Nilin volvió a repetirle, con la intención de dejar todo más que claro.
—Entonces quiero que el día de mañana tomes mi mano frente a tus amigas. Aún más... Quiero que pasees conmigo de la mano por toda la escuela.
Evelyn la miró con una sonrisa y dijo:
—Sabes que eso no es un problema para mí, ¿verdad? De hecho, es un problema para ti.
—¿Para mí?
—Así es, porque no hay nada que me guste más que caminar de la mano contigo. Y el problema es que... voy a estar aún más loca por ti.
—¿Loca por mí? —preguntó Nilin completamente sonrojada—. Quiero responderte sobre tu carta.
—Es cierto, jamás dijiste nada sobre mi carta —dijo Evelyn—. De hecho, que me recuerdes que escribí una carta me avergüenza.
Nilin golpeó el banco con la palma de su mano, invitándola a que volviera a sentarse junto a ella. Evelyn lo hizo, mientras Nilin no dejaba de sonreírle.
—Primero... quiero que dejes de disculparte por haberme golpeado. Ya acepté tus disculpas, aunque aún recuerdo ese momento, y me entristece.
Aclaró su garganta y continuó:
—Me entristece aún más que me lo recuerdes todos los días pidiéndome disculpas.
Evelyn se mordía las uñas mientras escuchaba lo que Nilin le decía.
—Lo siento, ya no te lo recordaré.
—No te preocupes —respondió Nilin con rapidez—. Por otro lado, gracias por entender lo que sentí en ese momento.
Tomó las manos de Evelyn y la miró a los ojos.
—Decías que no dejabas de pensar en mí, ni un segundo. Debo confesarte que desde esa carta, me sucede lo mismo.
Evelyn no podía creer lo que estaba escuchando.
«¿Ella piensa en mí desde mi carta?»
Nilin dejó caer una lágrima por su mejilla, mientras continuaba hablando.
—Amo que tu cuerpo tiemble, y pienso disfrutar cada momento en que te haga sentir así, justo como ahora.
Evelyn estaba completamente atontada, estaba viviendo lo más lindo de su vida, luego de ese roce de labios.
—Y sobre el final de tu carta... —dijo Nilin—. Sé que quieres pedirme que sea tu novia. Como también sé que entiendes que no se trata de pedirlo.
Se secó las lágrimas y siguió.
—Se trata de conocernos más y superar nuestras dificultades. Te agradezco tanto que no me presiones, lo estás haciendo muy bien. No quiero que te alejes de mí.
Nilin la tomó de las manos, apretándola un poquito.
—Solo quiero que me acompañes y entiendas que soy una chica que siempre... Siempre ha sufrido. Vivo sola, porque mi padre casi no está en casa, viaja por trabajo todo el tiempo.
Evelyn se quedó observándola sorprendida.
«¿Vive sola? Es mucho más madura que yo, maldición. Me siento una niña a su lado.»
Nilin continuaba contándole sobre su vida.
—Entre el estudio y las burlas, he pensado hasta...
—¿Hasta qué? —preguntó Evelyn.
—Olvídalo... es una tontería. Lo importante es que... Quisiera decirte que te acepto y que nos amemos hasta el fin.
Suspiró y volvió a soltar algunas lágrimas.
—Pero tengo miedo... no de ti, sino de encontrarte y perderte. De enamorarme y terminar sola nuevamente. Soy muy frágil y no soportaría una decepción tan grande. Si luego me dejaras... No sé qué podría pasarme.
Nilin no pudo contener las lágrimas. Era la primera vez que se abría con alguien. Sintió un desahogo enorme después de hablarle y contarle sus sentimientos.
—Oye... no llores. Me hace mal verte así —dijo Evelyn mientras la abrazaba—. Sé que tienes tus dudas. Pero créeme cuando te digo que jamás te abandonaría.
La abrazó un poco más fuerte y continuó:
—Con esto no quiero presionarte. Solo quiero que lo sepas. Voy a esperarte toda mi vida si es necesario.
La alejó solo un poco y la miró a los ojos.
—Te daré toda la seguridad que me pidas, si eso te da tranquilidad. Cuenta conmigo siempre.
Miró al cielo y le dijo:
—El tiempo vuela cuando lo paso contigo, mira... Ya es de noche.
—Es una linda noche —mencionó Nilin—. Gracias por entenderme y por soportar tanto.
—Yo soy quien debería agradecerte —respondió Evelyn con una sonrisa—. Y no tengas dudas... Cumpliré mi promesa de mostrarte con mis amigas. Incluso te besaría delante de ellas.
—¡Oye! Qué atrevida eres —dijo Nilin.
No podía esconder su sonrisa y sus mejillas estaban completamente coloradas.
—No me besarás... No si yo lo hago primero.
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Editado: 09.09.2026