Adam Bloodhead está sentado en el salón de reuniones reunido con Alheim.
—¿Cuántas almas va a querer para la legión de espíritus? —preguntó Alheim.
—Por ahora quiero un escuadrón de veinte espíritus para ver si el proyecto es viable; tampoco te quiero echar a perder el negocio. —Contesto Adam.
—No se preocupe por ello, su divinidad, le ofreceré las almas que sean necesarias incluso si pone en riesgo mi propia existencia. —Respondió Alheim.
—Amo tu lealtad, pero no puedo en riesgo tu existencia, ya que eres prescindible en mi reino. —Contesto Adam.
—Adoro que valore mi existencia, su divinidad, pues elegiré las veinte almas para usted, pero no necesitarán refuerzos; el Ultraverse es vasto, por lo que veinte espíritus no serán suficientes. —Respondió Alheim.
—Lo sé, por eso le diré a Gideon Builder que me construya un ejército de esbirros que les dé asistencia. —Contesto Adam.
—Y por qué no usa mis almas, así no tiene que molestar a Gideon. —Respondió Alheim.
—Ya te dije la razón por la que no voy a utilizar tus almas; además, así puedo medir lo peligroso que son mis enemigos. —Contesto Adam un poco enojado, que levanta la voz más de lo habitual.
—Entiendo, no volveré a cuestionarlo, su divinidad, le armaré su escuadrón de espíritus. —Respondió Alheim.
—Perfecto, pero solo mide tus palabras; cuando dejo algo en claro, es definitivo; la sugerencia puede ser para otro momento. —Contesto Adam.
—Espléndido su divinidad. —Respondió Alheim.
—Pues nada, doy por terminada esta reunión; me reuniré con Gideon para comunicarle sobre los esbirros. —Contesto Adam.
—No quiere enviar un mensajero, no tiene que gastar sus energías en transmitirle ese mensaje. —Respondió Alheim.
—He estado sentado en ese trono por mucho tiempo; creo que es hora de moverme un poco. —Contesto Adam.
—Comprendo, su divinidad, pues nada le elegiré a sus almas y se las llevaré ante usted. —Respondió Alheim.
—Está bien, me retiro. —Contesto Adam.
—Adiós, su majestad. —Se despidió Alheim, que se teletransporta del lugar.
Adam se va caminando hasta el taller de Gideon; por educación, toca la puerta.
—¡¿Qué quiere, que no ve que estoy haciendo algo importante?! —exclamó Gideon.
—Soy yo, Adam Bloodhead, abre la puerta. —Contesto Adam.
—¡Su divinidad!, disculpe, ahora mismo le abro. —Respondió Gideon, pero se escuchan golpes hasta que el mismísimo Gideon abre la puerta.
—Su divinidad, qué gusto verlo en persona, ¿a qué se debe su visita? —Dijo Gideon que se arrodilla para luego besarle la mano.
—Quiero que me hagas un ejército de tus mejores robots para que soporten a mi escuadrón de espíritus. —Contesto Adam.
—¿Un escuadrón de espíritus? —preguntó Gideon.
—Sí, voy a hacer una legión de espíritus que serán los que se encarguen de proteger el Outverse. —Dijo Adam.
—Y los esbirros que les hice, no le sirven. —Contesto Gideon.
—Al parecer, el enemigo es tan poderoso que los esbirros no son suficientes. —Respondió Adam.
—Entiendo, ¿cuántos necesita? —preguntó Gideon.
—¿Cuánto crees que puedes hacerme? —contesto Adam.
—Los suficientes para llenar el espacio de ellos. —Respondió Gideon.
—Perfecto, necesito un millón de ellos y después sigues haciendo hasta que yo te diga. —Contesto Adam.
—Eso es pan comido. —Contesto Gideon.
—Perfecto, ahora a trabajar, que más tarde tengo que ver a los espíritus elegidos. —Respondió Adam mientras se retira del taller.
—Está bien, no se preocupe, que mis esbirros le demostrarán que están por encima de esos espíritus. —Contesto Gideon.
—Esa es la actitud. —Respondió Adam que se va por los pasillos.
Gideon pensó: «Espíritus, le demostraré a su divinidad por qué me llaman el maquinador de legiones.»
Alheim selecciona veinte almas en base de las veces que han ganado el ascenso de Syphus.
—Perfecto, ya tengo a mis veinte almas que formaran parte de la legión de espíritus. —Dijo Alheim que los invoca frente a ella:
Ice Fireblast, el ninja de fuego y hielo.
Trix Domination, la dominadora de almas.
Wind Maiden, la doncella espadachina del viento.
Smile Tailor, la sonrisa maquiavélica.
Vertias Pain, la emisaria del dolor.
Shugo Smoking, la entidad con estilo.
White Weapon Master, el armado hasta los dientes.