Corría tratando de llegar a algún lugar, pero no veía nada, en realidad, no había nada. No sabía dónde estaba, sentía sus pies tocando tierra firme, pero bajo sus pies no había nada. Todo estaba oscuro, respiraba agitadamente, como si le vinieran persiguiendo y trataba de escapar, pero se detuvo, escuchaba una voz, débil, triste y joven, muy joven.
Era la voz de un niño pidiendo ayuda, trataba de ver su rostro o seguir su voz, pero ninguna de las dos opciones era posible. ¿Quién eres? Grito, pero como respuesta escucho, "Ayúdame, por favor", repetía una y otra vez. ¡Déjame ver tu rostro!, espero respuestas, no llegaron. Ahora escuchaba sollozos de niño y su piel ardía, como si tuviera fiebre, su cabeza le dolía.
Cayo adolorida y cansada al suelo que no estaba allí, respirando rápidamente y queriendo poder pararse y encontrar al niño que seguía sollozando. Estaba cerrando sus ojos, moviendo su cabeza de un lado a otro, no podía alzarla, como si su cabeza pesara demasiado. Luego abrió sus ojos y miró a la nada, alzó sus manos y las miró, sus dedos largos y delgados, sus palmas rasposas de estar limpiando todos los días las habitaciones del castillo y el reverso de ellas, tratando de saber que eso era real. Tomando aire, cerró sus ojos y se dejó llevar por la oscuridad, provocando que aquel dolor desapareciera.
—¡Evie, despierta!
Evie abrió los ojos y se sentó de golpe en la cama, miró toda la habitación, buscaba orientarse, saber que no estaba en otro sueño, que su amiga está allí frente a sus ojos. Respiraba agitadamente y su amiga debió notar su sorpresa y pánico por la forma en que ella se le acercó.
— ¿Estás bien? — le pregunto sentándose junto a ella—. ¿Te pasa algo?
—Sí, solo estaba soñando— le respondió—. ¿Mi madre está en casa?
—No, me la encontré en la puerta— dijo mientras miraba a Evie—, está en la cocina del castillo.
Evie asintió.
—¿Qué tengo? — le pregunto Evie al ver que su amiga le miraba detenidamente.
Fernanda se levantó y de la mesa de Evie tomó algo, se acercó de nuevo a su amiga y le entregó un espejo.
—Mira tus ojos— le dijo.
Evie tomó el espejo y se miró en él. Tenía sus ojos rojos e hinchados, su piel brillante por el sudor, su largo cabello negro suelto y empapado. También noto un leve rasguño debajo de su ojo izquierdo.
— ¿Qué estabas soñando?
La pregunta de su amiga quedó resonando en sus oídos, también quería saber que estaba soñando para que estuviera así, para que se sintiera tan mal, tan adolorida y... preocupada.
—No lo recuerdo— dijo sincera.
—Está bien— Fernanda se inclinó un poco y le retiró las sábanas de la cama, tomó su brazo y le ayudó a levantarse—. Toma un baño que tenemos mucho que hacer.
Evie la miró, llevaba un vestido con flores bordadas y de mangas largas, sus rizos en una trenza, y, una pequeña cadena colgando en su cuello. Evie entró al baño y se duchó rápidamente, lavando su cabello para que sus pensamientos fueran claros.
Su piel ahora estaba fresca, a la temperatura corporal normal, pero sus músculos aún dolían. Se estremeció cuando la esencia de flores había tocado ese rasguño debajo de sus ojos. Su casa no era muy grande, tenía dos habitaciones, un baño, cocina y una pequeña sala. Y el baño quedaba en medio de las dos habitaciones, perfecto para entrar rápidamente a su habitación, buscó a su amiga y no estaba, en cambio, su cama estaba hecha y un vestido café estaba sobre ella y, las zapatillas en el suelo de madera. Se acercó a la cama y se vistió, se recogió todo su cabello en un moño perfecto, teniendo cuidado para que ningún mechón de su cabello se saliera.
—Toma te he preparado un té de limón— Fernanda entraba con una taza humeante entre sus manos y ella lo recibió—. Te servirá para prevenir alguna posible gripe, tal vez la salida de anoche te pudo afectar.
La salida de anoche, se había olvidado de ello, de esa salida a la que había acompañado a Harry y a Fernanda, donde esa salida le había hecho recordar a aquella persona que ahora no estaba a su lado, aquel dolor tan grande que fue verlo partir en esa misma casa donde ella estaba, en la habitación de al lado.
No era que hubiera olvidado todo, nunca se logra olvidar definitivamente, pero había logrado no pensar en ello tan constantemente y la noche anterior, había sido la excepción, había sido una noche muy parecida a esa cuando había perdido a su padre. Recordó haber salido corriendo, huyendo de la bruja que parecía que lo hubiera hecho por maldad y también, como sus amigos la habían dejado irse del lugar sin ir tras ella.
—Me dejaron ir sola— dijo Evie mirando la taza entre sus manos—. ¿Por qué?
—Evie, nosotros nos quedamos porque Harry quería saber algo...
— ¿Y lo logró?
Evie dejó la taza de té en la mesa, la miró mientras cruzaba sus brazos y la miraba con curiosidad.
—No, no lo logro— suspiró—. La bruja encontró a la otra persona que llamaba su atención.
— ¿Quién era? ¿Qué le dijo?
—Le llamo Albert, no lo pude ver, estaba un poco lejos, pero escuché lo que le dijo— hizo una pausa.
— ¿Por qué callas? — Fernanda suspiró.
#1889 en Otros
#108 en Aventura
amor aventura, bloodanddeath, moon star humans wizards therous
Editado: 20.04.2026