Cuando Evie se levantó al día siguiente, eran alrededor de las diez de la mañana. Se sentía relajada, aunque recordaba todo el dolor que había sentido la noche anterior. Sentía sus músculos tensos, sus ojos y nariz hinchados, pero no tuvo ningún sueño.
No podía dejar de pensar en la forma que Albert se había portado con ella en la noche. Habían bailado, caminado en silencio por las calles y el castillo y la forma en que le había ayudado al momento de esa crisis que había tenido.
—Buenos días.
Evie miró a la persona que entraba en su habitación.
—Buenos días— le respondió. ¿Por qué no te has sentado?
—Acabo de llegar.
—¿Te pasa algo, Fer? — preguntó Evie al notar que su amiga estaba callada.
—Sí, pasa que mi amiga, mi mejor amiga— dijo con énfasis en amiga—, sale con alguien y no me lo ha dicho.
Evie la miró sorprendida.
—Yo no salgo con nadie.
—¿Vas a mentirle a tu mejor amiga? Vi cuando salió de tu casa anoche.
—¿Qué hacías fuera del castillo a esa hora? —preguntó Evie—. ¿No deberías estar bailando con Harry?
Fernanda movió las manos nerviosas.
—Te diré después. ¿Quién era él?
—Albert Sherman...
—¿El herrero? — le interrumpió Fernanda.
—Sí y han estado pasando cosas raras...
—¿Cómo que cosas raras? Puedes confiar en mí. — le interrumpió Fernanda y se sentó en la cama con Evie.
—¿Recuerdas que un día me tuviste que despertar de un sueño y no pude decirte que pasaba en él? — Fernanda asintió—. Bueno, volví a tener un sueño raro en el cumpleaños de Rey, en ese sueño estaba él y a él le hablaron de mí
—¿Quién le habló de ti?
— Una persona que está muerta, Fer— ella abrió sus ojos, sorprendida, pero Evie continuó—. No te preocupes, estamos lidiando con esto y debemos buscar información de una persona.
— Venga; no puedes estar hablando en serio.
— Lo estoy.
Tocaron a la puerta y Evie se levantó con un poco de resentimiento por parte de su cuerpo, abrió la puerta, pero no había nadie, en su lugar había una carta en el suelo. La levantó y volvió a su habitación, Fernanda estaba jugando con uno de sus rizos. Ella la miró y Evie levantó la carta.
—Léela. — le animo Fernanda.
—Evie.
Espero que hayas podido dormir. No quería llegar a esta hora a tu casa y correr el riesgo de delatarnos.
Mi abuelo, me dijo que debemos buscar la información en el castillo, que podemos confiar solo en dos personas y que tenemos menos de una semana, a veces pienso que mi abuelo es muy reservado con la información y que sería mejor si nos dijera todo lo que sabe, pero no creo que sea posible, así que, esta noche nos vemos.
Saludos, Albert S.
La letra de Albert era gruesa, firme, cursiva y tendía a caer a la izquierda. Miró a su amiga.
— Ven esta noche conmigo, Fer—dijo Evie—. Creo que puedes ayudarme.
—Claro— sonrió—. Pero ahora, a limpiar habitaciones.
***
En la noche, Evie estaba esperando a su amiga en la entrada de su cabaña. Cuando llegó, le sorprendió ver que llevara una trenza, siempre llevaba el cabello suelto. Caminaron entre los árboles frutales y Fernanda le preguntó a dónde iban, Evie le contó lo que había hecho con el invernadero desde que lo abandonaron y que nadie iba por ahí. Entraron y Albert ya estaba sentado en una de las sillas esperando.
—¿Estás mejor? — le pregunto Albert después de saludar.
— Sí, gracias— dijo Evie—. Albert, ella es mi mejor amiga, Fernanda.
— Mucho gusto. —dijo Albert, extendiendo su mano y Fernanda la recibió.
— Igualmente. Eres más sexy en persona de lo que hablan de ti en las calles.
Albert rio. Después ambos comenzaron a contarle a Fernanda todo lo que había pasado las dos noches anteriores, cómo se conocieron, los sueños, la voz del abuelo de Albert, la visión de Evie y lo que creían debían de hacer. Evie y Albert no se habían dado cuenta de que, en solo dos noches, pasaron muchas cosas. Cuando terminaron, esperaron que Fernanda dijera algo.
—Vaya, me he perdido de mucho— dijo después de un rato—. ¿Cómo van a investigar sobre ese hombre?
— Ese es el problema, Fer. — dijo Evie.
Albert hizo un sonido característico de que estaba prestando atención, haciendo que las dos chicas lo miraran, pero él estaba concentrado en algo detrás de Evie. Ella sabía lo que estaba pasando, pero Fernanda no y notó su desconcierto.
—¿Estás seguro? — preguntó Albert.
—¿Es idea mía o está hablando solo? —le susurro Fernanda a Evie.
—No, debe estar hablando con su abuelo. — le susurró de vuelta.
Albert frunció el ceño confundido y miró a Fernanda, luego detrás de ella y volvió a mirarla.
—Fernanda, ¿Con quién te has estado encontrando en las noches? —Albert espero su respuesta.
— ¿Te has estado viendo con alguien? — le pregunto Evie.
—Sí.
—¿Quién? — volvió a preguntar Evie.
Fernanda no respondió. Albert dio una corta mirada donde se suponía que estaba el abuelo de él, pero Evie no se molestó en seguir su mirada.
— Llévanos con él— dijo Albert—. Mi abuelo dice que nos puede ayudar.
—¿Él? — preguntó Evie mirándole sorprendida a su amiga.
— Síganme, me debe estar esperando en el castillo. — Fernanda evitó la pregunta de Evie y salieron.
***
Albert le dio una corta mirada a Evie al escuchar las palabras de Fernanda, ella se encogió de hombros y comenzaron a caminar. Evie se veía mejor de lo que esperaba, después de lo sucedido la noche anterior, donde le vio mal, pensó que no estaría tan animada para caminar.
Aun recordaba las palabras de su abuelo donde le decía que él sabía lo que tenía que hacer, que se concentrará, le fue difícil al escuchar ese grito y la palabra ayúdame tan desgarrador. Al principio pensó que fue ella, pero de su boca no salió una palabra, solo apretó sus labios para reprimir el dolor que sentía, cuando cayó al suelo, él se apresuró, estaba fría, su pecho subía y bajaba rápidamente, luego se asustó cuando vio que de su nariz salía sangre y su respiración empezó a disminuir. Evie abría su boca en busca de aire, pero no emitía sonido alguno y fue cuando su abuelo le dijo que le diera respiración boca a boca, no sabía lo que significaba así que él le explicó cómo y lo hizo, sin importarle la sangre que salía de la nariz de Evie. Le gustaba saber que ella estaba bien.
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Editado: 20.04.2026