Su corazón estaba acelerado, sentía como luchaba por salirse de su pecho, golpeando sus costillas. La melodía era lenta y le hacía pensar que todo era un sueño, no podía creer que estaba bailando con Harry, el joven príncipe y su mejor amigo. No entendía por qué su corazón estaba tan acelerado, estaba bailando con Harry, a quien conocía desde hacía mucho tiempo, tal vez era porque todos la miraban a ella y a Evie, tenían el privilegio de abrir el baile y de ellas dependía que fuera bueno.
La superstición de pisar al compañero al abrir el baile quería decir que el baile sería flojo y la mayoría de las personas se marcharían, y ella no quería eso. Quería bailar.
Se detuvo y no sabía en qué momento había terminado, solo escuchaba los aplausos de las personas emocionadas. Harry se inclinó y ella igual en muestra de agradecimiento. Se empezaba a alejar un poco de Harry cuando este se aferró un poco más su mano a la de ella.
— ¿Le conozco?
Anonadada, Fernanda no respondió, no podía creer que Harry no le conociera y se preguntaba porque sería eso posible.
— ¿Desea concederme otra pieza?
Buscó a Evie con la mirada, la estaba mirando sonriente desde la mesa próxima con una copa llena de agua. Asintió, de su boca no salía una sola palabra. No sabía que era ella y tal vez por eso había bailado con ella en un principio.
Harry volvió a situar su mano izquierda en su cintura y entrelazo los dedos de su otra mano con las de ella. Fernanda dió un paso atrás cuando Harry lo dió hacia delante, un paso al lado, un paso al otro, le dió un giro y la acercó más a él, sus manos estaban calientes, podía sentir el calor pasar por sus guantes, sentía la respiración de él en su hombro, sus ojos la miraban fijamente que hacía que ella apartaba la vista.
Habían pasado bailando la mayor parte de la noche y ya no sentía sus pies, su sueño se estaba volviendo realidad a medias. Ahora caminaba junto a Harry por los pasillos del tan conocido castillo que ella limpiaba, la llevaba a la biblioteca. Harry había estado tratando de hacer que hablará, pero ella se negaba a hacerlo. No quería quitarle la ilusión.
—Esta es la biblioteca— dijo sonriendo.
Le había dicho que le enseñaría el castillo sin saber que ella lo conocía muy bien, donde estaba la pequeña grieta de la entrada a la habitación de los reyes, la pequeña mancha café junto al trono, la piedra en forma de estrella en el suelo debajo de la mesa de la biblioteca, lo conocía perfectamente.
Se sentía mal por hacer lo que estaba haciendo, mentirle a su mejor amigo solo para cumplir sus deseos de poder bailar en un Baile Real que hacían en el castillo.
— ¿Por lo general no dice nada?
Se encogió de hombros y entraron a la biblioteca. Caminaron por las grandes estanterías.
—Este es mi libro favorito— la miró enseñándole un libro de pasta dura café—. ¿Cuál es el tuyo?
Fernanda señaló uno al azar.
—Buena elección— sonrió—. Noto que tiene una pregunta por hacerme.
Fernanda asintió, esperaba que no se diera cuenta. Antes de que Harry le dijera que la hiciera, ella lo señaló, tocó su vientre y luego hizo un pequeño baile.
— ¿Su pregunta es porque quise bailar contigo? — ella asintió—. No lo sé. Esto era diferente a las otras veces en las que había bailado en una fiesta, siempre bailo con alguien, quiénes mi familia escoge, y después vuelvo a mi lugar. Con usted es diferente, noto algo en usted que es tan parecido a mí y no logro saberlo— se acercó a ella—. ¿Por qué cree que me pasa?
Ella alzó sus hombros y negó.
— ¿Está usted comprometida?
Negó y notó como suspiraba de alivio. Estaban muy cerca, se habían detenido en la gran mesa de la biblioteca y ella estaba acorralada, a su espalda quedaba la mesa y frente a ella estaba Harry, a sus lados, había dos grandes sillas. La respiración de ambos comenzó a mezclarse y agitarse, se miraban a los ojos y esperaban a que el otro dijera algo. Harry se quitó la máscara y le miró a los ojos y luego los labios, comenzaba a acercarse a su boca y ella no sabía qué hacer, si alejarlo o dejar que la besara. Sintió el roce de sus labios contra los de ella y su corazón estaba más acelerado que cuando había bailado con él.
—Príncipe Harry— escuchó los golpes de la puerta—. Los Reyes desean dar un comunicado después del vals.
Harry se alejó de ella solo un poco.
—En un momento estoy en el salón— respondió con voz ronca y la miró—. No quiero que se haga un mal pensamiento de mí...
Fernanda negó al mismo tiempo que alzaba su mano para hacerlo callar. No quería escuchar lo que diría, sabía que sería mentira, él había hecho lo mismo o tal vez más, con la chica de cabello rojo de la noche anterior, en el baile de cumpleaños del Rey. Evitando que él notara que lloraría, salió de la biblioteca y notó como le llamaba, necesitaba encontrar a Evie, era la única que le reconfortaría sin que tuviera que contarle porque estaba mal.
Las risas resonaron en sus oídos cuando entró de nuevo al salón. Desde una mesa pudo ver a Juan con una copa de vino, al verla, alzó la copa y ella se acercó a él.
—Necesito que me hagas un favor, Juan— dijo ella por primera vez después de un tiempo, su voz estaba opacada por la música—. Necesito que cambies esta máscara con la señorita de ese vestido rojo. — la señaló.
Era la misma chica que había bailado con Harry la vez anterior, usaba un vestido muy parecido al de ella y tenía su largo cabello recogido totalmente. Juan la miró curioso.
—No me preguntes por favor. — le interrumpió.
Juan hizo lo que le pidió y ella aguardó un momento, la chica al principio se había negado, pero luego accedió. Se quitó el color rojo de sus labios y se quitó los guantes. Cuando Juan llegó con la máscara, se la colocó rápidamente, le entregó los guantes y le pidió que le guardara por hasta el día siguiente.
—¿Qué le dijiste? — dijo soltándose los rizos.
—Que era para llamar la buena fortuna el cambiar de máscaras en un baile, porque siendo libre de compromiso, un pretendiente llegaría a ella.
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Editado: 20.04.2026