Sparkler

Escaleras de emergencia.

En momentos me pongo a pensar que no soy una persona normal, siempre que veo a mis compañeros, cuando escucho sus problemáticas he incluso sus gustos, simplemente no encajo, no se si realmente se deba a mi carácter, a mi forma de pensar o a la diferencia de edad que hay entre nosotros, tampoco significa que sea una persona sumamente vieja, pero al menos unos cuatro o cinco años más vividos, creo que pueden mostrar una diferencia significativa. Chicos, fiestas, alcohol, eran los principales temas que se trataban en las escaleras de emergencia, el lugar donde siempre nos juntábamos dentro de la universidad, al menos era un lugar que me gustaba, al principio nadie se sentaba en ese lugar, me fascinaba por la tranquilidad, pero de la nada mi vida cambió.

- ¿Romy? – alcance a escuchar a Sara, una de mis compañeras del salón de clases –. ¿Te sientes bien?

- Por supuesto – contesté saliendo de mi profundo pensamiento –. ¿Qué paso?

- Vero preguntó qué estabas estudiando antes de venir aquí.

- Diseño gráfico.

El conocer a mis nuevos compañeros no era muy sencillo que dijéramos, siempre había sido una persona un poco antisocial y más cuando se trataban de salones de clases con más de veinte compañeros, cosa que no me había pasado en la antigua universidad. Cuando salí de preparatoria me había tomado un año sabático, me dediqué a trabajar duramente y poder asistir a uno que otro concierto para poder desquitar aquello que había perdido, claro, no está de más mencionar que tuve la oportunidad de vivir un gran amor que acabo de una manera fugaz llevándose todas esas ganas de volver a tener una relación. Mi padre tuvo la oportunidad de pagarme el primer año de universidad, la escuela era de paga y me quedaba más o menos a hora y media de distancia, lo que complicaba totalmente todo, el estrés, la falta de tiempo, las noches sin dormir y la cuestión económica hicieron que mi sueño de convertirme en una diseñadora, simplemente se fuera por el caño. De la noche a la mañana me quedé nuevamente sin estudiar, hasta que mi propio padre me sugirió que hiciera examen en una escuela de gobierno sumamente reconocida, me rehusaba, el ultimo año de preparatoria curse el área de las artes, no tenía ni una pizca de conocimiento en ingeniería, pero lo que más necesitaba era distracción, mi corazón estaba roto, mis ganas de hacer algo se esfumaron, pero decidí tomarle la palabra a mi padre y así sucedió, me quede en aquella escuela estudiando una carrera de la cual no tenía ni idea, el turno era vespertino, la falta de tiempo se volvía a convertir en estrés, pero con suerte y hablando bien con las personas correctas, tuve un cambio de horario.

- ¡Que maravilloso! – exclamó Vero con tremenda emoción –. Supongo que pensaste que está carrera tendría algo que ver ¿no?

- No – negué inmediatamente, una de las cosas que más me molestaba era que creyeran que era estúpida y más cuando me preguntaban de mi antigua carrera, sin mencionar que también esa chica solía caerme un poco mal, era de esas personas que se sentían las más geniales del universo, sentía que todos los hombres la deseaban y, sobre todo, creía que tenía el privilegio de jugar con las personas.

Tengo que admitir que no eran celos, no era la persona más hermosa del mundo, ni nada por el estilo, mucha gente a mi alrededor pensaba que estaba acomplejada por mi físico; siempre fui una persona con sobre peso y usaba lentes, la discriminación y las burlas siempre habían sido parte de mi vida, pero por una extraña razón, desde que era pequeña, aprendí a vivir con ellas y no me afectaban en lo más mínimo. Lamentablemente, si yo llegaba a mencionarle algo a Vero, sobre su mala actitud y el jugar con las personas, me vería como toda una “gorda envidiosa”, prefería callarme, el silencio en momentos suele ser tu mejor amigo, pero el saber que, así como ella actuaba, una vez actuaron de la misma manera conmigo, no me parecía justo y me molestaba todo el tiempo.

- ¿Entonces? – preguntó curiosa ante mi contestación.

- ¿Entonces? – repetí con una sonrisa en el rostro –. Simplemente escogí esta carrera porque tenía que estudiar algo y queda cerca de mi casa.

Al parecer mi contestación no le había parecido en lo más mínimo, volteó nuevamente a ver a mis otros compañeros y cambió rotundamente el tema.

- Ahí viene Alex – dijo Sara dándome un ligero codazo en el brazo haciéndome voltear instantáneamente –. Creo que te perdimos otra vez.

- Romy – dijo Alex cuando se encontraba a mi lado –. ¿Un cigarro?

- Gracias Alex – dije mientras aceptaba el cigarrillo que me había ofrecido –. ¿Qué tal el día?

- Tan deprimente como todo el tiempo.

- Tú siempre tan emo – dijo con una amplia sonrisa –. Vayamos al cenicero.




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