Se había levantado ese día jadeando, adolorida y sudando. Había tenido un sueño raro y lo recordaba claramente, como si hubiera pasado y lo estuviera recordando. La noche anterior, cuando había hablado con Albert, había tratado de conciliar el sueño, pero era difícil pensar en todo lo que él le había dicho, la coincidencia de su sueño y su encuentro con él. La situación era confusa, no creía haber estado en el lugar en que se había situado su sueño, pero sentía que algo quería decir.
Había estado caminando desesperadamente, con ropa rara, muy diferente a lo que usaba generalmente, en su mano llevaba un arma sumamente afilada que al parecer era pesada, pero la sentía ligera. Había mirado su figura antes de entrar por una puerta de cristal, su propia expresión le provocaba pánico, estaba sucia de sangre y realmente preocupada. Cuando entro, miro todo el lugar, sabía que estaba buscando algo, pero lo desconocía, hasta que, en aquel lugar, había un niño atado en una cama, su corazón se había roto al ver al niño, estaba muy delgado, pálido y sangrando...
Al estar cerca, él abrió sus ojos y ella se relajó al ver que estaba vivo, él la miraba con sus ojos cafés, llenos de dolor y poco brillo, su cabello estaba largo y liso casi llegando a sus hombros.
Ella había dejado su arma en su funda y comenzó a quitarle las correas que tenía en sus extremidades, no podía imaginar a los padres del niño tratándolo de esa forma, una rabia había crecido dentro de ella al mismo tiempo que su corazón se rompía con rapidez.
—Viniste. — dijo el niño con voz débil.
—Sí, venimos a sacarte de aquí. — dijo sin dudar.
No sabía exactamente quiénes eran las personas que con ella fueron a sacarlo del lugar. Unos pasos rápidos llamaron su atención y ella se giró preocupada y dirigió su mano al arma que reposaba en su cintura en un acto reflejo. La puerta se abrió y les dio paso a dos hombres altos, uno conocido, era Albert que también estaba cubierto de sangre y suciedad.
Había sentido una tranquilidad por todo su cuerpo cuando había visto a los dos hombres que soltó la empuñadura de su arma, ella les dijo que el niño se encontraba muy débil, entonces, el hombre que no conocía le dijo que él se encargaba y después no recordaba si había algo más.
Cuando se despertó se bañó de inmediato, quería que el agua refrescará su piel, Fernanda había llegado justo cuando ella salía del baño y sorprendida le había dicho una broma sobre la primera vez que no tenía que despertarla para poder cumplir su trabajo.
Mientras limpiaban el salón, donde el festejo había tenido lugar, Evie no dejaba de pensar en su encuentro con Albert y su sueño. Fernanda le estaba hablando sobre algo que había ocurrido en el baile, no sabía que era con exactitud, solo escuchaba palabras como: Juan, un invitado, baile, sonrisas, Harry. Trataba con todas sus fuerzas entender lo que su amiga quería decirle, por eso le sonreía o decía pocas palabras.
—Ahora me pregunto a dónde habrán ido.
—No lo sé.
Seguía limpiando el piso con el trapo húmedo en sus manos. Tenía un delantal blanco que ahora estaba amarillo por estar de rodillas, tenía una pañoleta blanca donde tenía todo su cabello oscuro recogido y su vestido largo. Fernanda estaba igual que ella, pero sonreía, estaba particularmente sonriente.
—Conociendo a Harry, habrían ido a la cocina...
—¿Qué habría de buscar en la cocina? — preguntó Evie alerta.
—No lo sé, se veía feliz con aquella joven. Puede que haya ido allí.
Esta vez, Evie le prestó atención, era cierto que se veía feliz, pero a la vez, había un poco de tristeza en sus ojos. Evie sabía que a Fernanda le dolería mucho la pérdida de la amistad entre Harry y ellas, aunque a Evie también le dolería, Fernanda era siempre la más vulnerable a las pérdidas.
—Fer— Evie le llamó, se acercó a ella mientras caminaba de rodillas y le tomó una de sus húmedas manos—, todo seguirá siendo igual para cuando Harry se case, nunca nos dejará de hablar. No debes preocuparte.
Fernanda suspiró.
—Eso espero, no quiero que ninguno de los tres, Harry, tú y yo, nos alejemos.
—No pasará. — le aseguró.
Ambas sonrieron y para cuando se concentraron de nuevo en lo que hacían, Evie seguía recordando todo y le sorprendía que su sueño siguiera en sus pensamientos, tan claros que se asustaba y a la vez, deseaba saber de qué iba todo aquello.
—Yo creo que tienes razón, no creo que entre nosotros cambie nada, porque nos tenemos confianza.
Confianza. "Debes confiar en ti y en tus sueños" recordó, eran las palabras que le había dicho Albert, si eso era así, su sueño tenía mucho más sentido ahora, ya que lo único que recordaba de sus anteriores sueños era un niño, el niño era la clave de todo.
Debía salir de ahí y encontrar a Albert, debía comentarle sobre sus sueños, era la única persona que le entendería, pues era la única que sabía sobre sus sueños raros que se volvían realidad, aparte porque sabía que cosas raras también le sucedían a él.
Comenzó a frotar el poco espacio que le quedaba rápidamente, sin importarle si quedaba completamente limpio, necesitaba salir urgentemente. Cuando terminó, se levantó de un saltó e iba a salir con su balde en una mano y el trapo en la otra cuando Fernanda le alcanzaba.
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Editado: 20.04.2026