Spirits-free: Un País Desconocido. #2

Capítulo 8: El baile.

—Dime que sí, Evie.

—No lo sé, no creo que sea buena idea.

Evie percibió la mirada suplicante de su amiga, sabía perfectamente que ella lo deseaba, era su sueño, pero era algo difícil de cumplir.

—Evie— dijo ella deteniéndose frente a Evie y dejando la canasta de las especies en la calle—, sabes cuánto deseo asistir a un baile de estos.

—Lo sé, pero somos las trabajadoras del castillo, debemos asistir como lo que somos, nada más.

Fernanda juntó sus cejas en desaprobación.

Las dos estaban camino al castillo, cuando Evie había escuchado la invitación al baile, había salido corriendo, apenas y despidiéndose de Albert y Julio. Había encontrado a Fernanda en el mismo puesto de flores en que la había dejado, su rostro estaba rojo de la preocupación y rabia, sabía cuánto Fernanda detestaba preocuparse.

No sabía si su amiga ya había escuchado la noticia y cuando se la iba a contar, dos hombres de la Guardia Real estaban frente a ellas, las habían reconocido y les habían saludado, las dos se miraron sorprendidas y les devolvieron el saludo. Uno de ellos repitió la acción que había hecho el otro guardia cuando estuvo con Albert, hablando fuerte y claro.

—Esperamos que asistan esta noche— dijo el rubio mirando a Evie.

Ninguna dijo nada y los guardias se retiraron. Habían terminado de comprar las especias y se retiraron del Mercado.

—Pues no lo creo— dijo decididamente—. Debemos asistir, Evie.

—Fer, sabes que no tenemos los vestidos adecuados, no sabemos si tendremos que trabajar y, nunca, hemos asistido a un baile, ni siquiera a los que hacen cerca del Mercado, además, no sabemos bailar...— Fernanda alzó su dedo índice e iba protestar, pero Evie le interrumpió—. No, Fer, bailar sin pareja, cuando nadie te ve, no cuenta.

Fernanda dejó de protestar y siguieron caminando. Evie no quiso reconocerlo, pero de alguna manera, con muy poca determinación, ella quería asistir. Toda niña deseaba asistir a un baile, con ropas finas, del brazo de un fuerte pretendiente y bailar toda la noche, pero Evie era centrada y sabía que eso era difícil para una chica como ella.

Cuando llegaron al castillo, Evie buscó a su madre en la cocina, pero no la encontró. Todos estaban de un lado para otro, corriendo, limpiando, cocinando, pelando las verduras, etc. Las dos se iban a retirar del lugar cuando Juan se acercó a ellas.

—Chicas, Sun les ha mandado a decir que se encarguen de limpiar de nuevo el salón de baile— dijo entregándoles un balde con agua y un trapo—. También, que ayuden a los jardineros a barrer el frente del Castillo.

— ¿Dónde está mi madre, Juan?

—La última vez que la vi, estaba en el segundo piso.

Las dos tornaron las cosas que Juan les entregaba y lo vieron irse.

***

Sentía el frío viento contra sus brazos, hombros y cara, comenzaba a oscurecer y ellos aún seguían barriendo el frente del castillo, casi terminando. Sentía como el sudor recorría por su espalda, sus manos le dolían, probablemente la escoba provocaría ampollas en sus manos. Se había recogido su rizado cabello por completo para que no le molestara. Miró a su amiga, que estaba igual que ella, se habían quitado el chal, se sorprendió que Evie lo hiciera, entendía que ella no le gustaba hacerlo porque dejaba a la vista la extraña cicatriz en forma de estrella en su brazo izquierdo cuando usaba sus vestidos de tiras, pero nadie le prestaba atención.

Cuando terminaron, tomaron sus cosas y se dirigieron a la cabaña de Evie, ambas estaban sedientas. Evie abrió la puerta y buscó para encender una lámpara de gas, entró a la cocina mientras Fernanda la esperaba en la sala. Evie le llevó un vaso con agua fresca y no demoró en tomársela.

—Ya empiezan a llegar los invitados.

Fernanda miró a Evie quien miraba desde la ventana, Fernanda la siguió y pudo ver cómo las personas comenzaban a llegar. Vestidos esponjosos y joyería reluciente. Ella suspiró, hubiera deseado ir, pero lo que tuvo a cambio, fue limpiar el lugar para que otros disfrutaran.

—Es raro que haya dos bailes seguidos en el castillo— dijo Evie.

—Cuando hay poder y riquezas, eso no importa— le respondió Fernanda—. ¿Quieres cenar?

Evie asintió, las dos caminaron a la cocina, prepararon la cena y comieron en silencio. Las dos se dirigieron a la habitación de Evie, estaba oscura, Fernanda camino a la cama conociendo perfectamente donde estaba ubicada, mientras Evie encendía una lámpara de gas.

— ¿Qué rayos...? — dijo ella.

Llegando a la cama había tropezado con algo sólido. Evie encendió la lámpara y vio a su amiga sentada en una caja con su espalda en la cama.

— ¿Estás bien, Fer? — le ayudó a levantarse. Fernanda asintió y miró la caja.

— ¿De dónde la has sacado? —dijo señalándola.

—No es mía.

Fernanda tomó la caja, la colocó en la cama y la abrió. Dentro, dos vestidos estaban perfectamente doblados, uno era rojo y el otro azul.

Fernanda saco el rojo y vio que era de su talla, era de tiras de seda roja y un poco de brillantina, la tela era fina y se veía recién confeccionado, tenía pequeñas piedrecillas blancas brillantes en la parte delantera, su torso era ajustado hasta su cintura donde se ceñía a sus caderas para luego caer hasta el suelo. Miró a Evie y ella estaba con sus ojos abiertos completamente.

Dejó el vestido en la cama de Evie y miró la caja por segunda vez, sacando esta vez unos zapatos de tacón, también rojos y brillantes que llegaban por encima de sus tobillos.

—¿Qué es eso? — dijo Evie señalando el suelo.

Fernanda tomó el papel y se lo dio a Evie mientras ella miraba el vestido que había sacado primero.

Espero que les gusten, desconozco los colores, pedí que uno fuera vivo y el otro oscuro según los gustos de ambas. Espero verlas esta noche en el baile, no quiero pasar esta velada solo, sin la compañía de ustedes. Harry.

— ¿Quieres decir que...?

—Es la letra de Harry— le respondió Evie—. No entiendo porque hizo esto sin decirnos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.