Hospital
-¡Empuja, amor, por favor, empuja! -dijo el hombre con la voz llena de preocupación mientras sostenía con fuerza la mano de su esposa. Ambos se encontraban en la sala de partos, donde el ambiente era tenso. Los médicos y enfermeras se movían de un lado a otro preparando todo lo necesario, mientras los pitidos de las máquinas llenaban el silencio. La presión en el lugar podía sentirse en el aire.
-Por favor, respire profundamente... y empuje una vez más -indicó la doctora con calma, intentando transmitir tranquilidad.
La mujer, completamente sudada y agotada, apenas podía mantener los ojos abiertos. Cada contracción era más fuerte que la anterior y el dolor recorría todo su cuerpo.
-¡¡¡AHHHHHH!!! -gritó con todas sus fuerzas mientras hacía un último esfuerzo.
Unos segundos después, el llanto de un bebé rompió el silencio de la sala.
El padre dejó escapar un suspiro de alivio y acarició con delicadeza el cabello húmedo de su esposa.
-Amor... lo lograste.
La mujer asintió la cabeza débilmente, aunque el cansancio y el mareo apenas le permitían mantenerse consciente.
Varias enfermeras comenzaron a atenderla mientras otras se llevaban rápidamente a la recién nacida para revisarla.
El tiempo pasó lentamente hasta que la madre despertó en una habitación del hospital. Aún se sentía débil, pero lo primero que hizo fue buscar a su hija con la mirada. En ese momento, una médica entró en la habitación con expresión seria. La mujer notó que evitaba mirarla directamente y, en cambio, dirigió la vista hacia su esposo.
-¿Qué está pasando, Alex? -preguntó de inmediato, sintiendo cómo la preocupación comenzaba a apoderarse de ella.
Alex intercambió una mirada silenciosa con la médica. Ella asintió levemente y salió de la habitación, dejándolos solos.
El hombre se acercó a la cama y tomó con cuidado la mano de su esposa.
-Mi vida... nuestra hija fue llevada para hacerle unos exámenes.
La mujer frunció el ceño.
-¿Por qué?
Alex bajó la mirada durante unos segundos antes de responder.
-Los médicos dicen que... se comportó de una manera extraña al nacer. Quieren revisarla con más detalle... y, cuando terminen, planean llevarla ante el rey.
Al escuchar esas palabras, los ojos de la mujer se abrieron por completo.
-¿Qué...? Alex, tráeme a mi bebé. Ella no tiene nada.
Su respiración comenzó a acelerarse y, aunque todavía estaba débil por el parto, intentó levantarse de la cama.
-Mi vida, no puedes...
-¡¡¡TRÁEME A MI BEBÉ!!! -gritó con todas sus fuerzas, mientras las lágrimas comenzaban a caer por su rostro y el miedo se apoderaba completamente de ella.
Las enfermeras entraron rápidamente al escuchar los gritos. Entre todas lograron sujetarla antes de que cayera al suelo, ya que su cuerpo seguía demasiado débil por el parto.
Después de nueve años...
-Por favor, niños, abran sus libros en la página cuatro -dijo el maestro de magia con su habitual tono serio. Su rostro, como siempre, no mostraba ninguna emoción mientras caminaba lentamente frente al salón observando a cada uno de sus alumnos-. Hoy aprenderemos un hechizo básico de levitación. Si logran dominarlo, podrán hacer flotar objetos pequeños sin dificultad.
Todos obedecieron en silencio. El único sonido que se escuchaba era el de las hojas pasando. El profesor comenzó a leer las instrucciones del libro y, unos segundos después, levantó una pequeña pluma con un simple movimiento de su mano.
La pluma quedó suspendida en el aire durante unos instantes antes de volver a caer lentamente sobre el escritorio.
-Así es como debe hacerse. Ahora... veamos si alguno de ustedes puede repetirlo.
Sus ojos recorrieron el salón hasta detenerse en mí.
-Mmm... tú, Zoe. Ven al frente e inténtalo con ese lápiz.
Asentí con la cabeza y me levanté de mi asiento. Caminé hasta el escritorio del profesor mientras todos mis compañeros me observaban en completo silencio. Él dejó un lápiz de madera sobre la mesa y dio un paso hacia atrás para que pudiera verlo mejor.
Respiré hondo.
Recordé exactamente el movimiento que había hecho el profesor. Levanté lentamente mi mano, concentré mi energía y pronuncié el hechizo en voz baja.
El lápiz comenzó a moverse.
Al principio solo tembló un poco, pero segundos después logró elevarse varios centímetros del escritorio.
Mis compañeros permanecieron completamente callados.
-Muy bien, chicos. Esto es una repre...
No pude evitarlo.
Ver el lápiz flotando me pareció tan increíble que una risa escapó de mis labios.
Me llevé una mano a la boca al instante, pero ya era demasiado tarde.
Volteé lentamente la cabeza y descubrí que todo el salón me estaba mirando. Algunos alumnos desviaron la vista de inmediato, mientras que el profesor me observaba con una expresión aún más seria que antes.
Mi sonrisa desapareció enseguida.
El maestro soltó un largo suspiro, claramente decepcionado.
-Zoe... otra vez.
Agaché la cabeza sabiendo perfectamente lo que venía.
-Tendré que enviarte nuevamente a la oficina del director por conducta inapropiada
Sentí cómo todos los compañeros seguían observándome mientras caminaba lentamente hacia la puerta del salón.
Solo me había reído.
No había insultado a nadie, no había roto ninguna regla importante, ni había hecho algo peligroso.
Reportada por mala conducta.
Y así fue como terminé, una vez más, sentada en la oficina del director. Mi madre estaba a mi lado con las manos entrelazadas sobre su regazo. Aunque, como todos los de nuestra especie, su rostro permanecía completamente serio, podía notar que estaba preocupada. El director revisaba unos documentos sobre su escritorio mientras el silencio hacía que el ambiente se sintiera todavía más incómodo.
Yo bajé la mirada hacia el suelo.
¿De verdad querían echarme solo por haberme reído?
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Editado: 19.06.2026