Luego de la escuela, Evelyn volvió a su casa. Entró, cerró la puerta y dejó sus cosas.
—Mamá, ya regresé.
Los zapatos de Clara se oían golpear el piso, como si se acercara enfurecida.
—¿Te disculpaste con esa chica?
—Me fue muy bien, mamá. Gracias por preguntar —revoleaba los ojos y bajó los hombros al suspirar.
—Respóndeme —dijo mientras estrujaba un repasador.
Evelyn golpeó sus piernas con las palmas de las manos.
—Sí, mamá, ya me disculpé. Ahora todo el mundo cree que estoy enamorada de ella, solo porque le dije que tenía lindo cabello.
Frunció el ceño, confundida.
—¿Acaso te gustan las chicas?
—¿Qué no estás oyendo que no estoy enamorada de ella?
—Esa no fue mi pregunta.
Evelyn, como un toro, exhaló por la nariz.
—Sí, mamá, me gustan las chicas, y si eso es un problema para ti, por favor envíamelo por escrito. Ya tuve suficiente por hoy.
—No es un problema para mí, pero jamás me lo habías dicho.
Los puños de Evelyn, apretados con furia, comenzaron a aflojarse.
—No estoy enamorada de ella, mamá. Al menos eso creo. Nunca me permití hacerlo porque no sabía qué pensarías de mí.
Clara levantó los brazos, invitándola a abrazarla.
—Ven aquí, hija.
Evelyn dio algunos pequeños pasitos hacia ella, mientras sus labios temblaban y se dejó caer en los brazos de su madre.
—Jamás te juzgaría por eso —dijo acariciando su cabello.
—Gracias, mamá.
—Si ella te gusta, tal vez podrías hacerle una carta.
Abrió los ojos de golpe, deteniendo su llanto.
—¡Mamá! Ella no me atrae, y si fuera así, ¿qué le diría? ¿Te golpeé porque te amo?
«¿Qué... qué es esta sensación en mi pecho?»
—Lo siento, debo ir a mi habitación.
Se apartó de Clara, se llevó una mano al pecho y salió corriendo hacia su cuarto.
Cerró la puerta y se quedó de espalda apoyada sobre ella, sosteniéndose la cara.
—No, esto no puede ser.
Comenzó a caminar de un lado al otro, mordiéndose las uñas.
—Yo no siento nada por ella, solo me lo dicen tanto que me confunden.
Se detuvo, convencida de que todo era una confusión.
—Sí, estoy segura de que eso es —dijo, suspirando—. Mejor iré a dormir. Sigo muy cansada como para cuestionarme tanto.
Se puso una pijama con dibujos de flores y se acostó con las manos entrelazadas en su pecho. Los párpados le pesaban aunque no podía dormirse. Luego comenzó a dar muchas vueltas.
Algo extraño estaba pasando.
—La escuela se ve diferente.
—Te dije que no te acercaras —decía Celeste.
La voz de Rebecca sonaba repitiendo...
—Si estás con ella, ya no serás nuestra amiga.
—¿Qué está sucediendo? Oigan, esperen. Yo no estoy con ella —Cristina, escúchame...
—Perdedora.
—Espera, no soy una perdedora. Les digo que no estoy con ella. ¿Qué no entienden? ¿Fiore, tú sí eres mi amiga, verdad?
—¿Amiga de una rarita? ¡Iuh!
—No, esperen, no se vayan. No es cierto lo que piensan.
Nilin la tomó de la mano y le sonrió.
—¿Te gusta mi cabello?
Evelyn saltó de la cama, observó cómo sus manos le temblaban, estaba transpirada y se le dificultaba respirar.
—Solo fue un sueño —dijo suspirando.
Miró el reloj mientras intentaba recuperar el aire.
—No puedo dejar que esto continúe, ya no lo soporto. Debo aclarar este malentendido.
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Editado: 30.07.2026