el castigo.
Celeste se quedó boquiabierta, se giró observando a todas las chicas y volvió la mirada hacia la directora.
—Oiga, yo soy la buena aquí.
Fiore se levantó y, sosteniendo el bollito de papel, dijo:
—¿La buena? Esta es una bolita de papel con tu baba, la cual golpeó mi rostro. Por eso estamos aquí, ¿recuerdas?
A Celeste ya no le interesaba mientras hubiera logrado que Evelyn quedara como la mala.
—Bah... Está bien, castígueme. No me importa.
Teresa acomodó sus lentes y las observó por unos segundos.
—Pueden irse todas excepto Evelyn.
—Pero yo...
—Y Nilin.
—¿Yo, por qué?
—Sí, usted —dijo la directora señalando a Nilin.
Las demás chicas aún seguían ahí. Querían saber qué pasaría con Evelyn y Nilin.
—Vamos... Lárguense.
—¿Llamará a mi madre, verdad? —preguntó Evelyn.
—Debería, pero busco darte la oportunidad de que le pidas disculpas a tu compañera.
—Ya lo he hecho. Ella no desea perdonarme.
Las hizo pararse y las obligó a que se miraran a los ojos.
—Hazlo de nuevo y que sea una disculpa honesta.
Evelyn suspiró, secó sus manos en su ropa, la miró a los ojos y dijo:
—Lo lamento, Nilin.
—Sé más sincera, niña...
—¡Ya! Está bien. Lo siento, Nilin. No era mi intención golpearte. Lo hice solo por ser aceptada.
Bajó la mirada y volvió a subirla.
—No tuve en consideración tus sentimientos hasta que me di cuenta de lo que hice. Si quieres, golpéame tú, pero... por favor, perdóname.
Teresa giró la cabeza hacia Nilin y le preguntó:
—¿Qué contestarás a eso?
Nilin aclaró su garganta, hizo algunas muecas y luego respondió.
—Yo no voy a golpearte. No soy como tú, ya te lo dije antes. Pero... acepto tus disculpas, aunque, siendo sincera, no me siento lista para perdonarte aún.
—Muy bien, es suficiente. Pueden retirarse.
Evelyn no estaba satisfecha con la respuesta de Nilin.
—¡Aún no! —clavando la mirada en Nilin. —Estoy algo celosa de ti —confesó— Eres una chica inteligente y tu cabello se ve genial. No pretendo que me perdones. Solo quiero que no sientas miedo al verme.
Nilin no pudo evitar sonreírle.
—Gracias —dijo con sus mejillas enrojecidas.
—Muy bien, ahora sí. Pueden retirarse. Por cierto, Evelyn... No estás suspendida. Tus disculpas fueron más que suficientes para mí.
Evelyn asintió con la cabeza y sonrió.
—Gracias, directora.
Cuando salió, sus amigas estaban esperándola afuera.
Enseguida comenzaron a cuestionarla.
—Oye, ¿cómo te fue? —preguntó Rebecca.
—Me obligó a pedir disculpas.
—¿En serio? —dijo Cristina mientras reía.
Celeste se acercó por detrás de Evelyn, sujetando su hombro.
—Oye, ¿qué significa “Tu cabello se ve genial”?
Evelyn tomó su mano y la apartó con fuerza.
—Eso no te incumbe.
—No quiero que te acerques a ella.
Rebecca ya no la soportaba, por su culpa tuvieron que ir a dirección.
—Lárgate de aquí, no eres una de nosotras.
—Como si me interesara su amistad. No quiero que te acerques a ella, ¿oíste? —dijo Celeste y se alejó.
Fiore observaba la situación, pensando en lo que Celeste decía.
—Ya entendí. Ella cree que Evie siente algo por Nilin. ¿Estás enamorada de ella?
—Claro que no, solo lo malinterpretaron.
—¿Y por qué siempre nos querías disuadir de molestarla?
—¡Oigan! No. Esperen.
—Si ella te interesaba, lo hubieses dicho antes. —dijo Rebecca.
—No, ese no fue el motivo.
«Maldición, Ahora todos creerán que siento algo por ella.»
—¡Oye! Si estás con nosotras, debes olvidarte de ella. No quiero a esa rara en nuestro grupo.
Evelyn se tapó los oídos al oír que todas la acusaban de estar enamorada.
—¡Ya basta! No siento nada por ella. Pero ya me cansé de que la traten así.
Rebecca apretó sus puños con furia mientras miraba a Evelyn a los ojos.
—Piensa bien dónde estás parada —dijo, y la dejaron sola.
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Editado: 30.07.2026