Estaba tan cómoda... Aunque hacía un frío terrible, me acurruqué aún más entre las mantas que tenía encima. Por un momento olvidé todo, hasta que los recuerdos de lo que había pasado regresaron de golpe.
Abrí los ojos sobresaltada y me incorporé de inmediato. Miré a mi alrededor con rapidez. ¿Un cuarto? Era enorme, demasiado grande para una sola persona.
Me senté en el borde de la cama y entonces me di cuenta de algo que me desconcertó aún más: llevaba puesta una pijama que definitivamente no era mía.
<<¿Esos pervertidos me cambiaron la ropa?>>
pensé, sintiendo cómo el miedo comenzaba a apoderarse de mí.
Me levanté de la cama y el frío del piso recorrió todo mi cuerpo.
De pronto, escuché que alguien entraba a la habitación.
-Oh, está despierta -dijo una joven de cabello oscuro, vestida con ropas de colores muy brillantes, mientras caminaba directamente hacia mí.
Levanté una mano para detenerla antes de que pudiera acercarse más.
-¿Quién es usted? ¿Y dónde mierda estoy? -pregunté con firmeza. En serio necesitaba respuestas. Lo último que recordaba era lo que paso con el rey... después de eso, todo era un completo vacío.
-Oh, disculpe. Mi nombre es María. Soy una de las estudiantes de la duquesa Lia y, a partir de ahora, también seré su guía. Mi deber será ayudarla en todo lo que necesite -explicó con una amable sonrisa.
Al escuchar sus palabras, me tranquilicé un poco.
-Entonces... ¿podría decirme por qué me cambiaron de ropa y Porque me mandaron aqui? -pregunté mientras me sentaba en uno de los sillones de la habitación. La verdad, tenía demasiadas preguntas y necesitaba respuestas cuanto antes.
-Bueno... no lo sé exactamente. Lo único que puedo decirle es que ahora se encuentra en la academia de la duquesa Lia. Es una de las mejores escuelas que tenemos -respondió María con tranquilidad.
¿Duquesa lia?, pensé confundida.
Aunque, viéndolo bien... si de verdad era una de las mejores, no me sorprendía. Solo había que mirar esta habitación; era más grande que toda mi casa.
Aproveché para observar mejor a María. Era una joven muy bonita: de piel blanca, cabello grisáceo que caía suavemente sobre sus hombros y unos llamativos ojos azules que transmitían calma.
-¿Y por qué usas esa ropa? -pregunté con curiosidad.
María me miró, luego bajó la vista hacia su ropa y dejó escapar una pequeña risa.
-Bueno... aquí hay personas que tienen ciertos privilegios. Solo por hoy me dejaron usar esta ropa.
Asentí con la cabeza, aunque no estaba del todo convencida con su explicación.
-Okey... ¿y qué haces aquí?
María dio un par de pasos hasta quedar un poco más cerca de mí.
-Me dijeron que viniera a despertarte. Eres muy dormilona, ¿lo sabías? -dijo entre risas.
-Dijo mientras se sentaba a mi lado y cruzaba las piernas.
-Ah, y tus cosas ya las acomodaron en el armario. Tranquila, fueron unas chicas quienes lo hicieron.
Suspiré con alivio al escuchar eso.
-¡Ah, casi se me olvida! Cuando estés lista, baja. Todo el mundo quiere conocerte -dijo levantándose de un salto, con una enorme sonrisa, mientras se dirigía hacia la puerta.
Se giró un momento para despedirse.
-¡Byeee!
Y, sin esperar una respuesta, salió de la habitación, dejándome completamente sola otra vez.
<<Bueno, hagamos esto rápido>>, pensé.
Me levanté, abrí el enorme armario y comencé a buscar algo que me gustara. Después de revisar un buen rato, encontré el conjunto perfecto.
Entré al baño, me di una ducha y, cuando terminé, me vestí. Me puse unas medias negras, unos tacones bajos del mismo color y un elegante vestido morado de corte ajustado. Para completar el atuendo, elegí un collar sencillo que combinaba a la perfección.
Dejé mi cabello suelto, acomodándolo un poco frente al espejo. Al comprobar que todo estaba en orden, respiré hondo, abrí la puerta y salí de la habitación.
Caminé por los pasillos observando todo a mi alrededor. Había demasiadas puertas y, por un momento, pensé que jamás recordaría el camino.
Después de varios minutos encontré unas escaleras y comencé a bajar por ellas. Pasé junto a una enorme sala y no pude evitar suspirar.
-En este lugar creo que me voy a perder... -murmuré para mí misma.
Entonces escuché varias voces provenientes de una puerta cercana. Bueno, llamarla puerta era quedarse corto; era una auténtica portota.
La curiosidad pudo más que yo, así que me acerqué y la abrí apenas un poco.
Al otro lado había una sala inmensa llena de chicos y chicas. Algunos conversaban animadamente, otros leían o descansaban en los sillones repartidos por la habitación.
Entre todos ellos distinguí a María, sentada cómodamente en uno de los sillones mientras leía un libro.
Como si hubiera sentido mi mirada, levantó la cabeza y sus ojos se encontraron con los míos.
-¡Señorita Zoe! -exclamó de inmediato.
Lo dijo con la suficiente fuerza como para que todos dejaran de hacer lo que estaban haciendo y voltearan a mirarme.
Sentí decenas de miradas clavarse sobre mí.
Solté una risa baja, más por los nervios que por otra cosa, y entré a la sala con paso tranquilo.
-Hola... -saludé en voz baja mientras caminaba lentamente hacia María.
Todos seguían observándome con curiosidad. Algunos susurraban entre ellos y otros simplemente no apartaban la vista de mí, como si fuera una completa desconocida... o una especie de espectáculo.
-Oh, espera. Quédate ahí -dijo María, deteniéndome cuando llegué al centro de la sala.
-¡Chicos, ella es Zoe, la nueva chica que se quedará con nosotros! -anunció María con una enorme sonrisa.
Apenas terminó de hablar, todos reaccionaron al mismo tiempo.
Los que estaban sentados se pusieron de pie de inmediato y quienes estaban ocupados dejaron lo que hacían para acercarse a mí.
En cuestión de segundos, me vi rodeada por un grupo de chicos y chicas.
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Editado: 09.07.2026